Imputado este miércoles en Miami por los delitos de asesinato, conspiración para matar a estadounidenses y destrucción de aeronaves en aguas internacionales, y por la muerte de cuatro aviadores de la organización del exilio cubano, Hermanos al Rescate, el hermano menor de Fidel Castro y también ex presidente de Cuba se une a la lista de líderes latinoamericanos acusados por la Justicia de los Estados Unidos
Es por uno de los episodios más calientes de la Guerra Fría entre Washington y La Habana, y ocurrido hace casi 30 años, cuando, el 24 de febrero de 1996, tres pequeños aviones civiles Cessna, despegaron desde un aeropuerto del área de Miami, operados por los exiliados que entonces buscaban cubanos que huían de la isla en balsas, el fenómeno de los llamados balseros.
Dos de las aeronaves fueron derribadas por un caza cubano, los emblemáticos MIG construidos en la desaparecida Unión Soviética, y causaron la muerte de cuatro personas, tres de ellas con nacionalidad estadounidense. Raúl Castro, para entonces Ministro de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (Defensa), cargo que ejerció en paralelo a otros -fue vicepresidente de Fidel Castro- hasta 2008 cuando, con la muerte de su hermano asumió como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba. Hoy el presidente es Miguel Díaz Canel.
Los muertos de Hermanos al Rescate eran: Carlos Costa, Armando Alejandre Junior, Mario de la Peña y Pablo Morales.
De la lectura efectuada en los archivos desclasificados por Estados Unidos sobre aquel trágico incidente, y volcados en el Archivo Nacional de Seguridad de ese país (el National Security Archive) de la George Washington University Clarín obtuvo datos curiosos para el lector argentino. Entre ellos que ya un mes antes de que los cazas cubanos derribaran a los dos Cessna desarmados frente a las costas de la isla, un funcionario de la Administración Federal de Aviación (FAA) advirtió sobre las “nuevas provocaciones al gobierno cubano” por parte de los sobrevuelos de los Hermanos al Rescate (Brothers to the Rescue, BTTR) y sobre la preocupación del Departamento de Estado ante un “peor escenario posible” en el que “algún día los cubanos derriben uno de estos aviones y la FAA tenga que tener todo perfectamente preparado”.
Una imagen del archivo nacional de seguridad.De acuerdo a esos archivos que tomaron información de memos, correos y otros documentos, los funcionarios de la administración demócrata de Bill Clinton tenían ya preocupación por las “incursiones reiteradas en el espacio aéreo cubano” y que estas provocaran una crisis por “fuego desde tierra” en Cuba, según reza el resumen de una reunión realizada en agosto de 1995 en la Casa Blanca.
Los cubanos los acusaban de entrar en al espacio aéreo para lanzar panfletos llamado a la rebelión contra el régimen dominado por el Partido Comunista y los hermanos Castro.
Al momento del derribo de las avionetas, Raúl Castro era entonces la máxima autoridad dentro de la cadena de mando militar de la dictadura de Fidel Castro.
De acuerdo a los registros de la FAA publicados por el Archivo de Seguridad Nacional en la previa del derribo hay algunos destalles como los siguientes:
“Desde un año antes del derribo, el gobierno cubano presentó múltiples protestas por reiteradas violaciones de su espacio aéreo por parte de aviones de BTTR que sobrevolaban zonas pobladas y arrojaban miles de panfletos y otros materiales llamando a una insurrección popular contra el gobierno.
Fotografías de dos de los integrantes de la organización Hermanos al Rescate ocupantes del avión derribado por la Fuerza Aérea Cubana. Foto EFELa FAA abrió una extensa investigación, se reunió con el presidente de BTTR, José Basulto -que decía haber participado en la frustrada invasión cubanoestadounidense por Bahía de Cochinos en 1961-, y le advirtió en múltiples ocasiones que dejara de realizar sus provocaciones y “desafíos” al gobierno cubano. La agencia tomó medidas para suspender su licencia de piloto, pero le permitió seguir volando, incluso cuando presentó reiteradamente planes de vuelo falsos.
Altos funcionarios estadounidenses, entre ellos el asesor de la Casa Blanca para temas cubanos Richard Nuccio, el subsecretario de Estado Peter Tarnoff y el secretario de Transporte Federico Peña, expresaron reiteradamente ante la FAA su preocupación de que los vuelos de BTTR debían ser suspendidos de manera permanente y advirtieron repetidamente que las líneas rojas de Cuba para proteger su seguridad debían ser tomadas en serio.
Sus intentos de presionar a la FAA para “cortarle las alas” a Basulto fracasaron. Recién después del derribo, la FAA emitió una orden formal de “cese y desistimiento” contra Basulto por lo que describió como operaciones “descuidadas o imprudentes” que “ponen en peligro la vida o la propiedad de terceros”.
De acuerdo a documentales vistos por este diario y por la información de la época, José Basulto negó haber planeado arrojar panfletos el día del derribo, pero seguía defendiendo su derecho de ingresar a Cuba por ser su país natal de la forma que quisiera.
Fotografías de dos de los cuatro miembros de la organización Hermanos al Rescate ocupantes del avión derribado por la Fuerza Aérea Cubana. Foto EFEEl 24 de febrero de 1996, tres avionetas de Brothers to the Rescue partieron desde Florida rumbo a Cuba. Antes de ingresar a la zona de identificación aérea cubana, controladores de La Habana le advirtieron a Basulto que estaba “asumiendo un riesgo”. Y él respondió: “Estamos listos para hacerlo como cubanos libres”.
Un rato después, cazas MiG-29 cubanos derribaron dos de los Cessna y mataron a cuatro personas. Según grabaciones citadas por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), un piloto cubano dijo tras el ataque: “Este ya no nos va a joder más” y luego “Patria o muerte”. El tercer avión logró regresar a Florida.
La OACI concluyó luego que los aviones fueron derribados sobre aguas internacionales y sostuvo que Cuba violó normas internacionales al atacar aeronaves civiles sin intentar antes medidas de advertencia o intercepción no letales.
Cuba en cambio defendió el operativo alegando violaciones a su soberanía, Fidel Castro admitió después que había dado órdenes generales para impedir nuevas incursiones aéreas sobre la isla. Estados Unidos respondió endureciendo sanciones contra Cuba y suspendiendo vuelos chárter hacia la isla bajo la presidencia de Bill Clinton. Por ejemplo, se aprobó la llamada Ley Helms-Burton en Estados Unidos, luego promulgada, que endureció más las sanciones de Washington contra la isla.