
Tenía que sacarse la mufa de algún modo. Porque los delanteros viven de eso. El gol les cambia el ánimo, los potencia, los libera. Lautaro Martínez se dio el gustazo de meter su primer gol en una Copa del Mundo para el 2-0 de Argentina contra Jordania.
En Qatar no se le había alineado todos los planetas. No llegaba al 100% físicamente y en el debut contra Arabia Saudita, le anularon dos goles por posición adelantado. Luego, la historia terminó con Julián Alvarez entrando en su lugar en un nivel superlativo y así quedándose con la titularidad.
El Mundial 2026 lo había empezado con todo su empuje pero medio a contramano del equipo. Como si no enganchara la misma frecuencia. Dejando todo, picando al vacío, metiendo las diagonales pero sin encontrar esa chance que lo potenciara.
Jordania abría un desafío diferente porque jugaría junto con Julián Alvarez. Scaloni decidió probar esa variante. Es cierto, sin Messi ni Almada en cancha pero con Nico Paz y Lo Celso cumpliendo las mismas funciones. El partido, se notaba, dependía de cuándo Argentina acerlerara un poco. Y cuando lo hizo, llegó un buen centro de Tagliafico y Lautaro, con zurda, la enganchó rompiendo el travesaño. ¿Otra vez se quedaba con las ganas? El rebote salió para el medio y Senesi se comió un patadón cuando la fue a buscar de cabeza. Penal.
El Toro sabía que era el momento. Su momento. No dudó y sacó un derechazo cruzado potente a la red. Y así lo gritó, así lo gritaron todos porque sabían que no era un gol más.