Villa Ángela: Andrés Quintana alcanzó los 1.000 goles a los 75 años
Para muchos, el fútbol es un deporte, para Andrés Quintana es mucho más que eso: es una pasión que lo acompaña desde la juventud, una forma de mantenerse activo y, sobre todo, un motivo para compartir momentos inolvidables con amigos.
VILLA ÁNGELA (Agencia) Por eso, cuando días atrás alcanzó la increíble marca de los 1.000 goles en su extensa trayectoria amateur, no dudó en cumplir la promesa que había realizado años atrás: celebrarlo con un gran asado junto a quienes lo acompañan cada semana dentro y fuera de la cancha.
A sus 75 años, Quintana sigue calzándose los botines con el mismo entusiasmo de siempre. La edad nunca fue un impedimento para continuar persiguiendo una pelota y disfrutando de ese ritual que, para él, representa mucho más que un simple partido. Cada encuentro es una oportunidad para reencontrarse con amigos, compartir anécdotas, reírse de las ocurrencias del grupo y mantener viva una pasión que atraviesa generaciones.
Desde hace décadas integra el tradicional grupo de veteranos del barrio Belgrano, que cada sábado y también algunos días de la semana se reúne en el Polideportivo local. Allí, entre mates, bromas y desafíos futboleros, se construyó una amistad que el paso del tiempo no logró desgastar.
Pero había una cuenta pendiente. Andrés llevaba un registro personal de los goles convertidos a lo largo de su vida deportiva en distintos torneos y campeonatos amateurs. El número 1.000 aparecía en el horizonte como una meta especial, una cifra soñada que parecía resumir toda una historia de amor con el fútbol.
Finalmente, el momento esperado llegó hace pocas semanas. Y como si el destino quisiera ponerle un toque extra de emoción a la jornada, no convirtió uno sino dos goles en la misma tarde, superando la barrera de los mil tantos y desatando la alegría de todos sus compañeros. «El asado corre por mi cuenta», había prometido. Y cumplió. Rodeado de amigos, compartió una noche cargada de recuerdos, donde repasó innumerables anécdotas de su juventud, los campeonatos disputados y las amistades que fue cosechando a lo largo de los años gracias al deporte.
Durante el festejo, Quintana agradeció especialmente a sus compañeros del barrio Belgrano, quienes lo acompañaron durante gran parte de este recorrido y fueron testigos de una marca que difícilmente vuelva a repetirse.
Aunque reconoció que algunos problemas de salud lo obligarán a bajar un poco la intensidad y a jugar con menor frecuencia, dejó en claro que todavía no piensa alejarse definitivamente de las canchas. Porque para quienes llevan el fútbol en el alma, el amor por la pelota no entiende de edades.
La noche tuvo su momento más emotivo cuando sus amigos le entregaron un trofeo en reconocimiento a los 1.000 goles alcanzados. Entre aplausos, abrazos y alguna lágrima inevitable, resonó un canto que sintetizó el sentimiento de todos los presentes: «¡Quintana no se va, Quintana no se va!». Y mientras las risas y los recuerdos seguían acompañando la celebración, Andrés sonreía con la tranquilidad de quien alcanzó una meta extraordinaria.
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