
Gustavo Alfaro se quedó mirando la cancha. No le alcanzaban los ojos. No le alcanzaban los sentidos. Quería llenarse de todo: del ambiente, del sentimiento, de los jugadores que lloraban abrazados en el césped del Gillette Stadium. Paraguay acababa de eliminar a Alemania en los dieciseisavos de final del Mundial 2026 y el director técnico argentino admitió en conferencia de prensa que fue un partido que recordará para siempre. «Fue la victoria más grande de mi vida», dijo, sin dudar, en otra conferencia de prensa magistral.
El camino de Paraguay hasta el cruce con Alemania no había sido fácil. El debut ante Estados Unidos, con derrota 4-1, había golpeado duro en el plantel guaraní. «El partido con Estados Unidos fue parte del recorrido y del aprendizaje. Fue un ‘bienvenidos al Mundial’. Veníamos cargados de euforia y yo traté de bajarlos de la ola. Quisiera jugar ese partido de nuevo», recordó Alfaro sobre aquel partido.
Pero lejos de hundirse, el equipo recibió el golpe y aprendió. «Nos pasó que no jugamos bien y hay derrotas que duelen y hay derrotas que enseñan. Esa semana fue muy dura porque nos pegó en el centro del corazón. Y los jugadores tuvieron una capacidad de absorción muy fuerte. Si no hubiésemos aprendido de la derrota con Estados Unidos, tal vez no hubiésemos estado preparados para este partido», aseguró.
Ante Alemania, Alfaro les pidió a los jugadores antes de salir a la cancha: «En la entrada les dije que no se podía vacilar. Que nos iban a tirar la historia, que nos iban a tirar las estrellas». Y sus jugadores respondieron. Con un bloque defensivo impenetrable, apenas el 21% de posesión de la pelota y una disciplina táctica casi perfecta, Paraguay resistió 120 minutos ante una de las selecciones más poderosas del mundo. «Yo quería que los alemanes estén en el piso, que los trabemos. Que no los dejemos jugar. Me hubiese gustado tener más la pelota para obligarlos a retroceder. Pero son cosas que nos faltan y son batallas que tenemos que dar», explicó el entrenador, sin esconder las limitaciones de su equipo.
«FUE LA VICTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI CARRERA COMO ENTRENADOR. A LOS JUGADORES LES DIJE ‘GRACIAS'»
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— DSPORTS (@DSports) June 30, 2026
Esas limitaciones, sin embargo, también son una identidad que Alfaro reivindica con orgullo. «Ojalá pudiéramos tener los avances tecnológicos que tienen los alemanes. Pero yo no reniego de mis orígenes. Es lo que nos define como selección. Ahí creo que está la clave de todo», afirmó. Y agregó, con la voz cargada de sentimiento: «Nosotros venimos de la tierra colorada. Nuestras franjas son de la tierra colorada, donde juegan los chicos descalzos». Fue justamente esa identidad la que Alemania no supo leer ni contrarrestar.
En los momentos más duros del alargue, con el cansancio encima y Alemania presionando, varios jugadores le pedían el cambio. Ninguno salió. «Estoy orgulloso del sacrificio. Dejaron la piel. Tenía tres o cuatro jugadores que me pedían el cambio. Sin embargo, se la bancaron. Con corazón. Para tratar de sostener el resultado como sea y buscarlo de la manera en la que podíamos buscar. En una pelota parada, en una salida, en un contragolpe», resumió el técnico. Esa capacidad de aguantar es lo que Alfaro lleva meses construyendo: «Resistir está grabado en nuestra cédula de identidad. Aunque se nos hizo cuesta arriba por la temperatura o por no poder sacar rápido la pelota», admitió.
En ese sentido, el ex director técnico de Boca Juniors, Arsenal de Sarandí y la Selección de Ecuador continuó: «Yo no muero con la mía, yo vivo con la mía. Y vivir es cambiar. Porque cuando uno muere, te meten adentro de un metro ochenta y te llenan de tierra. Yo quiero vivir y si tengo que cambiar para seguir viviendo, voy a hacerlo. Eso es lo que valoro, por eso el disenso nos hace crecer».
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Además, se refirió a José Canale, el defensor central que se encargó de definir el partido y que había ingresado al equipo titular tras la lesión de rodilla sufrida por Omar Alderete contra Australia. «Cada jugador que nos falta es una ausencia importante. No podemos obviar la importancia de Alderete. Canale jugó como si hubiese tenido 100 partidos encima con la selección paraguaya«, destacó el nacido en Rafaela.
Alfaro cerró la conferencia con la frase que define la noche y, quizás, todo su proceso al mando de la selección: «Vivimos una noche épica. A pesar de todos los padecimientos que sufrió Paraguay. La verdad que yo quiero ver 26 guerreros cantando el himno y quiero que esos guerreros se retiren del terreno como leyendas y eso es lo que hicieron. Fue una demostración absoluta de amor que dieron los jugadores por la selección. Sin lugar a dudas fue la victoria más grande de mi vida. Y ojalá tengamos otras». Paraguay sueña. Y Alfaro también.