Paul Thomas Anderson llevaba 20 años con un guion de 600 páginas en su cabeza. En 2025 por fin vio la luz y arrasó. Acaba de llevarse el Oscar, pero antes ya se había ganado el cariño del público y de la crítica

Hay gente que le da vueltas a las cosas y luego está Paul Thomas Anderson. El director pasó 20 años dando vueltas en su cabeza a un guion monumental que llegó a alcanzar las 600 páginas. Puede parecer exagerado, pero mereció la pena la espera porque lo que salió de ahí fue Una batalla tras otra, la película que se estrenó en 2025 y que arrasó en taquilla, en crítica y, ahora, en los premios. La cinta que acaba de hacerse con el Oscar a Mejor película salió adelante con un presupuesto de 175 millones de dólares, una cinta que se aleja drásticamente de los «blockbusters de cartón piedra» actuales para ofrecer una experiencia cinematográfica tangible, física y cruda.
Protagonizada por Leonardo DiCaprio, Teyana Taylor, Sean Penn, Benicio del Toro y Chase Infiniti, analizamos esta joya del cine moderno en una nueva pieza de No es como las demás, de Dani Mangas.
La búsqueda de la autenticidad
La visión de Anderson exigía una inmersión total, motivo por el cual decidió rodar en VistaVision, un formato de altísima resolución originario de los años cincuenta que hoy en día casi nadie utiliza. A pesar de que estas cámaras son pesados armatostes, el director de fotografía optó por llevarlas en mano y atadas a vehículos, buscando transmitir el caos y la paranoia del protagonista directamente al espectador. Fiel a su compromiso con el realismo, la producción rechazó los platós tradicionales y los efectos digitales. La diseñadora de producción, Florencia Martin, defendió esta filosofía asegurando que «el CGI puede distanciar, pero la arquitectura te atrapa de verdad».
Esta incansable búsqueda de autenticidad llevó al equipo a recorrer los rincones menos turísticos de la California del interior. Incluso, construyeron el set de un centro de detención justo al lado del muro fronterizo real entre Estados Unidos y México, permitiendo que la cruda realidad de los inmigrantes y la patrulla fronteriza coexistiera asombrosamente con la ficción. El propio DiCaprio llegó a comparar la vertiginosa experiencia de este rodaje fronterizo con la grabación simultánea de un documental.
El compromiso con la realidad se extendió a la acción, que fue diseñada y ejecutada a la antigua usanza. La espectacular persecución final del Río de Colinas se planificó desde el suelo, utilizando coches de juguete Matchbox para coreografiar cada choque. Los propios actores asumieron un gran riesgo: DiCaprio saltó desde tejados, Benicio del Toro hizo su propia conducción de peligro y Teyana Taylor esprintó hasta saltar a una furgoneta en marcha. Para añadir aún más capas de verosimilitud, se contrató a «no actores» locales, como auténticos dueños de tiendas y funcionarios de prisiones, para interpretar los papeles secundarios.
Este nivel de autoexigencia y artesanía conllevó sacrificios dolorosos en la sala de montaje. Un claro ejemplo fue la escena del bar de un hotel histórico en San Juan Bautista, la cual requirió dos semanas de meticulosa decoración y trabajo de «orfebrería» para un rodaje nocturno de tres días, solo para ser eliminada por completo en beneficio de la historia.
Cenas y clases de kárate para crear la química entre los actores
En el centro de esta colosal obra brilla el personaje de Bob Ferguson, un exrevolucionario desgastado cuya única misión actual es proteger a su hija, Willa. DiCaprio construyó a este atípico y contradictorio héroe como un «cóctel explosivo», fusionando la pasividad del icónico Nota de El gran Lebowski con la energía frenética y desesperada de Al Pacino en Tarde de perros.
Para interpretar a Willa, el director llevó a cabo una extensa búsqueda de seis meses que culminó sorprendentemente en un dojo de kárate, donde descubrió a la revelación Chase Infiniti. Huyendo de las frías audiciones clásicas de Hollywood, Anderson fomentó la química entre ambos actores llevándolos a cenar y a clases de artes marciales para crear un vínculo paternofilial auténtico.
Vale, tenemos todos los ingredientes sobre la mesa: un director genial, actores increíbles, una técnica arriesgada. La pregunta es: ¿cómo salió el pastel? La crítica se rindió: un 98% de reseñas positivas en Rotten Tomatoes y un 99 sobre 100 en Metacritic. Eso es el tipo de consenso que aparece muy pocas veces.
Lo más interesante, aun así, es entender por qué conectó tanto. A mucha gente le atrapó cómo le da la vuelta a la idea del héroe: el heroísmo de Bob no está en su pasado ni en esas viejas habilidades de revolucionario, sino en algo mucho más humano. Su verdadero poder es seguir adelante sin rendirse para proteger a su hija… y la película te deja esa pregunta en el aire: en una época de superhéroes que mueven planetas, ¿qué significa que el mayor poder de alguien sea, simplemente, no rendirse?