
La amabilidad suele asociarse con la buena educación o con un rasgo de personalidad. Sin embargo, para Jonathan Benito, profesor e investigador en neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid, representa una habilidad con un papel clave en la vida social y en la salud.
Durante una conferencia sobre el poder de las relaciones humanas, el especialista explicó que tratar bien a los demás es una muestra de inteligencia social. Su conclusión fue contundente: «La persona más amable es siempre, siempre, la más inteligente».
Benito sostiene que la cooperación fue una herramienta fundamental para la evolución humana. Para explicarlo, recurre al ejemplo de la domesticación del perro.
Según relata, los lobos menos agresivos y más predecibles fueron los que lograron acercarse a los asentamientos humanos, acceder al alimento y reproducirse con mayor éxito.
Para el investigador, un proceso similar ocurrió con el Homo sapiens. Aunque los neandertales tenían grandes capacidades físicas e intelectuales, los humanos modernos desarrollaron una ventaja basada en la colaboración.
La posibilidad de compartir conocimientos, trabajar con otros grupos y construir redes de cooperación permitió un mayor desarrollo cultural y tecnológico. Desde la neurobiología, este comportamiento recibe el nombre de prosociabilidad. El concepto incluye la amabilidad, la cooperación y la disposición a ayudar a otras personas.
El especialista explica que estas conductas no solo benefician a quienes reciben ayuda, sino también a quienes las practican. Las personas que mantienen relaciones positivas suelen experimentar mayor bienestar y menor exposición al estrés crónico, mientras que los vínculos conflictivos pueden generar tensión constante.
Según Benito, los niveles elevados de cortisol durante períodos prolongados pueden afectar al cerebro, especialmente al hipocampo, una región relacionada con la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional.
Además, señala que las interacciones sociales positivas generan respuestas beneficiosas en el organismo. En esos momentos, el cuerpo libera sustancias como endocannabinoides y opioides endógenos, relacionadas con la sensación de bienestar. Desde esta perspectiva, la amabilidad deja de ser únicamente una norma de convivencia y se convierte en un comportamiento con impacto biológico.
Como resume Benito: «La persona más amable es siempre, siempre, la más inteligente», una afirmación que vincula la forma de relacionarse con los demás con la salud del cerebro y la calidad de vida.