
Cada 5 de agosto, Ceuta se vuelca con su patrona, la Virgen de África. Es el día grande del calendario festivo y religioso de la ciudad, cuando miles de ceutíes se acercan al Santuario de Santa María de África para honrar a la imagen que, según la tradición, ha protegido a la ciudad durante siglos.
La historia de la Virgen de África se remonta al siglo XV, poco después de la conquista portuguesa de Ceuta en 1415. Fue entonces cuando el infante portugués Enrique el Navegante, hijo del rey Juan I de Portugal, envió a la ciudad una talla gótica de la Virgen procedente de Centroeuropa, con un mensaje que ha quedado recogido en la tradición: «Os envío una imagen de la Virgen, muy devota mía». El infante pidió, a cambio de la donación, que cada sábado se celebrara una misa en su honor.
La imagen representa una Piedad: la Virgen entronizada sostiene sobre su regazo el cuerpo de Cristo muerto, mientras de su mano izquierda cuelga el «aleo», una rama de acebuche que fue el bastón de mando del primer gobernador portugués de la ciudad, Pedro de Meneses. Según la tradición, aquel bastón fue el símbolo con el que el joven Meneses se comprometió a defender Ceuta, y desde entonces cada autoridad militar que asume el mando de la plaza renueva ese juramento ante la Virgen.
Aunque la Virgen de África fue considerada patrona de facto desde prácticamente su llegada, su patronazgo no se declaró de forma oficial hasta el 24 de noviembre de 1949, mediante un breve pontificio del papa Pío XII. Años antes, el 5 de marzo de 1654, el Ayuntamiento de la ciudad ya la había nombrado alcaldesa honoraria perpetua, título que ostenta desde el 5 de agosto de 1954 junto con los de Gobernadora y Capitán General de la Plaza.
La imagen fue coronada canónicamente el 10 de noviembre de 1946, y en 2018 Ceuta celebró el 600 aniversario de su llegada a la ciudad. A lo largo de los siglos se le han atribuido distintos episodios milagrosos, entre ellos haber protegido a la ciudad de dos epidemias de peste que, según la tradición, nunca llegaron a cruzar el Estrecho de Gibraltar.
La fecha del 5 de agosto tiene un origen concreto: ese día de 1752 se consagró oficialmente la iglesia del Santuario de Santa María de África, un templo que combina elementos barrocos y góticos tardíos, con planta rectangular de tres naves y un retablo de madera dorada del siglo XVIII que enmarca la talla de la Virgen. Desde entonces, esa fecha quedó fijada como la festividad principal, aunque en el calendario también aparece una segunda mención el 5 de marzo, ligada a su nombramiento como alcaldesa honoraria.
Los días previos a la festividad, del 26 de julio al 3 de agosto, se celebra la novena en su honor en la parroquia-santuario, con dos turnos de oración diarios a las 12:00 y a las 20:00 horas. El 4 de agosto se celebra la Función Principal de Instituto, con la renovación de los juramentos de los hermanos de la cofradía, y la jornada culmina con una vigilia de oración durante la noche del 4 al 5. El día grande, el 5 de agosto, tiene lugar la misa pontifical al mediodía, seguida por la tradicional procesión y la ofrenda floral en la Plaza de África.
Durante los cultos en el Santuario, la oración mariana que tradicionalmente se reza y se canta en comunidad ante la Virgen de África es la Salve, una de las plegarias más antiguas y extendidas de la devoción católica a María:
Junto a la Salve, los fieles que visitan el Santuario suelen rezar también el Padrenuestro y el Avemaría, tal y como pidió el propio Enrique el Navegante en su ofrenda original, además de encomendar a la Virgen sus peticiones personales durante los turnos de oración de la novena, abiertos a cualquier persona que quiera acercarse al templo, situado en la Plaza de África, en pleno centro histórico de la ciudad.