
La calabaza es una de las hortalizas más versátiles del invierno. Su pulpa dulce y cremosa combina especialmente bien con los quesos de sabor intenso, que aportan contraste y una costra dorada irresistible al gratinarse. En esta versión se cocina en trozos grandes para que conserve su textura y no se desarme, mientras el horno concentra sus azúcares naturales y realza el sabor. El resultado es un plato reconfortante que requiere pocos ingredientes y puede resolverse con los quesos que haya en la heladera, desde mozzarella hasta parmesano, fontina o pategrás.
Pelar la calabaza y cortarla en trozos grandes, de unos 5 a 6 centímetros. Disponerlos en una fuente para horno sin amontonarlos.
Rociar con el aceite de oliva y agregar el ajo, el tomillo, sal y pimienta. Mezclar para que todos los trozos queden bien condimentados.
Hornear a 200° durante 30 a 35 minutos, dando vuelta los trozos a mitad de cocción. La calabaza debe quedar tierna, con los bordes apenas dorados, pero sin deshacerse.
Retirar la fuente del horno, distribuir la mozzarella y el queso fontina entre los trozos de calabaza y terminar con el parmesano rallado.
Llevar nuevamente al horno durante 10 minutos o hasta que los quesos se fundan y la superficie quede bien gratinada y dorada.
Espolvorear con perejil picado (opcional) y servir inmediatamente, acompañado de una ensalada de hojas verdes o como guarnición de carnes asadas.