La película de ciencia ficción y aventuras protagonizada por Ryan Gosling imagina un escenario en el que el Sol se está muriendo
Proyecto Salvación llega a los cines el 27 de marzo. Phil Lord y Chris Miller dirigen la adaptación de la novela homónima de Andy Weir, que cuenta con Ryan Gosling en el papel protagonista. La historia imagina un mundo en el que el Sol se está muriendo y Ryland Grace es la única esperanza de la Tierra para que la humanidad sobreviva. Pero, ¿es este apocalipsis que imagina la película posible?
Javier Santaolalla, físico, ingeniero y divulgador científico, ha respondido a esa pregunta durante un evento celebrado por Sony Pictures el pasado jueves con motivo de la proyección especial en IMAX de Proyecto Salvación.
Cualquier cosa que le pueda pasar al Sol nos manda a la mierda
Vayamos por partes. Primero, hay que entender qué es nuestro Sol. Básicamente, es lo que permite que haya vida en la Tierra. Esta estrella es una bola de gas de hidrógeno que brilla porque, por su tamaño, su presión gravitatoria fusiona hidrógeno en su interior generando helio. Es de ahí de donde sale el calor que llega a la Tierra. «Vivimos gracias a ese calor del Sol, pero eso hace que también seamos muy frágiles y muy dependientes», señala Santaolalla. «Cualquier cosa que le pueda pasar al Sol nos manda a la mierda». Así que, sí, Proyecto Salvación no va mal encaminada.
Tres escenarios apocalípticos
Sony Pictures
Los escenarios apocalípticos pueden ser muchos. Uno de ellos es que el Sol se haga tan grande que se coma la Tierra. «La estrella Sol nació hace mucho tiempo», indica Santaolalla. «El Sol evolucionará y formará lo que hoy se llama una gigante roja. En ese proceso de crecer, el Sol se comería la Tierra. Lo dejo como idea por si alguno quiere hacer una película sobre cosas que le pueden pasar al Sol. Tragarse la Tierra es una posibilidad«.
Otro escenario es el que plantea Proyecto Salvación: que el Sol se apague. «Podría ocurrir porque, en efecto, la estrella brilla como un encendedor. El encendedor brilla porque tiene un combustible que se encarga de ello, pero ¿qué ocurre cuando el encendedor se acaba? Deja de brillar. Lo mismo podría pasar con una estrella«, indica el físico. «El Sol se puede quedar sin su combustible, ese hidrógeno, y dejaría de brillar». ¿La buena noticia? No será inminente. «Tranquilos, faltan solo 4.500 millones de años, más o menos, día arriba, día abajo».
El tercer escenario que plantea Santaolalla es que el Sol se convierta en un agujero negro. «Es el más apocalíptico y terrible». Para comprender esta situación, hay que saber cómo funciona la gravedad, una fuerza de atracción universal que siempre está operando en todo el universo. Sin embargo, no siempre gana. Los cohetes, por ejemplo, la vencen. Aquí entra en juego lo que se conoce como velocidad de escape, que es la velocidad que tiene que tener algo para que escape. En la Tierra es de 11 km/s por segundo. «Si cambiamos el tamaño de la Tierra, hacemos que la velocidad de escape suba», indica Santaolalla. Si la masa de la Tierra se hiciera más pequeña, la velocidad de escape subiría, aumentando hasta llegar a la velocidad de la luz.
El Sol se puede quedar sin su combustible, ese hidrógeno, y dejaría de brillar […] Tranquilos, faltan solo 4.500 millones de años, más o menos, día arriba, día abajo
«En el momento en el que la Tierra tiene el tamaño de un guisante, la Tierra se convertiría en un agujero negro», explica. Pero, ¿qué pasa con el Sol? ¿Podría ocurrir lo mismo? «Hoy sabemos que no existe una fuerza cósmica capaz de apretar cosas así como la nada, pero sí se sabe que los agujeros negros se forman cuando una estrella se muere. Al acabar la vida de una estrella, esta se comprime generando un agujero negro si la estrella tiene más de 10 masas solares». Esto no pasará con nuestro Sol. «Es suficientemente pequeño como para que cuando se acabe su combustible nuclear acabe formando una estrella muy tenue. Es lo que llamamos una enana blanca«.
Pero, sea como sea el final de la Tierra, Santaolalla prefiere centrarse en el presente. «Hay muchas cosas más importantes que temer, como Hacienda o abrir el periódico todos los días».