
Entre bibliotecas abarrotadas de libros del autor de terror más prolífico de la historia, ediciones raras y joyas de coleccionista, sólo podía nacer un escritor. Y Ariel Bosi, que desde hace décadas se dedica a analizar e inventariar la larguísima carrera de Stephen King desde su casa en Adrogué, es prueba de esto.
Si bien comenzó a escribir sus propias historias casi al mismo tiempo que arrancó a leer, a medida que fue creciendo algunas inseguridades y «cierto síndrome del impostor», como él mismo lo define, lo fue alejando un poco de animarse a publicar ficción. Pero ya no más: en la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el primer libro de cuentos de Bosi salió a la venta, y nada menos que con la editorial Plaza & Janés.
Pero la idea de lanzarse a la aventura editorial desde un lugar diferente al que acostumbra este especialista en la obra de King, llegó casi como decantación natural. Años atrás, había publicado algunos relatos sueltos ante ciertas oportunidades que surgieron: «La historia que abre este libro la escribí originalmente en inglés, siendo un desafío propio el ver si era capaz de escribir una historia directamente en ese idioma, y la envié a una editorial que estaba evaluando relatos para una antología. Fue aceptada y salió publicada ese mismo año». Poco después, lo contactaron de la editorial Ofidia para enviar un relato original que se incluyera en la colección El umbral de la ficción, y así otro cuento salió a la luz.
Ahora es el turno de un volumen exclusivo, que lleva el nombre de Cementerio de Trenes y que en Penguin Libros describen como «una colección de cuentos de terror psicológico y sobrenatural donde lo cotidiano se vuelve siniestro». Y así lo cuenta Ariel: «La idea de la colección se me ocurrió cuando vi que tenía casi veinte historias listas y, si bien eran variadas en género y elementos, casi todas tenían puntos en común. En plena Feria del libro de 2025 lo conversé con Mariano Kairus, editor en Penguin Random House, y me pidió que le enviase las historias para leerlas y evaluarlas, y dos meses después me llamó por teléfono para decirme que iban a publicarlo».
Pero ¿cómo sentarse a escribir sin estar completamente atravesado por el autor que más lo influyó como lector?. «Al margen de mi gusto por la obra de King, busqué desde el comienzo mi propia voz. Dicho esto, es inevitable que haya influencias de los autores y autoras que me gustan. Busqué crear personajes lo más genuinos y terrenales posibles, y los puse en situaciones incómodas, además de ser historias contemporáneas y ambientadas localmente (salvo una o dos)».
Y, en esa ambientación, llega lo conocido, lo cotidiano y, por supuesto, el barrio: «Hay inspiración en varios lugares reales, sí, desde Adrogué a la costa, pasando por otros que quizás vi solo una o dos veces en mi vida y, por alguna razón, me quedaron grabados en la cabeza. Por supuesto, lo genial de todo esto es que, mientras escribía las historias, podía mezclar, deformar y adaptar todo de acuerdo a como me lo dictaba mi mente».
Bosi cuenta que, a propósito, evitó ponerle nombre a los lugares, para que «cada lector/a pinte, decore y amueble los espacios como lo dicte su cabeza». El libro está a una librería de distancia, ya que puede conseguirse en todos los negocios de este rubro, por su tirada masiva.
Pero para llegar hasta este punto, el trabajo de hormiga de Ariel Bosi, primero como fanático y ahora como cuasi embajador de la obra de King en Argentina, habla de paciencia y también de pasión por esa obra. En los últimos años, fue dejando otros rubros laborales, como el mundo de los videojuegos y la cobertura de eventos deportivos, para dedicarse de lleno a la literatura. A la par que crecía su colección, hace 17 años abrió Restaurant de la Mente, una librería especializada en King y que dio paso a contenidos extra, como el canal de YouTube y reseñas.
«Paralelamente, estoy escribiendo y conduciendo La corte del Rey, el podcast de Penguin Random House sobre la vida y obra de Stephen King, el cual ya va por su quinta temporada. sumado al newsletter quincenal que escribo y distribuyo, también a través de PRH, sobre el autor (titulado Los tesoros del Rey)», cuenta.
También están los «clubes de lectura mensuales de obras de King, además de continuar moderando las redes sociales de la editorial y, ya fuera del autor de Maine, ocasionalmente también desarrollo contenidos y eventos con otros autores». La demanda de tiempo es enorme, afirma, pero también el gusto por dedicarse de lleno a lo que más le gusta, que son los libros. Los ajenos y los propios, porque confiesa: «En cada ratito que tengo disponible, trato de sentarme frente a la computadora y continuar la escritura de una novela con la que vengo batallando desde hace ya un par de años. Haber dado este paso en la ficción me dio un empujoncito y debo reconocer que estoy un poco más confiado y motivado. Veremos si lo logro».