La primera gran polémica del partido entre Río y Gimnasia llegó apenas a los 11 minutos del primer tiempo y encendió rápidamente el reclamo de todo el banco millonario. La acción tuvo como protagonistas a Ignacio Miramón y Matías Viña: el volante del Lobo frenó al lateral uruguayo con un fuerte antebrazo sobre el cuello y el mentónen una jugada que para muchos estuvo en el límite entre la amarilla y la expulsión directa.
Desde River no dudaron en protestar la decisión arbitral. La sensación general fue que la severidad del impacto y la zona del contacto podían justificar perfectamente una roja. Sobre todo porque la acción no fue un simple roce casual, sino un movimiento claro para detener el avance del jugador riverplatense utilizando el antebrazo en una zona de riesgo.
Sin embargo, el árbitro optó apenas por la amonestación y mantuvo el mismo criterio disciplinario que mostró durante buena parte del primer tiempo. Un nivel de valoración muy permisivo que también quedó expuesto minutos después, cuando Sebastián Driussi vio la amarilla por cortar una jugada en la mitad de la cancha, en una infracción considerablemente menos agresiva que la de Miramón sobre Viña.
Ese contraste fue justamente lo que más molestó en River. Porque mientras la acción sobre Viña parecía tener elementos suficientes para una sanción mayor, otras infracciones menores sí recibieron castigo inmediato. La decisión de no expulsar a Miramón terminó siendo coherente con el criterio bajo de disciplina que manejó el juez durante toda la etapa inicial, aunque eso no evitó que en el Monumental quedara instalada la polémica.
La jugada rápidamente se volvió tema de discusión tanto dentro como fuera de la canchacon futbolistas y cuerpo técnico de River reclamando una sanción ejemplar para una acción que consideraron peligrosa.
