
El reconocido historiador italiano Carlo Ginzburg murió a los 87 años. Nacido en Turín e hijo de la escritora Natalia Ginzburg y del intelectual Leone Ginzburg, fue reconocido como un maestro de la «microhistoria» y su obra más emblemática fue «El queso y los gusanos».
Según señalan medios italianos, la esposa de Ginzburg, Luisa Ciammitti, adelantó que el funeral será este viernes.
Ginzburg estudió en la Universidad de Pisa, luego en la Scuola Normale de la misma ciudad y, finalmente, en el Instituto Warburg de Londres. En 1976, comenzó su carrera académica como profesor de Historia Moderna en la Universidad de Bolonia, enseñó luego en Harvard, Yale y Princeton y, en 1988, fue nombrado profesor en la University of California Los Angeles hasta que, de 2006 a 2010, pasó a enseñar en la Scuola Normale de donde había salido.
La Universidad de Buenos Aires lo distinguió en 2023 otorgándole en doctorado Honoris Causa en la Facultad de Filosofía y Letras. Ese reconocimiento se realizó en un auditorio lleno y el acto lo encabezó el ensayista e historiador de arte argentino José Emilio Burucúa.
Como precisó el propio Burucúa en el artículo publicado en Clarín, dos de los pilares fundamentales de la obra de Ginzburg son «la creación del género de la microhistoria, junto a Edoardo Grendi y Giovanni Levi», y «la reformulación del método indiciario, cuyos orígenes se remontan al tiempo de los cazadores, rastreadores y parteras, que los médicos semiólogos del siglo XIX sistematizaron a partir de Laennec y Carlo ha proyectado y adaptado al trabajo histórico».
La obra más emblemática y reconocida de Ginzburg es «El queso y los gusanos», publicada en 1976. Para Burucúa, se trata del ejemplo por antonomasia de la microhistoria. «El desarrollo analítico de una historia individual y contextualizado en múltiples dimensiones», destacó.
Burucúa también destacó al presentar la distinción a Ginzburg que «la microhistoria y el método indiciario son dos elementos importantísimos que bastarían para colocar a Carlo Ginzburg en el panteón de los historiadores más grandes» de la época, pero advirtió que «esta perspectiva es clara y enormemente insuficiente». Enumeró, en esa oportunidad, que Ginzburg dejó su sello «en la historia del arte y de la literatura, en el marco de la microhistoria y más allá de ella», también «una prefiguración sabia y tal vez no buscada de la global history» y finalmente «la historia de los temas filosóficos y teológicos que han sido el bajo continuo de la reflexión de Occidente, también desenvuelta en el marco de la microhistoria y más allá de ella».