Por el principio, por ahí empieza todo. Esa solución simple y no tan sencilla de aplicar es lo que habrá pensado Rodolfo Arruabarrena apenas pisó Boca Predio horas después de haber aterrizado de regreso en Argentina, para hacerse cargo de un Boca golpeado, aún asimilando el dolor de otro objetivo perdido y sabiéndose lejos de la chance de revancha.
El Vasco ya llegaba con el mapa del problema en su cabeza, al menos de lo que pudo haber leído desde afuera y de las primeras sensaciones que le pudieron dar sus charlas con Juan Román Riquelme -a quien notó golpeado y desilusionado como pocas veces-, antes de ponerse a trabajar con carácter casi urgente.
Ya para ese entonces la planificación del plantel era una realidad: con Diego Markic (su ayudante y mano derecha) en el país y un minucioso conocimiento del fútbol local, primero -porque primero lo primero- el trabajo fue el de estudiar a fondo el plantel heredado. De ahí surgieron las primeras certezas, que arrojaron la conclusión de puestos sin jerarquía y de situaciones sin retorno.
Decisiones fuertes
Así, las bajas de Ander Herrera y Edinson Cavani contaron con su aval sin reparos en el primer caso y con su indeclinable postura de no poder aceptar a un jugador de casi 40 años que lleva un año con actividad tendiendo a cero y que -encima- lo único que genera hacia afuera es enojo popular. «El jugador de Boca tiene que tener personalidad. Ni tan jóven ni tan viejo», dijo el flamante DT al bajar del avión. Y con eso dijo todo.
La marginación de Juan Barinaga y Marcelo Weigandt, además de los eternos suplentes Lucas Janson y Agustín Martegani fue otro golpe en la mesa: estarán lo que estén en condiciones, y nadie más.
Desde abajo
Asimismo, la selección de los pibes de Reserva tampoco fue azarosa y estuvo apuntada a tres que se vienen destacando y pueden aportar, como Camilo Rey Domenech (es el tercer DT que lo destaca y lo cuenta), Dylan Gorosito (la joya postergada) y Leonel Flores, un delantero que terminó el semestre en racha pero que no tuvo la chance de sentarse en un banco sin recambio para los partidos que dejaron a Boca sin nada en la Copa Libertadores.
La Copa, después…
Justamente la Copa puede ser el disparador de lo que Arruabarrena tendrá como premisa de trabajo en lo mental desde el comienzo. ¿De qué se trata? De trabajar en los objetivos concretos para intentar cambiar el foco y llegar mejor plantado a los momentos culminantes, o bien los partidos sin mañana. Esos que a Boca le costaron mucho últimamente y pareciera que cada vez los sufre más.
El bajo perfil elegido hasta acá también responde a eso. Ya desde antes de volver a la escena, las publicaciones en redes sociales se limitaron a cuestiones puramente familiares o de trabajo. Y así parece que seguirá siendo por un tiempo, reforzado por el aporte de un entrenador que sabe llegarle al jugador y que en su anterior paso por el club se encargó de levantar un equipo derrumbado por la salida de Carlos Bianchi en un tiempo récord.
En silencio
Ese mismo silencio coincide con la postergada presentación en sociedad del propio Vasco, entre la prioridad del trabajo en curso (el inicio de la pretemporada fue el jueves y legalmente al DT se lo presentó en esas horas) y el calendario de un Mundial que ayuda a que el foco de la crisis futbolística en la que quedó inmerso Boca se corra momentáneamente a otro lado. Sí tendrá en estos días su turno para hablar con la prensa, pero por ahora el silencio es sinónimo de salud.
Mientras tanto, el trabajo ya lleva cuatro días con siete turnos consecutivos de entrenamientos antes de entrar en la primera semana completa. En ese contexto, las sonrisas en las fotos empiezan a resurgir incluso en aquellos que venían relegados.
Para adelante
Y a la espera del aporte de los refuerzos, el Vasco ya a esta altura debe tener un mapa de ruta sobre los siguientes pasos a seguir antes de encarar los objetivos que romperán el hielo de la preparación. Aunque más difícil era saber por dónde empezar. Y él lo hizo por el principio.









