
Kevin Sweeney tiene 15 años e integra el 2% de la población con mayor coeficiente intelectual, tras obtener 162 puntos en una prueba aceptada por Mensa, la asociación internacional para personas con altas capacidades intelectuales.
Ese puntaje es superior al coeficiente intelectual que suele atribuirse a Stephen Hawking (160).
Cuando tenía 11 años, Kevin, quien había sido diagnosticado con TEA, fue aceptado en Mensa luego de obtener 162 puntos en una prueba de inteligencia reconocida por la organización. Cuatro años después, continúa siendo uno de los integrantes más jóvenes de la asociación con ese nivel de desempeño intelectual.
Según distintas escalas utilizadas para medir el coeficiente intelectual, un puntaje cercano a 100 representa el promedio de la población, mientras que resultados superiores a 130 suelen considerarse de altas capacidades intelectuales.
«Significaba mucho más para él de lo que pensábamos”, dijo su padre, Eddie, de 40 años, al recordar el día en que Kevin conoció su puntaje en el examen intelectual. El niño había viajado junto a sus padres a Edimburgo, donde fue sometido a una prueba que medía su capacidad.
«Kevin se puso a correr por el jardín cuando obtuvo el puntaje», contó su papá en Daily Mail. Ellos creen que este reconocimiento podrá abrirle nuevas oportunidades académicas y profesionales. “La vida tiene muchos desafíos para Kevin y realmente queremos ayudar a maximizar su potencial y darle todas las oportunidades”, expresaron.
Laura, la madre del adolescente, contó que desde muy pequeño advirtió las capacidades excepcionales de su hijo. Aunque creyeron que podría estar presionado por el entorno de gente grande, remarcaron que estaba tranquilo y que hablaba con todos.
«Obtuvo el puntaje máximo posible para alguien de su edad. Todos los demás participantes eran adultos», recordó.
Entre las anécdotas familiares, Eddie recuerda que Kevin respondió correctamente una pregunta del programa «¿Quién quiere ser millonario?» valorada en 250.000 libras incluso antes de escuchar las opciones.
Sus padres aseguran que desde muy pequeño notaron que tenía capacidades poco comunes.
Aprendió a leer antes de comenzar la escuela primaria y, con apenas seis años, ya había memorizado la tabla periódica. Si alguien mencionaba un número atómico, podía identificar el elemento correspondiente junto con su símbolo y su peso atómico.
También aprendió desde pequeño a tocar la flauta, el piano y la guitarra, y desarrolló un amplio conocimiento sobre la saga Harry Potter.
Kevin es además un apasionado de los concursos de preguntas y respuestas.
«Puedo ver un programa entero y no acertar casi ninguna respuesta porque las preguntas son muy difíciles. Kevin, en cambio, conoce la mayoría», contó su padre.
Laura recuerda otra anécdota relacionada con Harry Potter. Durante un programa de televisión se mencionó un dato incorrecto sobre uno de los libros. Kevin aseguró que la respuesta estaba equivocada, subió rápidamente a su habitación, encontró el pasaje exacto y demostró que la película había modificado ese detalle respecto de la obra original.
Kevin asistió a la escuela Lochgelly West Primary School, en Escocia. Durante la primaria integró el equipo académico de su institución y llegó a competir en las finales regionales del Rotary Club Primary School Quiz.
A pesar de sus capacidades intelectuales, sus padres decidieron que continuara cursando sus estudios en la escuela pública local junto a otros niños de su edad.
La historia de Kevin continúa despertando interés por su extraordinaria capacidad para procesar información, establecer conexiones y recordar datos con gran precisión. Mientras avanza en su formación académica, su familia asegura que su principal objetivo es brindarle un entorno que le permita desarrollar plenamente su potencial.