Un mes y nueve días después de sorprender a Eduardo Coudet en la mini pretemporada de Cardales, el pibe lucas silva sigue agrandando el impacto de aquella irrupción: con apenas 19 años, ya deslumbra a todo el mundo Río. En los 79 minutos que disputó ante Carabobo -el partido en el que más jugó de los tres que ya suma en Primera, tras los 12 segundos frente a Aldosivi y el minuto contra bragantino– respaldó con buen fútbol la apuesta que el DT hizo por él. La rompió toda. Es por eso que, en las oficinas del Monumental, ya están conversando con el entorno de LS para que firme su primer contrato profesional.
Para cualquier debutante es difícil mostrarse y hacerlo bien en tan poco tiempo. A Lucas Silva, eso no parece pesarle. “Parece que tuviera 10 años jugando en Primera”, lo elogió Leonardo Astrada. Y no exageró.
En el puñado de segundos que disputó ante Bragantino, su segundo partido en primera, metió la asistencia para el cabezazo ganador de Lucas Martínez Quarta y, ante Carabobo en Venezuela, en su primer partido como titular, dejó una muestra muy positiva de cómo manejar la mitad de la cancha: 92% de efectividad en pases (46/50), siete recuperaciones -la cifra más alta de River- y cuatro de seis duelos ganados. Una barbaridad.
Y respondió justo cuando River más lo necesitaba. Le tocó meterse en el equipo tras la baja de Fausto Vera quien, aunque ya recibió el alta de su esguince grado 2 en el ligamento colateral medial de la rodilla derecha, fue preservado para el partido ante San Lorenzo. Una ausencia que River sintió porque, más allá de Vera, el plantel no tiene otro volante con las características de Aníbal Moreno.
La lesión de Fausto Vera y el bajón de rendimiento de Kevin Castaño dejaron en evidencia una necesidad que River ya venía detectando: le falta un volante central de esas características. Por eso, mientras Lucas Silva aprovecha su oportunidad, en Núñez ya se mueven en el mercado: gestionan por Mauro Arambarri, del Getafe, y mantienen desde hace tiempo el interés por Franco Ibarra, hoy en Rosario Central.
Pero mientras la camiseta de River lo necesita, Lucas Silva demuestra que responde. El nacido el 26 de febrero de 2007 en La Dulce -Nicanor Olivera, un pueblo ubicado a 56 kilómetros de Necochea- vive el sueño que persigue desde chico, cuando llegó al club en 2016, todavía en edad de Infantiles. Había arrancado como delantero en Deportivo La Dulce, pero en una prueba en la Costa Atlántica jugó de volante central y convenció a todos. “Venía a River a jugar dos partidos por mes porque no podíamos irnos a Buenos Aires y todavía no tenía edad para estar en la pensión”recordó tiempo atrás en una entrevista con el sitio oficial del club.
El esfuerzo valió la pena. Con su mamá Noelia acompañándolo en la mudanza a Buenos Aires y el apoyo a distancia de su papá Ignacio y su hermano Fabián, empezó a estudiar en el Instituto River, disputó un torneo internacional en Dallas y, gracias a la importancia que Eduardo Coudet les dio desde el inicio a los juveniles del club, se metió en la lista de buena fe de la Copa Sudamericana. Y ahora, justamente en esa Sudamericana, su apellido empieza a hacerse escuchar en los pasillos del Monumental. River ya se ilusiona con sus gambetas y él, tras cumplir el sueño de debutar, desea con la primera firma de un primer contrato que ya se está negociando.



