
Muchas personas manifiestan que suelen trabajar a destajo de lunes a viernes, con energía a pleno y sin descuidar su rendimiento ni ninguno de sus compromisos. El sábado, en cambio, amanecen con un cansancio imposible de sobrellevar, resfríos repentinos, migrañas o dolores de cabeza demasiado fuertes.
La primera explicación puede ser que se trata de mala suerte o timing errado. Pero la neuropsicóloga española Marta Jiménez despeja las dudas.
“En realidad, estas reacciones se deben a un fenómeno neurobiológico real. El cuerpo no se enferma porque el fin de semana sea malo. Se enferma porque estuvo utilizando su propia química interna como un escudo artificial para estirar los límites y el precio a pagar llega al relajarse”, posteó en su cuenta de Instagram que cuenta con 40.000 seguidores.
“Sucede entre quienes presentan esta manifestación que durante la semana el cerebro se mantiene en modo supervivencia inyectando cortisol y adrenalina. El cortisol funciona como un escudo inmune: congela la inflamación y esconde los síntomas para que sigas rindiendo”.
“Pero el viernes por la noche el cuerpo se relaja, los indicadores de estrés caen en picada, el escudo desaparece y el cuerpo sufre un sobresalto. Los vasos sanguíneos se dilatan de golpe -y dan paso a las migrañas– y el sistema inmune se enciende tarde”, completa.
Jiménez, además, amplía los mecanismos que tiene el cuerpo ante las maratones laborales. En esos momentos, “el cuerpo interpreta la alta demanda de ocupaciones como una situación de supervivencia. Para mantenerse en pie, activa distintos mecanismos de excepción”.
“Al disminuir la tensión, el cuerpo dice basta y obliga a reponerse de ese desgaste inusual”.
Cómo pasar del “descanso hospitalario” a un tiempo libre placentero y reparador
Para nadie es gratificante pasar en cama o sin fuerzas ni ánimo para nada el poco tiempo libre semanal. “Para un porcentaje amplio de personas, el descanso se vuelve a algo semejante a una hospitalización casera”, ejemplifica Jiménez.
La necesidad, entonces, es salir de este loop. Para ellos, es necesaria la incorporación de estrategias más eficientes y que permitan gestionar la energía metabólica. “La clave es engañar a la biología, regulando los picos de estrés durante la semana”, sugiere.
Al mismo tiempo, para ampliar los niveles de bienestar, Jiménez advierte sobre el peligro que genera la “preocupación constante”.
“Esta es la trampa mental que más sufrimiento genera: creer que cuanto más te preocupás, más control tenés”, sugiere la neuropsicóloga.
“Asociamos erróneamente que anticipar todos los escenarios y estar en alerta constante, va a cambiar lo que ocurra, pero no. No hay forma de prevenir ni evitar nada que no dependa de vos”, continúa. El resultado, en cambio, será únicamente agotamiento.