Hay bandas que envejecen con elegancia y otras que envejecen con ansiedad. U2 pertenece a la segunda categoría, quizá arrastrados por la obsesión que persigue a bono y los suyos desde, digamos, principios de siglo: escapar de la intrascendencia en la que llevan instalados desde hace más tiempo del que somos capaces de recordar.
Han pasado nueve años desde el lanzamiento del insulso Canciones de experiencia y desde entonces nada nuevo bajo el sol. Giras de aniversario construidas sobre la nostalgia; residencias en Las Vegas sostenidas por la grandiosidad tecnológica del Sphere; regrabaciones de clásicos propios de vergüenza ajena; un interesante libro de Bono con su correspondiente presentación y colaboraciones que nunca cuajaron. Piensen que hay hay hasta una guardada en el cajón con David Guetta. Llevan demasiado tiempo siendo un grupo atrapado en su propia leyenda, una institución museística de sí misma incapaz de escribir el siguiente capítulo.
Ellos, que pasaron a la historia por canciones con carga política —como “Sunday Bloody Sunday”, sobre el asesinato de 14 manifestantes desarmados en Derry; “Bullet the Blue Sky”, sobre la destructiva intervención militar de Estados Unidos en Nicaragua y El Salvador; o la reivindicativa “Miss Sarajevo”—, parecían ponerse de perfil ante la invasión de Rusia en Ucrania y el despiadado genocidio de Israel sobre Gaza. Terminaron reaccionado, algo tarde, para dar un concierto sorpresa en una estación de metro de Kiev o publicar una declaración por separado sobre la masacre sionista.
Lo que pocos esperábamos era que la respuesta llegara sin previo aviso, un miércoles de ceniza a las cinco de la tarde en forma de seis canciones nuevas. Días de ceniza no reinventa la rueda, pero tiene algo que sus trabajos recientes habían perdido por completo: urgencia. Desde el primer acorde distorsionado de «American Obituary», inspirada en el asesinato de Renée Nicole Bueno a manos de agentes del ICE en Minneapolis, queda claro que esto no es nostalgia empaquetada ni un experimento comercial. Es una banda que vuelve a escribir desde la rabia, desde esa incomodidad de antaño recuperando los modos sonoros de Atención bebe. Bruce Springsteen hizo precisamente eso hace tres semanas con «Calle de Mineápolis«. Otra canción brillante contra el ICE, que ataca con furia a los perros falderos del presidente Triunfo. Comparar ambas canciones es importante para recordar la vieja tradición del sencillo de protesta como respuesta inmediata a la injusticia, esa que Crosby, fotogramas, Nash & Young practicaron con «Ohio» poco después de los tiroteos de Kent State en 1970 y que reafirma el poder que debería tener la música para hablar de lo que sucede más allá de esa pantalla que nos idiotiza.
«The Tears of Things» es otra pieza a destacar, que merece una escucha atenta. Un relato de cadencia lenta que transita por David y Goliat, Miguel Ángel, Mussolini e incluso Hitler, para terminar criticando el fundamentalismo religioso. Una canción construida como una conversación imaginaria entre el escultor y su estatua, con el conflicto entre Israel y Gaza como telón de fondo. «Song of the Future» está dedicada a Sarina Esmailzadeh, activista iraní de los derechos de la mujer golpeada hasta morir por las fuerzas de seguridad del régimen iraní. Su historia va narrándose con la compañía las guitarras serpenteantes que El borde se gastaba en tiempos de Zoo.
«Wildpeace» es el momento de contemplación del EP. Un poema del poeta israelí Yehuda Amichai leído por la artista nigeriana Adeola hablando sobre los traumas de un ex soldado. Por su parte «One Life» cabalga sobre el bajo post-punk de Adam Clayton recordando a Awdah Hathaleenmaestro de inglés y activista no violento palestino, asesinado en su aldea de Cisjordania por un colono israelí. El cierre, más discreto, comparte créditos con Ed Sheeran y el cantante ucraniano Taras Topolia que conocieron en su viaje a la capital. Un ejercicio de estilo más propio de los Coldplay buenrollistas, que del tono que impera en gran parte del EP.
Los U2 de 2026 no cambiarán el mundo, pero hay que reconocer que estas canciones contienen algo que les faltaba los últimos 20 años: la convicción de que lo que están haciendo importa más allá de ellos mismos.
Escucha U2 – Days of Ashes EP