La renuncia de Manuel Adorni a la Jefatura de Gabinete durante la primera semana del Mundial de Fútbol parece haber provocado un efecto distorsivo en el gobierno de Javier Milei. Se conjeturaron, al menos, dos cosas que no han sido verificadas en la realidad. Se extinguiría un escándalo que había tenido maniatado al oficialismo durante tres meses y estimulado las internas. Con una consumición formidable de capital político. Podía aventurarse con la llegada de Diego Santilli un reordenamiento general del poder. Mayor eficacia en la gestión.
El alejamiento del funcionario cercado por causas judiciales a raíz de su oscura situación patrimonial desalentó a una oposición que había hallado en el escándalo una razón de supervivencia. Alimentó, además, la teoría de que la administración libertaria recompondría su situación fortaleciendo de nuevo el núcleo del relato. Ese que machaca, de modo perseverante, con el éxito del ordenamiento macroeconómico y el descenso de la inflación.
El éxito no está siendo el esperado. Solo alcanza para corroborarlo con tomar dos referencias. La consultora D’Alessio IROL- Berensztein señala que el 57% de los ciudadanos opina que la economía de bolsillo estará aún peor en el corto plazo. ARESCO lo evalúa en 58%. La situación podría responder a dos motivos, tal vez, inquietantes. Los emisores del mensaje, en especial Milei y Luis Caputo, el ministro de Economía, pueden haber perdido su sintonía con la sociedad que aún los sigue. El contenido de aquello que se comunica tendría desde hace tiempo un descalce con las expectativas de la gente.
Diego Santilli .Foto: Mariana Nedelcu, archivo.Puede repararse, a propósito, en una explicación que desliza el politólogo Federico Zapata. Sostiene que el uruguayo Ernesto Talvi, del partido Colorado, sumado como asesor al equipo de “Toto”, aconseja empezar a desarticular lo que llama la “paciencia estratégica”. Aquella que el gobierno libertario articuló a través de su política de shock. Las metáforas de que la inflación “caería como un piano” y la economía empezaría a crecer “como pedo de buzo”.
Zapata sostiene que en sus estudios (consultora Escenarios) los encuestados subrayan que la plata no alcanza para cubrir cada mes. Estima que existe un enojo que está resintiendo la paciencia. Arriesga que de cómo el Gobierno logre manejar esa pedagogía y la estabilización de la transición hacia una mejora en la vida cotidiana, radicará gran parte del éxito que termine teniendo el proyecto de la reelección.
El Gobierno supuso que la cesantía de Adorni podía imprimirle un nuevo sesgo en la comunicación, alejado de la arrogancia que caracterizó al ex funcionario. Se empiezan a advertir un par de situaciones. Su reemplazante, Adrián Ravier, amigo de Milei, no logra anclar en la agenda pública ninguno de los temas que aborda ante la prensa. En una sola oportunidad lo consiguió. Fue cuando habló en un streaming que el valor del dólar podría llegar hasta $ 1.800. Probablemente “Toto” Caputo lo haya tildado de “tarado”, un calificativo al que recurre cuando alguien se equivoca o no piensa como él. Lo utilizó contra los que defienden a la industria. Integra ese manual de liberalismo católico que dice profesar.
La estrategia discursiva del Gobierno ha comenzado a ser monopolizada de nuevo por el propio Presidente. Quizás en una de sus variantes degradadas. Exhibió diferentes conductas desde que después de la derrota electoral de septiembre en Buenos Aires prometió que dejaría de insultar. Nunca lo cumplió del todo, aunque desescaló. Estuvo contenido durante el verano. También mientras el escándalo Adorni conservó vida. Tomó distancia del Mundial de Fútbol al cual comenzó a acercarse recién cuando la victoria de la Selección ante Inglaterra repuso el reclamo por las islas Malvinas y desató un tráfico de alucinaciones en las redes sociales que devolvieron a Milei en la escena. En ese universo se nutre el Presidente. Allí adentro va moldeando una realidad que demasiadas veces difiere de lo que le sucede en la calle al hombre común.
En esa coyuntura reapareció el líder libertario enardecido y violento. Burló referencias y proporciones. Aseguró en una entrevista (sic) “que los argentinos somos como los judíos; a ellos los atacaban por ser judíos y a nosotros por ser argentinos”. En esa presunta ofensiva metió al kirchnerismo, a Rusia, Irán y a los gobiernos de Brasil y México. No fue capaz de aportar una sola prueba acerca de tales afirmaciones.
Aquel episodio de la bandera que reivindicó la soberanía en las Malvinas dejó secuelas que no cicatrizan entre los libertarios. Desnudó además que frente a la presión Pablo Quirno trastabilla conceptualmente como canciller. Incurrió en un furcio grosero cuando debió defender el articulado de la venta de tierras en la Argentina que finalmente fue retirado del proyecto de Inviolabilidad a la Propiedad Privada. Aseguró que la de la soberanía constituye en esta época “una idea antigua”.
Bajo ese precepto, ¿Qué autoridad le queda al canciller para hacer cualquier reclamo por las Malvinas ante Gran Bretaña? Por ahora no la necesita porque la inactividad de los canales diplomáticos, en ese terreno, resulta total. El conflicto sirvió de excusa para otra refriega palaciega. La que el Presidente mantiene desde hace rato con Victoria Villarruel. La dama ya se había cruzado con Quirno cuando ocurrió el episodio de las islas durante el Mundial. El canciller la había acusado de “pseudo-golpista”. En las últimas horas directamente decidió pedirle que renuncie.
Resultó la estocada de una ofensiva que encontró en la vanguardia a Santilli. El jefe de Gabinete acusó a la vicepresidenta de intentar desestabilizar al Gobierno. Milei y su hermana, Karina, están obsesionados con la posibilidad de que Villarruel pueda encabezar alguna lista disidente en las elecciones del 2027. Miguel Angel Pichetto sabe de ese juego: habló de una supuesta trama de alianzas con sectores católicos, nacionalistas y militares. Echó un poco de nafta. Nadie podría inferir de esa unión un volumen trascendente de votos. Hay encuestas en la Casa Rosada, sin embargo, que la aproximarían a dos dígitos.
Santilli no desembarcó en la Jefatura de Gabinete para emprender una campaña contra Villarruel. Su objetivo es el ordenamiento de la gestión. Advierte que le resultará mucho más complejo de lo que había previsto. Tuvo varios ejemplos a la vista. El manejo de la venta de tierra que el Senado finalmente declinó. La Inviolabilidad de la Propiedad Privada con modificaciones en articulados que despertaron sospechas. Así cayó el capítulo que modificaba la ley del Manejo del Fuego. En el corazón de todos los problemas figura la relación con los gobernadores.
En la venta de tierras a extranjeros se descubrió un déficit profundo en la comunicación que los autócratas acostumbran a tener con la sociedad. La oposición institucional y la no orgánica impusieron cómodamente sus puntos de vista sobre los líderes libertarios acerca de que aquel proyecto era altamente perjudicial para los intereses argentinos. Supieron montarse con astucia sobre un impulso emocional que empezó a tomar forma con la presunta campaña anti-argentina que el propio Milei espoleó. Encontró un cenit cuando renació el reclamo por las Malvinas.
El mileísmo, incluidos los militantes digitales, pareció ajeno a ese fenómeno. Se esparció de modo tal que condicionó el comportamiento de varios gobernadores. Para apuntar: Rodolfo Figueroa, de Neuquén; Gustavo Sáenz, de Salta; Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Raúl Jalil, de Catamarca; Hugo Passalacqua, de Misiones e Ignacio Torres, de Chubut. La señal más preocupante para la tropa libertaria sería que alguna mutación se haya registrado últimamente en Milei. Fue el líder en 2023 que supo interpretar en soledad los niveles de hastío y fatiga de la sociedad respecto del pasado. Quizás estaría siendo ahora rehén de una de las enfermedades del poder. La pérdida de sintonía con el sentir popular. Una desconexión que no sería política, sino emocional.
El derrape en el Senado pudo significar una doble satisfacción para Karina. La poderosa Patricia Bullrich no logró demostrar el dominio que ejerce en el Senado. A Federico Sturzenegger le cayó una severa advertencia de la secretaria general: no puede habituarse a administrar su área como un bisonte. Esas rencillas ocultan un trasfondo: las dificultades del oficialismo en la relación con los gobernadores aliados. En vísperas del proceso para encarar el año electoral donde los hermanos Milei tienen una prioridad: eliminar las PASO.
La tarea de recomposición queda en manos de Santilli. La última experiencia libertaria, bajo inspiración de Karina, resultó de nuevo frustrante. El domingo anterior se realizaron elecciones municipales en Santiago del Estero. El gobernador es Elías Suárez. El poder lo tiene el senador Gerardo Zamora. El ex radical supo ofrecer apoyo a proyectos libertarios en los primeros tiempos. Después se endureció. Era lógico en esas circunstancias que La Libertad Avanza no se inclinara por un pacto electoral. Pero también lo resistió con el PRO. Zamora ganó todos los distritos con el 66% de los votos. Los libertarios llegaron al 8%. El PRO al 7%.
El laboratorio electoral de los hermanos del poder trabaja por ahora sobre una premisa excluyente: la confrontación sistemática con el pasado (el kirchnerismo) para atizar el miedo. Amortiguador del desencanto que producen los bolsillos vacíos y la inflación oscilante. Mecanismo que termine forzando en 2027 la polarización.
Ciertos indicios indican que una parte de la sociedad estaría en la búsqueda de otra cosa. Un trabajo que la consultora ARESCO realiza hace meses indaga sobre el voto a favor de Milei, del kirchnerismo, de la izquierda o de ninguno de ellos. Esta última opción crece día tras día. Puede existir una historia que recién se empieza a escribir.