
Cuando veo a los humanos, desde la niñez, con una dependencia casi adictiva a las pantallas recuerdo al libro de Alex Huxley editado en 1933. El autor de “Un mundo feliz” imagina una nueva etapa de la historia producto de grandes cambios tecnológicos.
Un mundo globalizado, estable y avanzado tecnológico en donde la felicidad “artificial” se consigue desde el nacimiento mediante el condicionamiento psicológico, donde cualquier malestar se elimina con el consumo de “una droga”.
El resultado es la falta de significado humano, la pérdida de la dignidad, la erradicación de la familia y el amor profundo. Los humanos se “fabrican” en castas donde todos son felices aceptando su función social, desde los alfa (elite) hasta los épsilon (obreros).
A casi cien años del libro de Huxley la tecnología es la “droga” que con su poder adictivo controla las conductas humanas. Los métodos de esclavitud fueron mutando en la historia humana, desde la utilización de la fuerza física, pasando por las armas, luego el poder económico, y hasta hace pocos años fue el acceso a la información.
En estos tiempos llegamos al poder del adoctrinamiento a través de la tecnología. Esta última, adecuadamente utilizada debería ser una herramienta que permita expandir la capacidad humana, pero sin control social ni utilización ética termina en una dependencia tecnológica patológica. La humanidad necesita más vitalidad y menos virtualidad. El dialogo familiar con los abuelos presentes en la mesa mutó hacia niños que se encierren en sus habitaciones utilizando las pantallas como consejeras.
La “neuronas espejo” se activan cuando un humano observa a otro realizar una acción e imita sus conductas, en especial en el aprendizaje, la empatía y la sociabilización (compartimos emociones como la risa, el llanto e incluso reflejos como el bostezo). Los padres deberían saber que los niños no los obedecen… siempre los imitan. Imposible alejar del poder adictivo de las pantallas a los niños cuando sus padres recurren a ellas.
Frente a esta pandemia tecnológica, solo quedan dos “vacunas” que deberían incluirse en el “calendario de inmunizaciones”: la familia como base para la construcción de un tejido social sano y, en segundo lugar, la espiritualidad y la fe que contribuyen al bien común nutriendo de esperanza.
¿Quiénes programan los contenidos de las pantallas? ¿Qué fines persiguen? ¿Sería correcto aplicar mecanismos de supervisión previniendo el uso perjudicial de redes sociales o aplicaciones? (pensando en personas vulnerables a estafas y manipulaciones como menores o funciones adictivas como ludopatía) ¿La tecnología esta dominando la mente humana? ¿Vamos hacia un mundo de esclavos felices? La respuesta depende de nosotros.