
El cine tiene una magia que pocas disciplinas artísticas pueden igualar, y es crearte una serie de ilusiones que puedes creerte con cierta verosimilitud. Para poder lograrla, sin embargo, no hay nada realmente místico, sino trucos bien elaborados de producción, cinematografía y también actuación, o una combinación de todo.
Es un reto intentar hacer las adaptaciones de cómics más realistas posibles sin que se pierda esa ilusión mágica, pero Christopher Nolan lo logró en su aclamada trilogía del Caballero Oscuro. Su interpretación de Batman cambio en gran medida la percepción del personaje, increíblemente defendido por Christian Bale.
Buscando ser imponente
Pero tan importante como Bruce Wayne fueron los enemigos a los que se enfrentaba, a los que Nolan cuidaba tanto desde el guion como la dirección. Tuvo que tirar bastante de lo segundo en El caballero oscuro: La leyenda renace, donde expande las posibilidades del brutal antagonista luchador conocido como Bane, al que da vida Tom Hardy.
Con el personaje, Nolan intentaba trazar a este terrorista con coartada liberadora, dándose una filosofía que le diese tanto carisma como la imponencia física que le caracteriza. Aunque esto segundo requirió bastante esfuerzo a nivel de producción porque, a pesar del talento notable de Hardy y su buen trabajo para tener musculatura impactante, su altura de 1,75 metros jugaba a veces en su contra.
Nada que un poco de “magia del cine” no pueda resolver. Aunque Hardy midiese menos que Bale, se resolvió poniéndole unas alzas en las botas para que su duelo fuera un potente cara a cara. Cuando tiene que imponer miedo a otros personajes menores, Nolan también tiraba de cajas sobre las que el actor se colocaba para mirar hacia abajo a su compañero de escena, haciendo de Bane algo realmente intimidante.