La actriz repite con el cineasta 15 años después de ‘La piel que habito’. «El nivel de nervios que yo manejaba entonces ha hecho que olvide casi todo», dice sobre su primera vez
Bárbara Lennie casi ni recuerda la primera vez que trabajó con Pedro Almodóvar. «Me acuerdo de un par de momentos, pero el nivel de nervios que yo manejaba entonces ha hecho que olvide casi todo», confiesa en SensaCine. Hace 15 años la actriz se puso bajo las órdenes del cineasta. Fue en La piel que habito (2011) y su personaje era uno secundario. Más de una década después, vuelve al universo del director manchego, pero para protagonizarlo. «Con toda la vida que ha pasado y con la envergadura que tenía este personaje en la ficción es como incomparable», dice sobre su papel en Amarga Navidad, que llega a los cines españoles el 20 de marzo.
Amarga Navidad es un ejercicio de metaficción. Lennie da vida a Elsa, una directora a la que unas migrañas le están afectando a niveles incapacitantes. Pero Elsa no es alguien real, es una creación de Raúl Durán, un cineasta y trasunto de Almodóvar que está escribiendo el guion de su nueva película. Así que Elsa se mueve, actúa y toma decisiones según lo que Raúl pone sobre el papel.
Fuimos encontrando algo del alma de Pedro, pero, de las primeras cosas que me dijo fue: ‘No quiero un retrato amable
Leonardo Sbaraglia es quien da vida a Raúl Durán. Esta, como Lennie, es su segunda vez con Almodóvar tras Dolor y gloria (2019), donde interpretó a Federico. «Lo que él buscaba para ese personaje era algo que yo tenía muy a mano», recuerda. «Él buscaba un ser que le transmitiese mucha ternura y algo luminoso». Aquí, el cineasta necesitaba y quería otra cosa.
«Era una responsabilidad diferente, y un personaje que había que ir descubriendo», recalca sobre Amarga Navidad. Lo difícil, el desafío, fue encontrar la forma de interpretar este ‘alter ego’ de Almodóvar. «Era complicado porque sientes esa mirada y sientes esa responsabilidad y sí que me costó», reconoce. «Lo observé muchísimo, a él, a su energía, muchísimos reportajes, sus películas y traté de encontrar una esencia en conjunción con él», dice el actor sobre amoldar su personaje al propio Almodóvar. «Creo que fuimos encontrando algo del alma de Pedro, pero, de las primeras cosas que me dijo fue: ‘No quiero un retrato amable».
En Amarga Navidad, Raúl Durán no duda en usar una tragedia cercana para alimentar su nuevo guion. Podría decirse que el cineasta es el villano de la historia. «Es un personaje con el cual él no busca necesariamente que el espectador empatice. Al contrario, él se quiere poner en un lugar de ser domado, en un lugar de decir: ‘Tú eres el malo. Tú eres el vampiro’. Pero, al mismo tiempo, creo que al espectador le hace pensar que él tampoco es consciente del todo de esas cosas que de pronto pueden causar una herida en el otro».
Pedro Almodóvar y la búsqueda de la verdad
Warner Bros.
Ni Lennie ni Sbaraglia llegan de nuevas al universo Almodóvar. «Todo tiene que tener verdad, pero no tiene que ser naturalista», reflexiona la actriz sobre lo que pide el director a sus actores. «Es meterse en un raíl muy fino y muy difícil porque tienes que poner en boca palabras, expresiones que no se usan en el cotidiano».
A Almodóvar, lo que le interesa, como cuenta Lennie es «el sentir, y un sentir concreto y un sentir que es muy grande y a la vez una expresión muy pequeña de eso». «Es como estar un poco en una cuerda floja», añade. La clave es no irse «al melodrama» y no hacer «algo no muy sacado de la realidad». Pero, aquí está lo complicado, no puedes recitar las frases de cualquier manera. «Primero tienes que proyectar de una manera, tienes que hablar de una manera, no le gusta la velocidad en el habla… Todo eso va conformando un estilo y, entonces, es encontrar tu verdad en eso, la de cada uno. Es delicado«.
Actuar para Pedro es meterse en un raíl muy fino y muy difícil porque tienes que poner en boca palabras, expresiones que no se usan en el cotidiano
«Es algo que se va encontrando, en el sentido que él va moldeando, tallando, pincelando lo que él necesita. De pronto, diciendo mucho lo que él no quiere, lo que no quiere ver», explica Sbaraglia. «Esto lo cuento porque lo cuenta él mismo: no quiere que las frases terminen arriba, sino que terminen abajo. Es como un director musical que te va afinando de alguna manera el instrumento donde él necesita«.
Para el actor, lo que hace Almodóvar es un lenguaje: «Tiene que ver con la precisión en el texto, con una manera de decir, al mismo tiempo con una austeridad porque a él tampoco le gustan los gestos estridentes. Es casi una cosa como muy austera y precisa. Entonces encontrar verdad, porque él también busca verdad».
Las chicas y chicos Almodóvar
Warner Bros.
Amarga Navidad recluta a caras conocidas del universo Almodóvar y a otras nuevas. En el grupo de las primeras están Milena Smit y Victoria Luengo. «En Madres paralelas yo era mucho más joven que ahora, estaba empezando mi carrera, era mi segunda película y siento que no sabía mucho de nada», reconoce Smit. «Fue un gran máster, la verdad, para luego seguir metiendo el pie en en el cine y la industria».
Han pasado cinco años desde que la actriz compartiera protagonismo con Penélope Cruz en Madres paralelas (2021). «En Amarga Navidad, siento que estaba en un momento más adulto y más maduro y podía recibir sus indicaciones desde esa madurez y él también lo vio, entonces me dirigía más desde la madurez y no desde la fragilidad que igual yo tenía siendo más joven y más inocente».
Luengo, por otro lado, debutó con el cineasta en un pequeño papel en La habitación de al lado (2024), la primera vez de Almodóvar rodando un largometraje en inglés. «Me parece mucho más complicado hacer un personaje de dos días en un rodaje que hacer un personaje de 15», explica. «Esa primera vez fue más abrupta, más extraña y ahora he podido disfrutarlo mucho más y he podido entenderle más a él, aprender más de lo que pide, de cómo lo pide y me lo he pasado muy bien».
‘Madres paralelas’ fue un gran máster, la verdad, para luego seguir metiendo el pie en en el cine y la industria
Quienes no tenían nada con qué comparar son Quim Gutiérrez y Patrick Criado, que debutan con el cineasta en Amarga Navidad. Los dos dan vida a personajes homólogos. Gutiérrez es la pareja de Raúl Duran. Criado la de Elsa. «Iba con los nervios y con la precaución, intentando ser cauto, educado, pero fui bastante en plan: ‘Aquí estoy yo, ¿en qué te puedo ayudar?», dice Criado sobre su primera vez.
Parte de su trabajo de preparación fue preguntar a actores que habían trabajado ya con el cineasta, para ir calentando el encuentro. «Depende de a quién preguntes y depende del momento de su vida en el que haya trabajado con él», dice sobre lo que le chivaron. «Yo había escuchado lo que había escuchado todo el mundo, lo de que te va a decir cómo tienes que decir la frase. Luego me he encontrado que un gran actor«.
Todos ellos, debutantes y veteranos, son ya parte de esa lista de intérpretes que son Chica o Chico Almodóvar. «Siento que formo parte de una especie de tradición que es válida para él, pero no para otros directores. De pronto suena raro si lo aplicas en otros casos», indica Gutiérrez sobre el término. «Si alguien me quiere llamar así, fantástico, solo puede llenarme de orgullo, pero intento no pensarlo mucho».