
Con The Game, Queen, por suerte, enterró Rapsodia Bohemia. Freddie Mercury cambia la operística por las motos y los mostachos. Empezaba la década del ’80. Para sus seguidores esa imagen fue lo más parecido a los integrantes de Kiss despintados y actuando como simples y mortales rockeros.
Hasta entonces a Queen no le salía nada que no fuera señorial y pareciera arrancado de la corte del Rey Arturo. Como pasa con casi todos los grupos surgidos en los ’70, los ’80 significaron tiempos de cambio. La orden era cortate el pelo y las uñas y dejale el look y los cosméticos a Boy George. Así arranca el Queen onda new wave con camperas de cuero al estilo de los años ’50.
The Game fue lo último interesante que pasó con la banda. Hablamos de Cosita loca llamada amor. Del único disco exitoso en los Estados Unidos. Después podríamos rescatar, y hasta ahí, The Works, su undécimo trabajo. Radio Ga Ga se convirtió en el primer -y lamentable- corte de difusión. Queen, para entonces, ya era el recuerdo de una gran banda que atravesaba su última década a los tumbos.
Aunque podría inferirse que desde ese momento Queen dejó de existir hasta la muerte de su célebre cantante, hubo bastante más: el 2 de junio de 1986 salió a la venta el irritante A Kind of Magic. La antigua inercia de la novedad lo llevó al primer lugar de las listas del Reino Unido. Ese entusiasmo se vio reflejado en el estadio Wembley de Londres, con dos presentaciones el 11 y 12 de julio, donde metieron cerca de 150 mil personas.
Sus desoladores sintetizadores. Lo no logrado en temas como Gimme the Prize. La infumable Who Wants to Live Forever. La magia del Mago sin Dientes. A Kind of Magic suena a Tupperware. El fan de Queen no dice que es un disco «odiado», pero prefiere obviarlo por frío, por un pop con energía de playback, por canciones de ridícula psicodelia como Don’t Lose Your Head o por la producción genérica de Pain Is So Close To Pleasure, sin dudas uno de los tres peores.
De ese álbum salió el tema principal de la película Highlander. A Kind of Magic es básicamente una especie de banda sonora. Su hit homónimo, que bien podría ser de Pipo Pescador, solo puede tener algún sentido por la pujanza del bajo. Por lo demás, es como si le hubieran chupado el alma a todo el sonido característico de Queen. Resultado: casi tan malo como su otro álbum de banda sonora, Flash Gordon.
Se salvan Princes Of The Universe, un guiño al Queen del pasado, y One Vision, que hasta merecerían ser singles de algún otro álbum. Por la tapa, se ha llegado a pensar que A Kind of Magic era un Queen for Babies. En el mejor de los casos, un disco para disfrutar con placer culposo. O si te llegara a encantar Highlander.
Suena como si el grupo hubiera estado apurado por volver a tocar en el estadio de Wembley. Como una tierna excusa para seguir diciendo presente. A Kind of Magic dio pie al Magic Tour, la última gran gira de la banda.
Lástima su existencia, porque The Game había sido lo mejor que le pasó a Queen en su vida popular. Temas lindos, pegadizos y hasta pícaros para un cuarteto de corte académico. La historia dirá que gracias a John Deacon, que se retiró de la música cual futbolista maduro, Queen sonó en el mítico Studio 54 de Nueva York. Otro muerde el polvo (Another One Bites the Dust) se transformó en un hit internacional e instantáneo. Y es de Deacon.
Envejeció mal A Kind of Magic. No vale la pena rendirle un homenaje. Canciones de relleno. Desintegración de la identidad. Un paso en falso -otro- entre los errores no forzados del Queen ochentoso.