
Viajar ya no significa solamente descanso, paisajes o desconexión. En los últimos años comenzó a crecer una tendencia distinta, incómoda y muchas veces polémica: el turismo oscuro, también conocido como turismo del dolor o tanatoturismo.
Auschwitz, Chernóbil y otros escenarios atravesados por tragedias históricas se transformaron en destinos cada vez más visitados alrededor del mundo.
Uno de los casos más emblemáticos es Chernóbil, escenario del mayor accidente nuclear civil de la historia.
La explosión ocurrida el 26 de abril de 1986 dejó una enorme zona contaminada y obligó a evacuar ciudades enteras, entre ellas Prípiat, que hoy permanece congelada en el tiempo.
Durante años, miles de turistas recorrieron la zona de exclusión acompañados por guías especializados. Los visitantes atravesaban controles militares y caminaban entre edificios abandonados, escuelas vacías y parques de diversiones detenidos desde hace casi cuatro décadas.
El interés mundial aumentó todavía más tras el éxito de la miniserie de HBO sobre el desastre, que convirtió a Chernóbil en uno de los destinos más buscados dentro del turismo oscuro.
Sin embargo, las visitas quedaron suspendidas tras el inicio de la guerra en Ucrania por razones de seguridad.
Otro de los lugares más impactantes es Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de concentración y exterminio nazi durante el Holocausto.
Allí fueron asesinadas más de un millón de personas, principalmente judíos, aunque también prisioneros polacos, soviéticos, gitanos y opositores políticos.
A diferencia de otros circuitos turísticos, en Auschwitz el enfoque está puesto en la memoria, la educación y el respeto absoluto hacia las víctimas.
Los recorridos en Auschwitz atraviesan antiguas barracas, cámaras de gas, alambrados y objetos personales recuperados de los prisioneros.
El silencio suele convertirse en una de las experiencias más fuertes del lugar.
El crecimiento del «turismo oscuro» también abrió debates éticos.
En algunos destinos comenzaron a viralizarse selfies, videos y publicaciones consideradas irrespetuosas por familiares de víctimas, historiadores y organismos de memoria.
La discusión gira alrededor de una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto estos lugares ayudan a comprender la historia y cuándo empiezan a transformarse en espectáculo?
Mientras algunos especialistas consideran que estas visitas ayudan a mantener viva la memoria colectiva, otros advierten sobre el riesgo de convertir el sufrimiento humano en una experiencia consumible.
Además de Chernóbil y Auschwitz, existen otros lugares vinculados al turismo oscuro que reciben millones de visitantes cada año:
Cada uno propone experiencias diferentes, aunque todos comparten un mismo eje: transformar lugares atravesados por tragedias en espacios de memoria, reflexión y visita pública.