Se ha hecho esperar. Y por ello, así como por la circunstancia de que una persona de su edad y sus logros, podría perfectamente haber tomado la decisión de echarse a descansar y no sacar a la luz más canciones nuevas, hace que este nuevo disco de Julio Bustamantesea asimilable como el mejor de los regalos. No hay que olvidar que estamos ante uno de los mejores francotiradores pop a la hora de retratar la luz del Mediterráneo, los sueños, amores, quimeras que le rodean y la especial idiosincrasia de una ciudad como Valenciaque él personifica como nadie.
Es Constelador llega, además, con la noticia reciente de la desaparición de su gran amigo, colaborador y compañero en eso del “pop mediterráneo”, Remigi Palmero. Un hecho que, junto a la algo más lejana muerte de Pep Laguardadeja a Bustamante como único superviviente de aquél triunvirato que formaban. Es, por ello, especialmente valioso que Julio aún siga teniendo ganas de regalarnos canciones. Unas canciones que él, y sólo él, sabe hacer. Canciones que iluminan el camino, que son puro entusiasmo por vivir.
Estafa Julio ese topicazo de “si no existiera, habría que inventarlo” cobra todo el sentido del mundo. Es un personaje y un autor tan peculiar, que en ningún lugar encontrarás lo que él tiene que ofrecerte. Es un producto genuino de un lugar y de una época. Y este, su disco número 18, el de la mayoría de edad, es un claro ejemplo de esa singularidad.
Cocinado a medias con el teclista de Lavanda (su banda -valga la redundancia- de acompañamiento), Ferran Pardoes un trabajo gestado poco a poco en el estudio casero de éste y con la intención de hacer las cosas de un modo artesanal, con un cuidado especial por el detalle, pero dejando, se nota, que las cosas pasen de una forma natural. Todo fluye en espacios amplios de textura sonora. Así abre, de hecho, el disco la canción “Escenas”, con unas guitarras eléctricas que suministran una energía rock bastante inédita en la trayectoria del valenciano y que dan paso a un excepcional colorido melódico.
En ella despliega un mundo onírico a través del cual evoca determinadas escenas que tal vez sean recuerdos, o tal vez no. En todo caso, el cuadro que pinta aquí Juliocomo siempre, es impresionista y cada cual puede darle su lectura. Igual sucede con “La ciudad”, totalmente marca de la casa e inscribible en esa serie de canciones que tiene nuestro protagonista, todas centradas en la idea de ciudad, y sobre todo en la idea de la ciudad de Valencia (“Pasear”, “València no s’acaba mai”, “Mundo sereno”…), una especie de maridaje imposible entre su deshumanización y una perspectiva romántica a través de la cual Julio se reconcilia con ella, por mucha maldad que contenga.
Las canciones del álbum se suceden desplegando una paleta musical más diversa de lo normal, donde preciosos boleros (“Ferrocarril”), ejercicios rhythm and blues (“Baladre”), folk (“Irresistible”) o soul (“Barniz”, que por cierto tiene letra del hermano de Julio, Puchi Balanzá), conviven con el pop marca de la casa, que aquí brilla e ilumina mejor que nunca: “Somni nou”, “Companys” o “Palabras atrevidas”. Unas canciones en las que se muestra bastante introspectivo (“La casa de al lado”), pero a la vez reivindicativo y social (“Primer mundo”) y, en todo caso, dueño de una lucidez a la que la experiencia brinda autoridad.
Y él ejerce esa autoridad sin imponerse, pero con el pulso firme de quien se sabe un autor lo suficientemente magistral como para dejar su impronta, una vez más, en un disco totalmente a la altura de su legado, que es, no lo olvidemos, realmente enorme. Otro tópico que podría aplicarse, acertadamente, a Julio Bustamantees que merece mucho más reconocimiento del que ha obtenido. Con cada disco nuevo somos muchos los que decimos lo mismo: a ver si con éste ya. Pero creo sinceramente que debemos, igual que hace él, dejar de preocuparnos por esas cosas y simplemente disfrutar y agradecer su presencia en el mundo. Un clásico entre los clásicos que nunca debería desaparecer.
Escucha Julio Bustamante – Constelator