
El Gobierno cubrirá con subsidios el costo de las importaciones de gas licuado que usarán los hogares, hospitales, escuelas y clubes («demanda prioritaria») durante el invierno, para evitar un aumento de las tarifas que haga saltar a la inflación.
La diferencia entre el costo del GNL importado -que rondaría los 20 dólares por millón de BTU- y el precio de abastecimiento interno -US$ 3,79 en promedio durante todo el año- la pagarán los usuarios con sus facturas a partir de noviembre. Técnicamente, en el sistema de gas esto se conoce como «Diferencias Diarias Acumuladas (DDA)». Y permitirá aplanar las boletas, sin grandes sobresaltos.
La decisión fue del ministro de Economía, Luis Caputo, y quedó plasmada en una serie de resoluciones de su cartera publicadas en el Boletín Oficial el 30 de abril, que autorizaron los aumentos de tarifas de este mes.
Las importaciones de gas licuado en este invierno costarían cerca de 1.000 millones de dólares, teniendo en cuenta que el mercado espera necesitar entre 23 y 25 barcos, con un valor superior a los US$ 40 millones cada uno.
Casi todo el combustible comprado en el exterior será para las industrias y las centrales eléctricas, que este miércoles confirmarán en el Mercado Electrónico de Gas (MEGSA) cuánto volumen comprarán para el invierno.
Después de cancelar la privatización de la gestión de las importaciones por los altos precios que propusieron Naturgy y Trafigura para hacerse cargo, el Gobierno determinó que la empresa pública Energía Argentina (Enarsa) seguirá «agregando» la demanda y abastecerá a los hogares.
Pero los grandes usuarios de la industria -como Techint, Aluar, Arcor, Acindar, Loma Negra, Profertil y Mega, entre otros- serán responsables por su cuenta de planificar sus consumos y pagar más caro el combustible. Este sistema generó tironeos, ya que en los últimos tiempos era el Estado el que estaba a cargo.
«Por primera vez en 20 años vamos a cumplir la Ley del Gas», defendió la jugada una fuente oficial, en diálogo con Clarín. Si la industria no anticipa sus compras, podría quedarse sin gas en invierno y verse forzada a parar sus procesos de producción.
Durante las semanas más frías del año -entre fines de junio y principios de julio-, la previsión oficial es que el consumo de los hogares, escuelas, hospitales, clubes y pequeños comercios rondaría los 95 millones de m3 diarios, y una breve porción se abastecería con GNL, ya que la mayoría se cubre con gas de producción local.
Por eso, el costo de cubrir con subsidios a las importaciones de gas licuado para la «demanda prioritaria» ascendería a entre 150 y 200 millones de dólares, que pagará la demanda más adelante.
El resto del consumo, que puede saltar hasta un total nacional superior a los 160 millones de m3 diarios, corresponde a la industria, las centrales eléctricas y las estaciones de servicio que venden Gas Natural Comprimido (GNC), además del combustible que usan las plantas compresoras para «empujar» el gas en los caños.
Es por eso que pese a que la Argentina va a tener exportaciones de gas todo el año a partir de 2028, se va a seguir necesitando importaciones temporales en invierno.
En materia fiscal, el Gobierno viene apelando en los últimos dos inviernos a pisar los pagos a las productoras de gas para sostener el superávit cada mes. Y es algo a lo que volvería a recurrir este año, con una recaudación de impuestos que no levanta al ritmo que desea el Ministerio de Economía.