19/05/2026 17:49hs.
Finalista de Libertadores. Campeón de la Sudamericana. Pasos por dos clubes grandes de Argentina. Dos ascensos a la Primera División. Y hasta se dio el lujo de emigrar durante una temporada a Europa. El CV de Nicolás Domingo es uno envidiable para muchísimos jugadores. Es que no cualquiera puede jugar durante nueve temporadas en River y disputar más de 80 partidos en la institución o ser la manija de uno de los mejores Independiente del siglo XXI.
En 2023 terminó su carrera dentro de las canchas. Y fue tres años después que le dio una continuidad a su vida futbolística, pero del otro lado de la línea de cal. Siempre estuvo mirado de reojo y como un “bicho raro” en los planteles por estudiar. Temperley resultó ser el club que le abrió las puertas para volcar todo ese conocimiento como director técnico, pese a no estar identificado con el club. En una charla con Olé, el volante repasó su carrera, sus ciclos en el Millonario, habló sobre el fútbol en la actualidad y hasta se animó a armar el mejor equipo con los compañeros que tuvo. Mirá.
Nico Domingo con Olé
-¿Por qué Temperley? La verdad es que yo, cuando me retiro, hacía mucho que quería ser entrenador, desde hacía varios años. Empecé a armar el cuerpo técnico, todo el proceso que hay que hacer, y las posibilidades que se me habían dado a mitad de año no se concretaron, eligieron otro entrenador. Obviamente, a veces dar ese primer paso con un entrenador novato no es fácil. Y cuando llegó fin de año apareció Temperley. La verdad que fue por convencimiento, porque si bien era la única posibilidad que tenía, sentía, y lo reafirmo hoy después de más de cuatro meses acá, que era el lugar indicado por cómo está el club, por la infraestructura, por la dirigencia, por la seriedad con la que se manejan. Estoy feliz de que un club donde yo no tengo historia me haya abierto las puertas.
– No tuviste entonces ese famoso problema de no saber qué hacer post retiro…
-Sí, para mí es lo que hice toda la vida. Empecé a jugar a los cuatro años, me vine a los 14 a la pensión de River. Hoy tengo 41 y miro para atrás y toda mi vida fue a través del fútbol. Siento que lo que me ayudó fue saber qué quería hacer, no importa qué. En este caso quería ser entrenador, pero creo que saber a dónde uno quiere ir es lo que te ayuda a extrañarlo menos o a soltarlo más fácil. El tema es cuando terminás y decís “¿y ahora qué?”. Para mí esa es la pregunta que uno tendría que hacerse antes incluso de llegar al final.
-¿Tenías miedo de no estar a la altura?
-Siempre. Obviamente hoy, que voy 13 partidos y cinco meses, sé que sigo en constante prueba. Sigo siendo un novato para mucha gente del fútbol. Cuando las cosas salen bien parece que está todo mejor y cuando no salen tan bien aparece el “todavía le falta”. Y es parte de esto. Yo estoy muy tranquilo con mis convicciones, con lo que aprendí del fútbol y con cómo lo quiero transmitir. A partir de eso, voy por las cosas con convencimiento total.
– ¿Cómo se convive con el resultadismo del fútbol argentino?
-Los que estamos en el fútbol, no importa el rol que ocupemos, sabemos que esto es parte del ambiente. Hay que aprender a convivir con eso. Yo siento que lo único que está a mi alcance es preparar la semana de la mejor manera, lograr que los futbolistas lo interpreten y lo puedan llevar a cabo. Después el resultado es incierto. Hay veces que me voy con bronca o fastidioso, pero también me voy en paz porque siento que trabajé conscientemente. Después hay una parte que ya no depende de mí.
-¿Y por qué no se respetan los procesos?
-Porque para cada hincha su club es el mejor del mundo. Cuando arranca una temporada o cada fin de semana, no importa cómo está el club o contra quién juega: hay que ganar. Todos quieren salir campeones o ascender. Entonces cuando las cosas no arrancan bien es difícil sostener los procesos, ya sea por la presión del hincha, de los medios partidarios o del periodismo. Y está bien que así sea, porque yo también hoy siento que el mejor club es este.
– ¿Por qué creés que los clubes están apostando cada vez por entrenadores más jóvenes?
-Para mí es el ciclo natural de la vida. Así como hace poco me tocó dejar de jugar, también todos vamos creciendo y aparecen generaciones nuevas. Los futbolistas de hoy no son los mismos de hace 20 años. A veces el entrenador queda lejos de esos jóvenes y algunos clubes apuestan por experiencia, mientras que otros apuestan por sangre joven. Yo agradezco que nos den oportunidades y después depende de nosotros aprovecharlas.
– ¿Creés que ven el fútbol de distinta manera por una cuestión generacional o más por estar cerca del futbolista en edad?
-No sé si tengo una respuesta exacta. El fútbol evolucionó, pero sigue siendo el mismo. Ni lo de antes estaba mal ni lo de ahora está bien. Creo que es entender el momento del equipo y los futbolistas que tenés. Todo entrenador tiene una idea, pero muchas veces tiene que adaptarse a lo que hay. Y en una categoría tan pareja, con tantos viajes y partidos difíciles, el que mejor se adapta es el que mejor progresa.
– ¿En quién te basaste para tu forma de dirigir?
-Creo que de todos aprendí algo. No hay uno del que diga “quiero ser exactamente como él”. De algunos aprendí estrategias, de otros conducción, afinidad con los jugadores, templanza. Pero de todos rescato la vocación de ganar. Eso es algo que les inculco a mis jugadores desde que llegué a Temperley: nosotros acá vinimos a ganar. Muchas veces no va a pasar, pero salimos a jugar para ganar.
– ¿Hubo alguno de esos técnicos que te marcó más?
-Tuve grandes entrenadores: Gallardo, Simeone, Almeyda, fui sparring de la selección de Bielsa casi tres años, Holan. De todos aprendí. También aprendí cosas que no me gustaron y que intento no repetir. Obviamente cometeré errores, porque no es fácil acertar siempre. Muchas veces al entrenador se lo juzga con el diario del lunes y el resultado puesto, pero trato de manejarme con profesionalismo, honestidad y respeto.
– ¿Te quedó esa espinita de haber jugado en la Selección?
-Sí y no. Cuando uno es chico sueña en grande, pero después también es importante ser realista. Nunca tuve nivel de selección, y eso no significa que no esté feliz con la carrera que hice. Logré muchísimo más de lo que imaginaba. Si me decían de chico que iba a hacer esta carrera, la firmaba diez veces.
– ¿Qué me podés decir de Europa? Te tocó jugar en el Genoa.
-Aprendí muchísimo. Me fui solo, a otro idioma, y me costó. Siento que si me hubiese tocado uno o dos años después quizás lo aprovechaba mejor. Con el tiempo lo valoré más, pero sin dudas me hizo crecer mucho.
-¿Cómo es jugar tanto tiempo en River?
Para mí pasar de Totoras a River fue una locura. Venía de un pueblo muy chico y llegué a una ciudad enorme, con muchísima competitividad. Llegar a Primera en el club donde me formé, estudié y hasta trabajé en las oficinas era lo máximo. Fui muy feliz. Incluso cuando River me dejó libre y años después volvió a comprarme desde Banfield, sentí que tuve que reinventarme. Todo eso me forjó una mentalidad de insistir siempre, de no claudicar.
– ¿Cómo fue vivir el descenso?
-No me olvido más. Estaba jugando la final de la Libertadores con Peñarol y en el entretiempo le pregunté a Marcelo Benedetto cómo iba River en Córdoba. Imaginate lo que significaba River para mí. Volví lleno de amor, yo soy un agradecido a River, hay mucha gente que puede opinar lo que quiera, si me dio o no me dio, si estuve a la altura o no estuve a la altura. Yo sé cómo me brindé, yo sé lo que di, yo sé lo que me he esforzado, lo que he trabajado y todo el profesionalismo que le puse al club. A mí eso me deja tranquilo, después cuando te va bien o te va mal también hay un montón de otras situaciones, seguramente si el equipo juega mejor y todos vamos a jugar mejor. Yo fui feliz siendo parte de, aportando mi granito de arena.
-¿Cómo es jugar una final de Libertadores y encima contra Neymar?
-Una locura. Esa copa la jugué con un equipo muy copero como Peñarol. Lo disfruté muchísimo y aprendí mucho también. Teníamos un grupo de hombres muy maduros, con muchísima experiencia, y eso me hizo crecer.
-Si volvieras a empezar tu carrera hoy, ¿cambiarías algo?
-Sí, creo que hubiera trabajado más con psicólogo deportivo. Como jugador tuve algunas charlas puntuales, pero no lo hice rutina. Hoy como entrenador ya trabajo con uno porque siento que la parte mental es muy importante, sobre todo en el mundo actual, donde todo se viraliza y todos opinan sobre si sos bueno o malo.
– ¿Cómo se te miraba en el fútbol por estudiar?
-En la pensión era medio el bicho raro. Pero era por una cuestión familiar. En mi casa la condición era que si no estudiaba, me volvía. Terminé el secundario entrenando a la mañana, yendo a quinto año y trabajando en las oficinas del club. Arrancaba a las siete y media de la mañana y terminaba a las ocho de la noche. Después hice la carrera de dirigente deportivo. Para mí la cabeza es tan importante como los pies o los pulmones. Cuanto mejor entendés el juego, mejor lo jugás.
-¿Creés que eso te ayudó a mantenerte tanto tiempo?
Muchísimo. Yo no era un futbolista súper virtuoso o vistoso. Era un jugador correcto, inteligente, aplicado, que entendía sus limitaciones. Entender de táctica me ayudó a correr mejor, a estar mejor ubicado y a resolver situaciones desde la comprensión del juego.
-¿A los chicos de Temperley les dirías que estudien?
-Sí, no solo a los de Temperley, a todos los chicos del fútbol. Porque son muchísimos los que quieren ser futbolistas y muy pocos los que llegan. Y menos todavía los que pueden vivir de esto. Entonces, si a los 18 o 20 años te quedás sin club, tenés que tener otras herramientas. Yo siempre digo que primero soy persona y después entrenador. Soy padre, marido, hijo, hermano. Cuando entendemos que el fútbol no es lo único, también le sacamos un poco de presión a todo.
-¿Querés ser dirigente en algún momento?
-Hoy no. No me veo como dirigente, representante o director deportivo. Quizás en 15 años cambie, pero hoy me gusta el campo, estar con los futbolistas y con la pelota. Es lo que más se acerca a ser jugador y lo estoy disfrutando mucho.
-Jugaste en Independiente después de River, ¿lo sentiste como una revancha?
-Sí, porque era otro grande del país y llegaba a un club con muchísima exigencia. Venía de no jugar mucho en River y con 32 años ya me miraban un poco de reojo. Pero fueron dos años y medio increíbles. Si tengo que dividir mi carrera por etapas, siento que esos años fueron los mejores.
-¿Qué me podés decir de ese Independiente de Holan?
-Siento que ganábamos por demolición. No nos podían sostener el ritmo. Estábamos muy conectados entre jugadores, cuerpo técnico y club. Cuando todo eso congenia, las cosas fluyen y todo se hace más fácil.
– ¿Cómo es hacer un Maracanazo?
-Eterno. Lo defino con esa palabra: eterno.
– ¿Con cuál te quedás, el Independiente de Holan o el River de Gallardo?
-Es una respuesta difícil porque en los mejores River de Gallardo yo no fui parte. Cuando River ganó la Libertadores en 2015 o en Madrid yo no estaba. En cambio, en el Independiente de Holan sí fui protagonista, entonces me siento más identificado con eso.
-Siempre llegaste a equipos que después tuvieron grandes momentos. ¿Sentís que en River te faltó timing?
-Sí, puede ser. Tanto antes como después de mí, River ganó muchísimo. A nosotros nos tocó ganar la Recopa y la Copa Argentina, pero no las grandes conquistas que llegaron después. A veces el fútbol tiene esas cosas.
– Si tuvieras que describir tu carrera en una oración, ¿qué dirías?
-Que la disfruté muchísimo, que fui feliz y que la atesoro mucho. Ya quedó en el cajón de los recuerdos y eso no me lo saca nadie.
– ¿Y ahora como entrenador querés replicar eso?
-Sí, y ojalá que más. Siempre hay que ir por más. Hoy estoy dando mis primeros pasos y tengo que hacerlo con cautela, pero siempre soñando en grande.
– ¿Te animás a armar el mejor equipo con los compañeros que tuviste?
-Voy a usar un 4-2-3-1. Me meto a mí como la manija del equipo. En el arco, Campaña. Voy a decir el equipo por los momentos con los que estuve y también por trayectoria. De 4, Montiel. Los centrales, Jony Maidana y Amorebieta. De 3, Tagliafico. En el doble cinco, Ponzio y me pongo yo. Por izquierda, Barco. De enganche, Ortega. Por derecha, Buonanotte. Y arriba, Cavenaghi.
El DT de Temperley habló con Olé






