En términos metafóricos a Curazao lo llaman The Blue Wave, la ola azul. Su arquero, sin embargo, puede ser tranquilamente rebautizado como The Blue Wall. La pared azul eléctrica con la que se topó Ecuador. Habitación Eloyarquero crack nacido en Nijmegen, Países Bajos, en febrero del 89, quien tiene enmarcada en su casa de Rotterdam la #10 que Lionel Messi le obsequió después de la goleada 7-0 en marzo de 2023 y que brilló ante una Tri que sufrió por sus guantes.
Quince atajadas se le contaron en las métricas internacionales. No pudo con él Enner Valencia, tampoco Moisés Caicedo. Lo intentó también Perdo Vite, Nilson Angulo y William Pacho. Nadie lo logró. Voló en pelotas de media distancia, rechazó a un costado para evitar rebotes peligrosos, cubrió bien el área, salió rápido a atorar. Hizo todo bien en ese mismo estadio en el que Messi la rompió toda en su estreno en el Mundial. Y logró un anhelo irrepetible: brillar ante las cámaras de todo el planeta, retuit y tendencia en las redes.
El arquero nacido en Países Bajos eligió representar a Curazao, la tierra de su padre, cuando entrar a una Copa del Mundo formaba parte de lo onírico. Criado en la escuela neerlandesa, con pasos por clubes de Europa y la segunda de los Estados Unidos (ataja en el Miami FC, del que Juan Sebastián Verón es uno de los propietarios) encontró en la selección caribeña el escenario ideal para transformarse en referente, capitán y símbolo.
Room nunca ocultó que, de chico, soñaba con vestir la camiseta de los Países Bajos. Sin embargo, una llamada de Patrick Kluivert cambió su destino. El ex delantero, por entonces entrenador de Curazao, le presentó un proyecto ambicioso: construir una selección capaz de competir por un lugar en el Mundial.
La propuesta encontró eco en un arquero que entendió que, además de tener un rol protagónico, podía ayudar a desarrollar el fútbol de una isla con enorme potencial. Desde entonces, se convirtió en una de las caras visibles de un equipo que creció a punto tal que entró de manera directa al torneo FIFA como uno de los clasificados de la Concacaf.
Su particular historia con Messi
La carrera de Room ya le había permitido cruzarse con Lionel Messi cuando defendía el arco del PSV Eindhoven. Lo vio de cerca en la Champions League y fue testigo directo de la capacidad del argentino para resolver partidos. Sin embargo, nada lo preparó para lo que viviría años más tarde, el 28 de marzo de 2023, cuando Curazao enfrentó a la Argentina campeona del mundo en Santiago del Estero. Aquella noche terminó en goleada, pero también quedó grabada para siempre en la memoria del arquero.
Lo que sucedió después del partido fue incluso más especial que los noventa minutos. Room tenía otro plan: intercambiar camisetas con Emiliano Martínez. Conseguir la de Messi parecía una misión imposible porque todos sus compañeros la buscaban. Sin embargo, al finalizar el encuentro se acercó a Leo y le pidió la camiseta.
La respuesta fue inmediata. Messi aceptó sin dudar. El arquero ya se disponía a retirarse con la reliquia cuando escuchó algo inesperado. El capitán argentino lo llamó y le pidió también su buzo. Antes, le dedicó una frase que jamás olvidará: le dijo que había jugado bien y que había realizado buenas atajadas.
Desde entonces, la camiseta número 10 ocupa un lugar privilegiado en su casa de Holanda. Recibió ofertas de coleccionistas, pero él se resiste a venderla. Para Room, no representa un objeto de valor económico sino el símbolo de un sueño cumplido. El mismo hombre que alguna vez pensó imposible enfrentarse a Messi terminó abrazándolo, intercambiando camisetas y recibiendo un reconocimiento personal del mejor jugador de su tiempo. Ahora, en Kansas City, vivió otro sueño: fue figura en un partido de Mundial.
El posteo de Room tras el partido frente a Argentina
KANSAS CITY (ENVIADO ESPECIAL).

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