Si las redes lo dicen, es verdad. La lógica que impera, y que suele fallar constantemente, aplica a la pasión argentina: en ese reel publicado por Olé que ya ha superado el 1,3 millón de reproducciones en poco más de 24 horas quedó digitalizada la pasión que se está viviendo en el Heartland de los Estados Unidos.
La plaga importada que ya ha movido en la fase de grupos a 210.313 fanáticos de los 4,6 millones de espectadores que FIFA comunicó se repartieron en los 72 partidos del torneo. Cifra que subirá en alrededor de un tercio en Miami, sin contar los “banderazous”, el clamor popular que mezcla pogo ricotero con murga y carnaval que no sólo atrajo a los peregrinos que viajaron a ver a la Selección: también a los yanquis, que se están enamorando del lado B de la pelota. Que empezaron a entender de qué se trata.
Argentina está protagonizando el boom de las importaciones: no sólo los nacidos en la tierra más austral del Cono Sur andan recorriendo las calles de Kansas City -cada vez menos- o de Dallas -todavía quedan algunos que no sacaron su boleto a Miami o Fort Lauderdale.
El Power and Light District del centro de KC, una especie de Naciones Unidas de la pelota con música en vivo, pantalla gigante y hasta cervezas niponas, Argentina tira. Hay ecuatorianos, peruanos y hasta chilenos con la #10 de Messi. Pero también estadounidenses fanáticos del #10figura de culto que le compite en popularidad a Patrick Mahomes, mariscal de campo de los Chiefs, a Bobby White Jr -de los KC Royals de béisbol- y en algunos casos, hasta a Mickey Mouse.
“Vine de China, hice 20 horas de viaje para ver a Messi”. “Soy japonesa, pero hincho por Argentina por Messi”. “Soy Mexicano y también Messicano”. “Hemos volado desde Vietnam por él”. Los mensajes se repiten en cada partido. Hay variedad de acentos, de historias. Amigos que están por su quinto Mundial, otros que vinieron solos acompañados por un muñeco que simboliza a un ser querido perdido que acompaña desde el sentimiento. Hay invitados por marcas, hay gente con entrada VVIP (sí: Very VIP) y otros que se la jugaron para cazar oportunidades en la tierra de la libertad.
El fenómeno popular atraviesa a los amantes de los deportes más icónicos de este país, una tierra que ha tomado consciencia de la inconsciencia made in Argentina. El primer pantallazo fue Mill Creek Park: entre foodtrucks, motorhomes y parrillas improvisadas con choripanes y patys valuados en dólares, Kansas City aprendió que los argentos pueden cruzar mal la calle y no respetar los STOP pero hacen fiestas impresionantes al aire libre.
En Texas, se potenció el fenómeno: de la fiesta en la previa al 2-0 ante Austria, con un banderazo con decenas de miles de hinchas luciendo trapos identificados con Huracán Las Heras, Atlanta, Banfield, Almirante, Colegiales… Pero también con Diego y Messi, íconos del culto creciente.
El mismo fenómeno que en las horas previas al 3-1 ante Jordania llevó a centenares de personas identificadas con la camiseta albiceleste a recorrer el Downtown de Dallas con 41°C de térmicaal ritmo de la Cumbia de los Trapos en el gigantesco Eyeboretum, copando el restó italiano ubicado a 500 pies del hotel de la Selección para aprovechar el menú variado, el wifi y el aire acondicionado. Hay argentinos en los rodeos. Hay argentinos en las paradas de los tranvías. Hay argentinos comiendo barbacoa o sushi. Hay argentinos. Muchos. Pero pocos para lo que vendrá.
Porque Miami será una especie de punto de encuentro. Un HUB en el que se reunirán los que ya hace tiempo están en la costa de La Florida, haciendo previas y viendo los partidos en los Fan Fest y en la playa. Los que comparten reels a través de sus redes refrendando que allí está la capital del amor por la Selección, a algunos kilómetros de donde Lionel Messi ha hecho base e historia con Inter Miami.
El próximo banderazo será de otra escala: allí no se prevén ni miles, ni decenas de miles, sino cientos. La playa será, posiblemente, la rambla donde llegará el bombo del Tula, el redoblante del Indio, las casas rodantes tuneadas con el Diegolos trapos de Messi, los chinos, los bangladesíes -incluso hay quienes han volado durante horas, combatiendo el jet lag para ver a la Argentina. Todos.
Para un partido que promete otro full house, con 64.478 tickets vendidos. Lo que llevará a la Selección a rozar los 280 mil hinchas en cancha alentando. Único. Inédito. Esperado, sí, pero que no deja de sorprender. En vivo o por las redes.





