Resulta curioso ver cómo cierta sofisticación o vanguardia queda reducida a la preponderancia de dos instrumentos más o menos tradicionales en esto del rock y a un montón de satélites benefactores del ruido.
Tzetzé y Los Sara Fontán comparten esa visión, aunque desde distintas miradas. Compartieron también escenario en la noche madrileña con un Siroco hasta la bandera, lleno de testigos que pudieron, si cabe más, trazar esos paralelismos entre ambos dúos y, sobre todo, degustar sus diferencias.
Tzetzé es, a estas alturas del cuento, una formación que debería salir de ese injusto rincón en el que lleva demasiado tiempo. Claro que, y sea lo más seguro, se sientan cómodos ahí. No les hace falta mucho a claire y a raul para desplegar su percepción del ruidismo y de la alternancia sonora. Partiendo de la trilogía que enmarca el Korg, la guitarra eléctrica y la batería, los hispanofranceses repartieron frescura y diversión desde (casi) todos los registros posibles que uno pueda imaginar.

Se dibujaron perspectivas que retrotrajeron a un post punk primitivista, pero también a un diálogo instrumental de resultado bailable. Si algo denotó que no se atan, es esa facilidad para saltar, literalmente, de género en género, de sonar levemente oscuro a, armados con semilleros en mano, adentrarse en el sonido amazónico para descubrirse en un dadaísmo reivindicativo de los sonidos sin ataduras.
La cita marcaba el final de la gira española para Los Sara Fontánque no ibérica, una suma de eventos que anticipaba el próximo lanzamiento de su nuevo elepé, un consuelo que voló de la discreta mesita de ventas, signo irrefutable de que gustó y convenció. Ante la empacada masa de asistentes, su propuesta empieza a mostrar señales de una necesidad de espacios más amplios, aunque quizá estén transitando ese limbo entre sala pequeña y su siguiente paso.
Fotos Los Sara Fontán + Tzetze: Álvaro de Benito