Hay que pelear para que el cine bueno siga llegando a nuestras salas, porque las películas de las que os voy a hablar os van a dejar una impresión estética y emocional tan brutal que, os lo digo en serio, os pueden cambiar la vida

Hay ahora mismo en el cine tres películas que, sumadas a Resurrection, forman un póker de obras maestras alucinantes. Si os veis estas cuatro películas, ya tenéis el año hecho, os lo aseguro. Apuntadlas e intentad verlas: El sonido de la caída (Sound of Falling) de la directora alemana Masha Shilinski; la maravilla colombiana Un poeta de Simón Mesa Soto; La risa y la navaja del director portugués Pedro Pinho -autor de aquella obra maestra que fue La fábrica de nada-; y por supuesto, Resurrection del cineasta chino Bi Gan. Para mí, Resurrection es directamente la mejor película de 2025, superior a cualquier título nominado a los Oscar.
El director, Bi Gan, nació en 1989, tiene solo 36 años y es el futuro del cine ahora mismo. Resurrection es apenas su tercer largometraje, evidenciando una carrera de evolución meteórica. Le descubrimos en 2015 con Kaili Blues, posicionándose como una figura clave de la séptima generación de cineastas chinos, posterior a maestros como Jia Zhangke. Luego, en 2018, presentó en Cannes Largo viaje hacia la noche, una genialidad en 2D y 3D inmersivo con un plano secuencia de 50 minutos que lograba una abstracción pura de todos los sentidos, sumergiéndote en un noir romántico y circular que recordaba a las primeras obras de Wong Kar-wai.
Pero este año ha regresado con Resurrection, su película más ambiciosa y elaborada. Durante sus 2 horas y 40 minutos, la obra se despliega como una auténtica elegía al cinematógrafo, una carta de amor a la historia del cine construida como una película compuesta por otras películas. La base de la que parte es un mundo futuro postapocalíptico, a lo Blade Runner en estética, donde se ha descubierto que el secreto de la inmortalidad consiste en no soñar. Sin embargo, existen unos rebeldes llamados «los delirantes» que prefieren seguir soñando, aunque eso implique envejecer y enfermar. Bi Gan empareja así el sueño con el cine: los que amamos el séptimo arte somos esos soñadores y delirantes, mortales que nos dejamos la vida en las películas, y me parece una metáfora de entrada preciosa.
Cinco relatos, una pantalla: La odisea técnica y espiritual de ‘Resurrection’
A través de la ayuda de Shu Qi, la mítica actriz fetiche de Hou Hsiao-Hsien y narradora del film, seguimos a uno de estos delirantes como protagonista de un prólogo y cuatro relatos maravillosos. Aquí el director se vuelve un prestidigitador ilusionista que rinde homenaje a diversos períodos históricos del cine, ligando cada relato a un sentido de la filosofía budista.
Para que entendáis la magnitud de esto: el prólogo arranca como una pesadilla expresionista propia del cine mudo alemán, recordando a Nosferatu o El gabinete del doctor Caligari, utilizando stop motion y modelos de animación similares a los experimentadores de Europa del Este de los años 60 como Jiří Trnka. El segundo relato abraza el cine negro casi steampunk con una investigación criminal en torno a una caja misteriosa, visualmente muy cercano a un cómic. La tercera historia introduce el fantástico plenamente mediante un wuxia sin peleas ambientado en un templo budista durante un conflicto bélico de los años 40 o 50. El cuarto segmento, situado en los 70 u 80, narra la historia de un padre y su hija intentando engañar a un gángster, siendo para mí el mejor relato de todos y recordando fuertemente a Jia Zhangke. Finalmente, el último tramo nos sitúa en la última noche de 1999, como si fuera una película de vampiros rodada por Wong Kar-wai, todo en un plano secuencia que es un delirio visual fascinante con una historia romántica absolutamente cumbre.
Resurrection aprovecha todo este artificio estético del pasado para apuntar a nuestros días y plantearnos qué es el cine hoy en día, en una era donde la imagen se ha vuelto un código artificial. Es una burrada de película pensada para cinéfilos empedernidos. Es una película para ir con vuestros amigos, con las personas que queréis, y disfrutar a saco de esa experiencia en pantalla grande. No os la perdáis, hacedme caso.