
El crecimiento en la deuda de las familias forma parte de la agenda económica en el sistema financiero y en el Gobierno desde hace un año y medio. La duración y extensión del fenómeno permite ver un perfil aproximado del problema: afecta más a los jóvenes, a las provincias del noroeste y algunos partidos del Gran Buenos Aires, se concentra en empleados de ingresos bajos y monotributistas, e incluye a bancos, billeteras virtuales, cadenas de comercios y hasta aplicaciones de delivery.
Los porcentajes de morosidad con las tarjetas de crédito y préstamos al consumo empezaron a escalar con fuerza desde mediados del año pasado por la suba generalizada de tasas de interés que experimentó la economía durante los meses de tensión cambiaria preelectorales.
Hay 20,9 millones de personas con algún tipo de línea de crédito vigente. De ese total, son considerados morosos, lo que implica un atraso en el pago mayor a 90 días, unos 5,8 millones de acuerdo a números del Banco Central que procesó EcoGo.
Hay una porción de ese total (2,6 millones de personas) que le debe plata tanto a los bancos como simultáneamente a entidades no bancarias que dan préstamos. El resto son deudores «exclusivos», es decir que eligieron una de las dos vías de crédito para endeudarse.
Los atrasos en los repagos son marcadamente más elevados entre las entidades no bancarias (28% en mayo, según EcoGo) en relación a los bancos (12,8%), por distintas razones. La principal es que tienen tasas de interés más altas que los bancos tradicionales. Empiezan, de base, en cuatro veces por encima de la inflación de acuerdo al Central.
Por esa razón, muchos deudores prefieren estar al día con su banco para que no se les cierre la canilla más barata de financiamiento y dejan para después los pasivos que acumulan con billeteras y acreedores alternativos.
El universo de las entidades que dan créditos sin ser bancos es variopinto: contempla desde entidades de préstamos a sola firma (casi 59% de morosidad), cadenas de electrodomésticos (44% de deuda atrasada) con los números más elevados a otros como cooperativas y mutuales, con situaciones menos críticas (15%). El BCRA relevó recientemente a las apps de delivery como dadores de crédito de sus propios repartidores y exhibió un fenómeno en crecimiento.
Dentro del dato de morosidad hay realidades más acuciantes que otras. Según un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), hay $3,4 billones de créditos que ya son considerados irrecuperables. Es decir, que acumulan más de un año atraso. El 66% de ese monto corresponde a billeteras virtuales y fintech.
En una categoría anterior de irregularidad (la 4, que implica demoras de entre 6 meses y 1 año) se concentran 6,6 billones de pesos. En este caso, al contrario, la mayor parte (casi 5 billones) están en manos de los bancos. Una conclusión de este dato, según CEPA, es que la cantidad de morosos irrecuperables podría continuar en aumento.
La urgencia de la situación disparó comportamientos distintos en el sistema financiero. Los bancos prácticamente frenaron el otorgamiento de préstamos por el elevado nivel de morosidad y por eso ganaron terreno las billeteras.
Una hipótesis, sostenida por CEPA, es que hay una parte de los deudores que está aumentando su deuda con billeteras y fintech para ponerse al día con los bancos. Es decir, reemplazan una deuda «barata» por otra más cara.
Una vez que las deudas pasan a nivel de incobrable, los bancos suelen pasar «a pérdida» ese crédito en sus balances y venden a estudios de abogados ese pasivo a un monto menor al original para que busquen -por la vía judicial- un recupero de ese pasivo.
Un estudio de la consultora Analytica intentó hacer una suerte de «sociología» de los deudores, al estudiar en profundidad en base a datos oficiales a qué segmento de la población pertenecen, en qué lugares del país viven y cuánta plata deben.
En ese informe concluyeron en las provincias del noroeste argentinos están los porcentajes de mora, medidos como cantidad de personas con algún crédito vigente, más altos del país. San Juan (35,2%), Catamarca (34,2%), San Luis (34,1%) y La Rioja (34,0%) lideran ese escalafón.
Por el contrario, los ratios más bajos se observan en la Ciudad de Buenos Aires (16,1%), seguida por La Pampa (19,5%) y Neuquén (23,3%).
En la provincia de Buenos Aires fue de 27,8%. En el Conurbano bonaerense hay, también, realidades dispares: en municipios como Florencio Varela alcanza a 38,7%, en José C. Paz a 37,5%, en Moreno a 36,2%, Malvinas Argentinas a 35,5% y Merlo, 34,6%.
En los bancos explican que los sectores del mercado laboral más afectados son los asalariados con ingresos más bajos (principalmente empleados estatales como municipales o policías) y también monotributistas. También impacta principalmente en jóvenes: el 38,3% de los menores de 30 años tiene una deuda atrasada según Analytica; y también el 32,6% de los que tienen entre 31 y 40 años.
El monto de la deuda depende de la ciudad en la que vivan: en CABA el saldo promedio es de $1,2 millones por persona, en la Provincia de Buenos Aires, en tanto, es de $925.000.