
Esteban Quispe tenía 17 años cuando llamó la atención de la gente fuera de Patacamaya, en la sierra boliviana, por transformar chatarra electrónica en máquinas funcionales. En la pequeña habitación que su familia había acondicionado como taller, trabajaba con cables, láminas de metal, lámparas, placas de circuitos, motores y componentes recogidos de un basurero cercano .
El proyecto más conocido fue una réplica del robot Wall-E, personaje de Pixar vinculado a la idea de limpiar un planeta cubierto de basura. Quispe también había creado un carrito con una secuencia de luces y un cubo LED capaz de mostrar imágenes en 3D.
La historia no trata solo de un adolescente habilidoso que ensambla robots en casa. Ilustra un problema práctico que sigue creciendo en todo el mundo. Los equipos desechados aún contienen metales, plásticos, placas de circuitos y piezas reutilizables, pero también sustancias peligrosas si se manipulan sin protección.
En Patacamaya, la falta de acceso a repuestos llevó al estudiante al basurero. No buscaba aventuras allí, sino materiales gratuitos para probar electrónica, mecánica y programación en una región con escasa infraestructura técnica .
En 2014, Esteban Quispe dio a conocer su trabajo en una feria científica organizada por el municipio de su comunidad, que se ubica a 96 kilómetros de la ciudad de La Paz, lo que le valió los elogios de sus vecinos que lo calificaron como el “futuro de Patacamaya”.
En una entrevista al diario La Razón de Bolivia, los padres de Esteban contaron que la habilidad de su hijo inició a los 10 años, cuando logró instalar un par de focos en un auto de madera y que eran accionados por un interruptor.
En sexto grado de secundaria construyó una réplica en miniatura de Kitt, el recordado vehículo oscuro de la serie de televisión “El auto fantástico”. El pequeño vehículo funcionaba gracias a un sensor que le permitía avanzar en la luz, y detenerse con la oscuridad.
“Quiero que mis robots tengan algo especial en donde protejan el medio ambiente. No utilizar pilas. La luz tendría que dar energía”, declaró para AJ+ en Español.
Pese a los escasos recursos económicos con los que cuenta su familia, los orgullosos padres hicieron el esfuerzo de comprarle una laptop.
El joven inventor que no tiene instrucción especializada en sistemas de computadoras, consiguió adaptar su ordenador para que responda a comandos ejecutados mediante la voz.
“Mi idea es salir al exterior y aprender de otros países, donde la construcción de robots es más avanzada. Quiero conocer metodologías para hacer robots con inteligencia artificial y aplicar esas ideas aquí, en mi país”, contó.