
Después de ganar seis Goya, el gallego viaja a Los Ángeles con ‘Sirat’ para ver si logra hacerse con el Oscar a Mejor película internacional y Mejor sonido
Oliver Laxe ya tiene un nombre propio en la industria cinematográfica internacional. Con la presentación de su cuarto largometraje, Sirat, el cineasta ha logrado un hito al alcance de muy pocos directores españoles: las cuatro películas que ha estrenado hasta ahora –Todos vós sodes capitáns (2010), Mimosas (2016) y O que arde (2019)- han sido presentadas y premiadas en el prestigioso Festival de Cannes. A finales de febrero recibió seis galardones en los premios Goya españoles.
Ahora se prepara para asistir a la 98.ª edición de los Premios Óscar que se celebra el 15 de marzo en el teatro Dolby de Los Angeles, donde opta a dos estatuillas: a Mejor película internacional y Mejor sonido. La película de Movistar Plus+ ha tenido una carrera estelar, pero, a pesar del reconocimiento internacional, Laxe mantiene una postura crítica frente al elitismo intelectual que a menudo rodea al «cine de autor», un término que él mismo califica de «patético».
Cuando Laxe vino a nuestro podcast, Otra ronda, allá por junio de 2025, hizo un llamamiento a la humildad dentro de la industria, el director aboga por reconciliarse con el público actual. Asume que vivimos en una época donde el espectador tiene las mentes más excitadas, peores niveles de concentración y necesita estímulos constantes. En lugar de quejarse de ello, él lo ve interesante y busca la manera de conectar con ese espectador actual para luego llevarlo a su terreno y lograr que sienta la película de forma sensorial e inexplorada.
Hoy en día los artistas, los cineastas tenemos que bajarnos de nuestro puto caballo y tener la generosidad […] de ayudar al espectador a subir a nuestro caballo
Para Laxe, el objetivo del cine debe ser guiar al público hacia «terrenos inexplorables», comprendiendo que, aunque la mente del espectador moderno esté sobreestimulada, el cineasta debe aprovechar esos estímulos para invitarle a una experiencia transformadora y sensorial.
«¿Cómo lograr que el espectador suba a mi caballo para conducirlo hacia los horizontes que persigo? Mi intención es que sienta la imagen, algo similar a lo que Tarkovski lograba con su cine: trasladar al público a un terreno misterioso, cortar el sedal y permitir que afloren sensaciones que incluso me superan a mí mismo. Yo también viajo en ese caballo hacia territorios inexplorados; el reto es cómo ayudar al espectador a emprender ese viaje conmigo», reflexiona el director.
Sirat es una película difícil de definir -y casi que cuanto menos se explique de ella, mucho mejor-. Para su creador, es como una aventura con ecos del cine clásico americano que poco a poco se transforma en un viaje metafísico e interior. Él lo vio como «un salto al vacío», donde en su segunda mitad la narrativa tradicional funciona solo como un «trampolín» para dar paso al poder de la imagen y el sonido. Y trabajaron este aspecto muy bien, porque precisamente la labor técnica de la cinta ha sido reconocida internacionalmente.