
Hace menos de un año, la relación entre Núñez y la parte blanca y celeste de Avellaneda se rompió, al igual que el famoso pacto de caballeros con respecto a las ejecuciones de la cláusula de rescisión en el fútbol argentino. La salida de Maxi Salas de Carreras ante el pedido imperioso de Marcelo Gallardo de tenerlo en Río terminó siendo una novela tensa, polémica, con frases picantes y onerosa, con un depósito de 8M de euros y la ilusión, por las condiciones específicas que podía ofrecer, de que sea el nuevo Lucas Pratto. Sin embargo, el #7 pasó de llegar como una carta ganadora a una de descarteal punto de que ya sabe que su futuro estará lejos de Núñez, formando parte de la limpieza del plantel que iniciaron Eduardo Coudet y la dirigencia.
Aquel festejo a lo Matador Salas contra Platense que hizo delirar al Monumentallos videos virales que l o comparaban con Ousmane Dembelé por su aceleración de 0 a 100 desde el borde del área grande para presionar la salida del rival y aquella ley de ex contra la Academia por Copa Argentina forman parte de los puntuales gratos momentos del correntino, que estuvo lejos de ser aquel socio deluxe de Maravilla Martínez y que no se transformó en el «jugador de rol» que pretendía el Muñeco en los metros finales de la cancha.
Analizando que ni Driussi, ni Colidio ni Borja cuentan con la potencia, intensidad y sacrificio que forman parte de sus virtudes, tanto el cuerpo técnico de MG como la anterior dirigencia sabían que difícilmente iban a poder amortizar la inversión por el delanteropero, como pasó con el Oso, que llegó a los 29 pirulos, apostaban a invertir para que dejara las ganancias en la cancha. Pero eso no sucedió y con el correr que los días fue aumentando la deuda.
Recordando el apodo de «Pizzero» que ganó trascendencia en redes por el posteo de un hincha de Racing y que Facundo Cambeses le inculcó dentro de la intimidad, la masa se le quemó. El zurdo pasó de la voracidad a la intrascendencia en muchos partidos, perdió protagonismo con el propio Muñeco que tanto lo quería, llegó a estar 171 días sin poder convertir, como si aquel festejo a la Academia hubiera dado lugar al inicio de una maldición.
Si bien con Coudet tuvo oportunidades y, al margen de la suspensión de dos partidos internacionales, jugó los restantes cuatro compromisos, aquel golazo contra Carabobo en Venezuela no tuvo el impacto esperado. Pudo ser el de la resurrección, pero pasó desapercibido en el arranque de los playoffs con San Lorenzoal punto que no jugó ante Gimnasia y Central y apenas sumó los últimos segundos en el Kempes vs. Belgrano.
Resistido por los hinchas en el Monumental, el penal errado contra Blooming pesó más que el gol -con complicidad del arquero- que anotó minutos después. «A veces no salen las cosas y hay que seguir intentando. Cuando uno trabaja con humildad puede conseguir todo, estoy convencido de eso»expresó en medio de la despedida del semestre que, ahora, todo indica que fue su último juego en Núñez.
Al igual que los casos de Giuliano Galoppo, Paulo Díaz y Lautaro RiveroPablo Longoria, encargado de las salidas, le comunicó la decisión y entre las partes buscarán una oferta que a River le permita recuperar la mayor parte posible del monto invertido al momento de la firma hasta diciembre de 2029.