
La actriz se convirtió en una de las imágenes más icónicas del filme protagonizado por Kevin Spacey y dirigido por Sam Mendes
Si te pedimos que pienses en una imagen de American Beauty (1999), seguro que la que te viene de primeras es la de una joven rubia desnuda y tumbada sobre una cama de pétalos rojos. Normal. Es la más icónica del filme de Sam Mendes protagonizado por Kevin Spacey y ganador de cinco premios Oscar. Esa chica es Mena Suvari, cuya vida, como la de muchas personalidades de la industria, no fue tan glamurosa como se muestra de puertas afuera: sufrió abusos y fue adicta a las drogas.
Suvari solo tenía 19 años cuando interpretó a Angela Hayes en American Beauty. Su personaje es una adolescente por la que Lester Burnham, el padre de familia en plena crisis de mediana edad que interpreta Spacey, se siente atraído. Angela, amiga de la hija del protagonista, encarna el ideal adolescente: es popular y guapa. No obstante, eso es solo lo que muestra porque por dentro es inocente y vulnerable. Suvari convirtió al personaje en un icono y fue ese papel el que hizo que su carrera despegara… más o menos.
Después de American Beauty, Suvari, que ya había debutado en la saga American Pie, participó en filmes como Domino (2005) y Factory Girl (2006) y series como A dos metros bajo tierra (2001) y American Horror Story (2011). Aunque no ha parado de trabajar, es cierto que después de American Beauty no ha conseguido ningún papel que destaque demasiado en su filmografía.
Un pasado traumático
En 2021, Suvari reveló en sus memorias The Great Peace: A Memoir que había sufrido abusos sexuales. «Entre los doce y los veinte años, fui víctima de repetidos abusos sexuales», relató. Como cuenta en el libro, un chico de 16 años la violó cuando solo tenía 12 años. «Una parte de mí murió ese día», afirmó.
Cuando tenía 16 años, uno de sus representantes, de unos 35, abusó de ella y la actriz contrajo herpes. A los 17, Suvari comenzó una relación con un hombre que tenía 26. Durante los tres años que estuvieron juntos, él la presionó para tener sexo y abusó de ella verbalmente. «Poco a poco, fue minando la fina capa de autoestima que me quedaba», recordó la intérprete.
Para lidiar con estas situaciones, Suvari desarrolló una adicción a las drogas. «Tomaba drogas para adormecerme del dolor», escribió. «Alcohol. Marihuana. Cocaína. Metanfetamina. Ácido. Éxtasis. Hongos. Mescalina. Era mi forma de desconectar del infierno de mi existencia y sobrevivir». Como confesó: «desde fuera, parecía un huevo de Fabergé, pero por dentro estaba vacía».
Tras dos divorcios, Suvari está casada con el decorador de sets Michael Hope y tienen un hijo. También es embajadora de Childhelp, una organización que lucha por erradicar el abuso infantil.