
El barbecho, la práctica agrícola que consiste en dejar sin sembrar el suelo entre cultivos, fue considerado históricamente la forma indiscutible y estratégica para guardar agua en el perfil para el cultivo estival posterior. Sin embargo, un estudio científico a gran escala publicado en la revista internacional Field Crop Research ha echado por tierra ese concepto.
El trabajo, basado en la información de la Red de Cultivos de Servicios de Aapresid (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) y liderado por especialistas del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), la Facultad de Agronomía de Buenos Aires (FAUBA), la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Universidad de Wisconsin–Madison (USA), analizó la dinámica del agua en el suelo a lo largo de 6 campañas (2018-2023) sobre 63 sitios experimentales distribuidos en 5 regiones agroclimáticas de Argentina.
Su principal conclusión movió los cimientos del manejo agronómico tradicional en Argentina: «El barbecho no es la mejor estrategia para acumular agua». El estudio demostró con datos científicos a campo que durante el período de barbecho largo se perdieron por evaporación directa y percolación profunda entre 271 y 409 milímetros de agua.
«Es una canilla abierta de ineficiencia», sostuvieron los técnicos de Aapresid. Y explicaron que una enorme porción del agua de lluvia ofertada durante el invierno se pierde sin ser aprovechada por ningún cultivo, funcionando el suelo de manera sumamente ineficiente.
Cultivos de servicios vs. barbecho
El estudio comparó la performance del barbecho tradicional frente a diferentes opciones de cultivos de servicios, evaluando el comportamiento de gramíneas, leguminosas, crucíferas y mezclas. «Si bien al momento de su terminación, los cultivos de servicios consumieron en promedio un 25 por ciento más de agua que un barbecho largo, al momento de sembrar el cultivo estival, la disponibilidad hídrica fue similar entre ambos sistemas, para la mayoría de las regiones», indicaron los especialistas.
Por otra parte, el estudió determinó que las lluvias caídas entre la terminación del cultivo de servicios y la siembra del estival son las que más explican las diferencias en el agua disponible para este último.
Además, demostró que los cultivos de servicios transforman la pérdida pasiva – evaporación y percolación- en transpiración productiva, mejorando la estructura del suelo, la infiltración y el control de malezas. Por eso, «el consumo del cultivo se ve compensado por una mayor eficiencia general del sistema«, sostuvieron desde Aapresid.
En cuanto al costo hídrico de los cultivos de servicios en el rendimiento del cultivo comercial, el estudio comprobó que, mediante un manejo correcto del momento de secado de los cultivos de servicios y dependiendo de las recargas hídricas primaverales, «la penalización de los rindes de los cultivos posteriores son mínimos o inexistentes en la mayoría de las regiones». Y, al respecto, señaló la importancia de elegir la especie de cultivo de servicios correcta según el cultivo de grano siguiente.
Por caso, las gramíneas redujeron el rinde de maíces posteriores cuando su consumo de agua no se logró recuperar entre el secado del cultivo de servicios y la siembra del estival. Por el contrario, cultivos de servicios de leguminosas generaron aumentos en los rindes del maíz , incluso cuando el agua disponible era menor, «probablemente gracias al aporte de nitrógeno». En tanto, las mezclas, en general, tuvieron respuestas neutras o positivas, similares a los cultivos de servicios de leguminosas.
Este estudio se presentará el 5 de agosto en el Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro que se realizará en Rosario del 4 al 6 de ese mes.