
Eva Marie Saint, con 101 años, es la actriz en actividad más veterana de Hollywood, y tiene una trayectoria que atraviesa cine y televisión desde los años 40.
Su recorrido combina hitos: su debut en televisión en la década de 1940; el salto al cine; su consolidación en pantalla grande y chica como referente del oficio y en piezas emblemáticas; su carrera en Broadway.
Eva tiene dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood. Una por el cine y otra por la televisión, áreas que fue alternando con los años.
“Desde luego, no me siento como si tuviera 100”, dijo en una entrevista con People, y explicó que sigue dando paseos y disfrutando del tiempo en familia, una rutina que, según ella, se combina con la genética y el consejo de su madre de seguir en movimiento.
Eva Marie Saint comenzó su carrera en la televisión de posguerra, pero su gran salto lo dio en 1954, con La ley del silencio (On the Waterfront) película por la cual ganó el Oscar a Mejor actriz de reparto; esa victoria marcó su paso definitivo entre la televisión y el cine y consolidó su presencia en Hollywood.
En esa película, Marie Saint es Edie Doyle, la hermana de Joey Doyle, el estibador asesinado al comienzo de la historia, y su vínculo con Terry Malloy (Marlon Brando) resulta clave para el desarrollo de la película.
Tras el premio por la película de Elia Kazan, su carrera en cine incluyó títulos relevantes y trabajo con realizadores de peso, como Alfred Hitchcock, Otto Preminger o Fred Zinneman.
Con Hitchcock, Eva Marie Saint tuvo un personaje central y muy recordado: Eve Kendall, en Intriga internacional (North by Northwest,1959), donde comparte protagonismo con Cary Grant.
En paralelo, mantuvo actividad televisiva y fue apodada la «Helen Hayes de la televisión» por su desempeño en el medio.
Además del Oscar, su trayectoria suma un Emmy por People Like Us y una continuidad profesional que le permitió participar en proyectos hasta bien entrada la tercera edad; su último largometraje registrado fue Cuento de invierno, estrenado en 2014.
Marie Saint vive retirada en Los Ángeles y tuvo una vida personal estable junto a su marido, Jeffrey Hayden; en entrevistas recientes atribuye su bienestar a hábitos sencillos, la familia y la actividad cotidiana.
En distintas declaraciones a la prensa, Saint destacó el influjo de su madre y la importancia de mantenerse activa, y recordó el consejo familiar: “Cariño, sigue moviéndote”, una frase que, según ella, ayudó a sostener su ritmo de vida durante los años.
Su relación con la industria sigue vigente en la memoria pública: en 2018 volvió a aparecer en la ceremonia de los Oscar con un comentario humorístico sobre su edad y su pasión por el cine, una intervención que reforzó su estatus de ícono de Hollywood entre nuevas generaciones.
Como consecuencia humana y social del perfil, su figura sirve hoy para discutir la longevidad activa en la industria: tiene reconocimiento formal en Paseo de la Fama y premios que certifican su impacto, y su retiro en Los Ángeles mantiene la posibilidad de apariciones puntuales en actos públicos.