Hay algo del Buenos Aires Premier Padel que atraviesa a todos los jugadores. Los argentinos lo sienten como una fiesta propia. Los extranjeros, como una experiencia distinta a cualquier otra del circuito. Pero en el caso de las españolas, el vínculo parece todavía más profundo. Porque más allá de la competencia, de la pelea por el ranking y de la presión de jugar en uno de los escenarios más calientes del mundo, hay una conexión emocional insoslayable.
Las españolas Gemma Triay, Bea González y Paula Josemaría son tres de las máximas figuras del pádel femenino mundial. Las tres llegan como candidatas al título. Las tres conocen lo que es jugar finales grandes. Y las tres, por diferentes motivos, sienten que Argentina también es un poquito su casa.
Una por su compañera. Otra por una ex dupla. Otra por su familia política. Pero todas coinciden en algo: acá el pádel se vive diferente. Y también se come diferente…
La escena actual del circuito femenino parece una especie de rompecabezas de elite. Gemma Triay comparte el número uno del ranking FIP con la argentina Delfina Brea. Bea González, que hasta hace poco jugaba justamente con Delfi, atraviesa un presente brillante junto a Paula Josemaría. Y esta, que ya sabe lo que es dominar el circuito y ser número uno durante años, volvió a meterse de lleno en la pelea grande.
Todas llegan desde Asunción después de otra semana intensa. Las finales se acumulan. Los viajes también. Casi no hay tiempo para respirar. “Es semana tras semana”, resume Gemma. “A veces hay que parar un momento y decir: ‘Ostras, tenemos que celebrar lo que hacemos’. Porque ganas un torneo y ya estás pensando en el siguiente”.
Pero el calendario no afloja y Buenos Aires apareció rápido. Apenas una hora y media de vuelo desde Paraguay y ya estaban instaladas en la capital argentina preparando otro torneo gigante.
“Es cansador, claro”, admite Triay. “Pero también nos encanta esta vida. Nos gusta competir, viajar, compartir con el equipo”. Y justamente ahí aparece una de las claves del vínculo con Argentina: compartir.
Josemaría, el asado y una Argentina que le queda cerca
Paula habla de Argentina casi como alguien que viene seguido a visitar familia. Y en parte es así. Su novio es de San Luis y eso hizo que durante los últimos años se acercara muchísimo más a nuestras costumbres.
“Me siento muy cómoda acá”, le cuenta Josemaría a Olé. “Hay una sensación de calidez. También soy del sur de España y siento que tenemos cosas parecidas con los argentinos: vivir todo con mucha intensidad, con mucha pasión”.
Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta de la cultura local, Paula no duda: “El asado”. Pero enseguida aclara que no se trata sólo de la comida: “Lo mejor es el momento. Estar con la familia, compartir, hablar durante horas. Esa parte me encanta”. Aunque el menú argentino ya le ganó por goleada. “El mate me gusta. Las facturas también. El alfajor, el dulce de leche… casi todo”, enumera entre risas.
Mientras disfruta de esas pequeñas cosas, dentro de la cancha vive uno de los mejores momentos de su carrera reciente. Junto a Bea González acumulan cuatro títulos consecutivos y cinco finales seguidas. Una regularidad brutal en un circuito cada vez más competitivo.
“Sabemos que lo que estamos haciendo es muy difícil”, reconoce. “Mantener este nivel durante tantos torneos seguidos cuesta muchísimo”. Y aunque intenta enfocarse partido a partido, sabe perfectamente que el gran objetivo aparece en el horizonte. “Sí, quiero volver a ser número uno”, admite. “Voy a intentarlo con todo”.
¿Promesa si gana el torneo? Deseo, más que nada: “Si salgo campeona, me gustaría ir a las Cataratas”.
Bea y la “Delfimanía” argentina
Si alguien conoce bien el fenómeno Delfina Brea, esa es Bea González. Compartieron muchísimo tiempo como dupla y todavía mantienen una relación muy cercana. Por eso no le sorprende en absoluto la locura que genera la argentina cada vez que juega en Buenos Aires. “Es normal”, dice Bea. “Es una jugadora increíble y además una persona espectacular”.
La española ya vivió el torneo desde todos los lugares posibles: jugando junto a una argentina, jugando contra ella y sintiendo cómo explota el estadio con cada punto. Pero lejos de incomodarla, lo disfruta. “El público argentino es muy sano”, destaca. “Le gusta el deporte y anima a todos. Obviamente a los argentinos un poquito más, pero siempre con muchísimo respeto”.
También gracias a Delfi terminó incorporando varias costumbres locales. Y cuando Olé le pide elegir una comida favorita, no necesita ni pensar. “La milanesa con puré”, responde con convicción absoluta.
Bea atraviesa además uno de los momentos más felices de su carrera. Después de varias temporadas marcadas por lesiones y altibajos físicos, hoy volvió a sentirse plena dentro de la cancha. “ Estamos en una racha muy buena”, cuenta. “Y lo más difícil es justamente eso: sostener el nivel”.
La pelea por el número uno aparece inevitablemente, aunque ella prefiere no obsesionarse. “Está ahí, claro. Pero todavía faltan muchísimos pasos”.
Y cuando llega el momento de hablar de promesas en caso de salir campeona, duda. pero desliza la idea: si levanta el trofeo en Buenos Aires, promete una cena argentina completa para todo su entorno. Milanesas, asado y postre con dulce de leche incluidos. “Y seguramente algún mate termine tomando también”, agrega.
Gemma, Delfi y el sueño del Obelisco
Gemma Triay ya sabe perfectamente lo que significa entrar a una cancha en Argentina al lado de Delfina Brea. Y todavía se emociona al recordarlo. “ El año pasado parecía que el estadio se caía”, recuerda. “Te lo juro. Fue una sensación impresionante”.
La #1 siente que el público argentino empuja como en ningún otro lado. “Son como un tercer jugador”, dice. “Por eso les pedimos que hagan ruido toda la semana”.
Y aunque reconoce que toda la cancha suele ir naturalmente con Delfi, también valora algo que considera fundamental: “ Nunca sentí una falta de respeto. Eso habla muy bien del público argentino”.
Gemma también está fascinada con la cultura local fuera de la pista. Sobre todo con la comida. “A nosotras nos encanta comer”, reconoce entre carcajadas. “Siempre celebramos con el equipo y la familia”. Por eso ya tiene clarísimo qué hará si consigue el título: “Voy a festejar con un costillar enorme. Y con un helado gigante porque todavía no probé el helado argentino”.
Pero la gran promesa llega después. Delfina ya había avisado que si salen campeonas quiere ir con el trofeo al Obelisco. Y Gemma se subió inmediatamente. “Obvio que me sumo. Voy haciendo el pino puente si hace falta”.
La imagen ya quedó instalada en la imaginación del torneo: Delfi y Gemma festejando en pleno centro porteño mientras el público argentino convierte el título en una fiesta.
El momento de entrar a la cancha
Las tres, con Brea, se presentan este jueves, en un debut directamente desde octavos de final con partidos y horarios a definir. Con mate o no, Cataratas que esperan o quedarán para otro viaje, las tres saben, confirmado, que deben poner toda la carne en el asador…







