
Antes de salir a la ruta, o hacer un viaje largo, revisar la presión de las ruedas puede ser tan importante como cargar combustible.
Aunque muchos conductores utilizan valores estándar sin demasiada precisión, en el ámbito de la seguridad vial remarcan que no existe una presión exacta para todos los autos.
La presión ideal de las ruedas depende del modelo del vehículo, el peso que transporta y el tipo de neumático. En líneas generales, para la mayoría de los autos medianos la presión recomendada para circular en ruta suele ubicarse entre 32 y 35 PSI, mientras que en SUV o vehículos más pesados puede ser algo superior.
El valor exacto indicado por el fabricante suele encontrarse en tres lugares: en una etiqueta en el marco interno de la puerta del conductor, en la tapa del tanque de combustible, o en el manual del usuario.
Además, si el auto viaja cargado con equipaje o varios pasajeros, generalmente se recomienda utilizar la presión máxima sugerida dentro de esos parámetros.
La medición debe hacerse siempre con las ruedas frías, es decir, antes de circular o tras recorrer menos de tres kilómetros. Cuando el neumático toma temperatura, la presión interna aumenta y puede alterar la lectura real.
Circular con menos aire del necesario puede provocar mayor consumo de combustible, deformaciones en la cubierta y hasta aumentar el riesgo de reventones en ruta.
En cambio, un neumático demasiado inflado pierde adherencia, desgasta el centro de la banda de rodamiento más rápido y vuelve al vehículo más inestable, especialmente en curvas o frenadas bruscas.
Por eso, la recomendación habitual antes de salir a la ruta es utilizar una presión apenas superior a la que se usa para el andar cotidiano, permitiendo soportar mejor la carga extra y las largas distancias.
La presión no es el único aspecto importante. Según el Automóvil Club Argentino (ACA), la profundidad del dibujo de la cubierta nunca debe ser inferior a 1,6 milímetros.
Mantener un dibujo adecuado mejora la adherencia tanto en asfalto seco como en lluvia y ayuda a reducir riesgos de aquaplaning o deslizamientos inesperados.
Además, se recomienda revisar regularmente la banda de rodamiento y los laterales de las cubiertas. Grietas, deformaciones o zonas desgastadas pueden anticipar problemas estructurales y obligar al reemplazo del neumático incluso cuando la presión es correcta.
Otro de los controles recomendados es la alineación y el balanceo, procedimientos que deberían realizarse cada 10.000 kilómetros para evitar desgastes irregulares y mejorar la estabilidad del vehículo.
Respecto al cambio de neumáticos, las recomendaciones generales indican reemplazarlos cada 60.000 kilómetros o entre los 5 y 10 años desde su fabricación, aunque el uso y el estado de los caminos pueden modificar esos plazos.
En definitiva, revisar las cubiertas antes de salir a la ruta lleva apenas unos minutos, pero puede marcar una diferencia enorme en seguridad, estabilidad y rendimiento durante el viaje.