¿Cuál es el vínculo entre la oralidad y la escritura? ¿Se entrena la escucha? ¿Perdimos la capacidad de prestar atención? Estas fueron algunas de las preguntas que atravesaron la conversación “Literatura y oralidad: una política de la escucha” que reunió en la Feria de Editores al artista, poeta y traductor Dani Zelko, el director y escritor Santiago Loza y la escritora y poeta Marie Gouiric, con moderación de la periodista y escritora Natalia Laube.
La charla Literatura y la oralidad una política escucha con Dani Zelko, Santiago Loza y Marie Gouric. Foto: Santi Garcia Díaz.Laube abrió el encuentro en la segunda jornada de la FED, organizado por Eterna Cadencia Editora y DocumentA/Escénicas, con una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué diferencia hay entre oír y escuchar? La clave, propuso, está en la atención. Desde allí comenzó una conversación que puso en cuestión una de las ideas más arraigadas sobre la escritura: la búsqueda de una “voz propia”.
“La voz propia me resulta casi un oxímoron”, dijo Zelko, quien a través del método “Reunión”, transforma la palabra oral en verso manuscrito. “Nada de lo propio está clarísimo. Yo estoy hecho de otras personas y otras personas están hechas de mí. La escritura fue una herramienta para salir al encuentro de otras voces, otras nubes, otros encuentros”.
La afirmación encontró eco en Santiago Loza, autor de Diario chino. El escritor, dramaturgo y cineasta recordó que su escritura está profundamente anclada en las formas de hablar de su Córdoba natal. “Tengo el recuerdo de escuchar a personas mayores hablando. Esa cadencia va construyendo inevitablemente una forma de escribir. No sé qué es la voz propia, pero siento que la voy descubriendo en el camino y que va mutando”.
También compartió su reflexión sobre los personajes que se construyen en el teatro: “Inevitablemente, dejar que corra la voz me tomaba cuando escribía teatro. Hay personajes que uno se imagina que serían socialmente más bien callados y en el trecho hasta que se haga la obra, logran decir lo que quisieran decir y no se les deja”.
La charla Literatura y la oralidad una política escucha con Dani Zelko, Santiago Loza y Marie Gouric. Foto: Santi Garcia Díaz.En la poesía, la oralidad se pone en juego distinto: “Hay poemas que son más interesantes para ser leídos en voz alta pero otros que no. La poesía se volvió súper de la oralidad, pero hay poemas que no son para ser leídos en voz alta. No hay que entregar la poesía a la performance de la voz”, matiza Gouiric.
La literatura presta voz
Cuando Marie Gouiric tomó la palabra, el auditorio celebró su llegada con risas y aplausos. La poeta y narradora retomó una idea de Diana Bellessi para pensar la relación entre poesía y subjetividad.
“La pequeña voz del mundo es, en realidad, la voz de la poesía que el poeta confunde con su voz”, recordó. Y agregó: “No soy yo, son otras. Creo que la poesía permite que otros nos presten su voz”.
La escritora vinculó esa idea con su experiencia como docente en escuelas públicas. Contó que entre sus alumnos suele haber niños muy tímidos cuyos compañeros terminan hablando por ellos. “Pienso que la poesía nos acerca a la construcción de la voz”, señaló.
Para Zelko, autor de Oreja madre, ese movimiento ocurre siempre entre cuerpos. “Escuchar y escribir son dos instancias materiales. Lo que más me interesó fue construir un espacio donde pudiera aparecer una forma de hablar”.
Durante años recorrió distintos territorios invitando a comunidades a participar de prácticas de escritura: transcribía literalmente todo lo que decían, corregían juntos los textos leyéndolos en voz alta y luego producían libros que funcionaban, sobre todo, como excusa para generar nuevos encuentros. “Uno se deja atravesar por la voz del otro”, sintetizó.
La conversación se desplazó luego hacia los procedimientos de escritura. Gouiric, autora del poemario Un método del mundo (Blatt y Ríos), recordó una entrevista que le hizo a su padre sobre su trabajo en una fábrica: “Le pedí que me respondiera por audio. Quería conocer cómo era la fábrica y terminé conociendo toda su vida desde que tuvo su primer trabajo”. Sin embargo, aclaró que la transcripción no alcanzaba por sí sola. “En esa primera desgrabación no existía literatura. Había que construirla. No alcanza con copiar el habla”.
La autora confesó que acostumbra registrar frases escuchadas al pasar. “Siempre anoto cosas que a las personas les causan gracia. Una vez escuché a un alumno mío decir: ‘Fui al dentista de los ojos’. Escucho mucho. Cuando convivís con otras personas se arma una lengua que no es propia, pero uno piensa que en alguna parte del mundo se habla así”.
Loza, director de la obra de teatro Viento blanco, llevó la reflexión hacia la dramaturgia. Recordó la fascinación que le producía escuchar a una tía y cómo esa experiencia terminó modelando muchos de sus personajes: personas aparentemente silenciosas que, sobre el escenario, logran decir aquello que en la vida cotidiana permanece reprimido.
También cuestionó la idea de reproducir el habla realista en dramaturgia. “Me parecía que en el teatro no había que hablar como en la realidad”, explicó, señalando que son los actores quienes finalmente terminan apropiándose del texto y transformándolo.
¿Qué aparece primero al escribir? Para Zelko, la respuesta es el ritmo. “Escucho cómo las personas conectan las ideas, las imágenes, los olores. Sostengo mucho los silencios. Si uno los sostiene, se rompe un guion y empiezan a aparecer otras conexiones”. Escuchar, sostuvo, también implica encontrar formas para que la otra persona se sienta verdaderamente escuchada.
La charla Literatura y la oralidad una política escucha con Dani Zelko, Santiago Loza y Marie Gouric. Foto: Santi Garcia Díaz.Loza respondió desde otro lugar: “Imágenes, cosas que dijo tal o cual. Todo eso va a parar a algún lado”. Y Gouiric confesó que presta atención tanto a las frases bellas como a los errores, convencida de que ambos contienen potencia literaria.
¿Se puede aprender a escuchar?
La parte final del encuentro estuvo atravesada por una preocupación compartida: la dificultad contemporánea para sostener la atención. “Estoy luchando contra la dispersión, contra no ver, contra no escuchar”, confesó Gouiric. “Hoy una charla sobre la escucha es como una charla sobre el pan en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial”.
La escritora relacionó esa crisis con la proliferación de espacios donde se paga por ser escuchado y confesó que siente haber perdido parte de esa capacidad. “Vos podés ser escritor sin escuchar pero yo no quiero vivir así. Escuchaba mejor antes. Es algo que estoy intentando recuperar”. Como parte de ese intento decidió desactivar Instagram. “Empecé a hablar más, a anotar más y a hacer cosas que parecen antiquísimas”.
Para Loza, “La escucha es una práctica y hay que sostenerla”, respondió el dramaturgo. “También implica escuchar el presente, estar atento a lo que está pasando”, dijo.
La charla Literatura y la oralidad una política escucha con Dani Zelko, Santiago Loza y Marie Gouric. Foto: Santi Garcia Díaz.Zelko fue un paso más allá y propuso revisar la jerarquía cultural que históricamente privilegió la escritura por sobre la escucha. “Se nos enseñó que escuchar era mucho menos que escribir. Yo estaba fabricado para escribir. Fueron mis amigas y distintas prácticas artísticas las que me enseñaron a escuchar. Hay gente tan linda y no la escuchamos”.
¿Autoría o autoridad?
Sobre el final, una oyente preguntó por la tensión entre autoridad y autoría. Loza reconoció que en el teatro la idea tradicional de autor siempre le resultó incómoda, porque se trata de una práctica inevitablemente colectiva.
Zelko respondió desde una dimensión ética y política. “Es una pregunta muy importante. Voy ensayando formas de navegar esa tensión entre autoría y autoridad”. Y concluyó: “Podemos pensar formas de autoría donde la autoría sea, justamente, el encuentro”.