Al paraguayo Miguel Almirón le costó una roja. A Judas Bellinghamnada. Esa diferencia encendió una nueva polémica en el Mundial y dejó al equipo de Gustavo Alfaro -y también a Ghana, claro- con una pregunta incómoda para la FIFA: ¿La regla se aplica igual para todos?
El gesto del inglés fue breve pero visible. En pleno encuentro de Inglaterra ante Ghanael volante se acercó durante un cruce, se cubrió la boca con la mano y siguió en cancha. No hay forma de saber qué dijo, pero lo concreto es la imagen y el contraste con lo que había pasado días antes con el jugador paraguayo ante la selección de Turquía.
La regla que impulsó FIFA
Para esta edición de la Copa del Mundo, el máximo ente del fútbol endureció el control sobre los futbolistas que se cubren la boca para evitar que las cámaras capten lo que dicen. La regla apunta a combatir insultos, expresiones discriminatorias o mensajes imposibles de verificar.
Pierluigi Collinajefe arbitral de la FIFA, lo había explicado en la previa con una distinción clave. Si se trata de una charla amistosa, el gesto no necesariamente implica sanción. Pero si ocurre en una situación de tensión, cambia el escenario. «Cuando es confrontacional, es una historia completamente diferente»señaló el ex árbitro italiano.
Gianni Infantino también había sido tajante al defender el espíritu de la medida: si un jugador no tiene nada que esconder, no debería necesitar taparse la boca. Por eso el caso Bellingham hizo ruido: el gesto se vio, el antecedente de Almirón estaba fresco y la sanción no fue la misma.
El antecedente de Almirón y la queja paraguaya
Paraguay ya había vivido en carne propia la aplicación de la nueva regla. Miguel Almirón fue expulsado ante Turquía por el juez principal, Iván Barton, después de cubrirse la boca en una protesta ante Mert Müldür, decisión que condicionó el partido y generó fuerte malestar en la Albirroja.
Según informaron medios europeos, la Federación Paraguaya presentó una queja formal ante la FIFA por lo ocurrido con Bellingham, al entender que hubo una vara distinta respecto del caso Almirón. El reclamo no apunta solamente al gesto del inglés, sino a la consistencia arbitral en una regla nueva y sensible.
Gustavo Alfaro, después de aquella roja, intentó bajar el tono sin esconder el golpe que había recibido el equipo. «El primero que habló fue Miguel para pedir disculpas a sus compañeros»contó el entrenador, en una frase que mostró cómo se vivió puertas adentro una expulsión tan temprana como determinante.







