Flamea la bandera. La mueve para acá, la mueve para allá. El pabellón patrio está en el costado izquierdo de su cabellera, del lado del corazón. “¿A dónde nos vamos a ir?”, le dice Emiliano Martínez a la pasada a Lionel Messi. Se abraza con los suyos, otea la tribuna para observar cómo la gente disfruta del 3-1. Del “soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar” acompañado de remeras girando en el sentido de la aguja del reloj. Que no es suizo.
Dibu tuvo “ese” partido que tanto quería para demostrar que estaba listo para dar una mano. O las dos. La izquierda y la derecha, la de la fractura en el anular sufrida durante el calentamiento de la final de la Europa League. Una revancha propia, en algún punto, después de ese mes de trabajos diferenciados, de decisiones cruciales ( un especialista le recomendó operarse; le habría significado no estar en el Mundial) cuidando la articulación lastimada, protegida aun con una férula para evitar contratiempos.
Martínez dejó que su cuerpo intentara curarse solo. Y esa apuesta le dio un pleno: pudo estar presente y, aunque durante los dos primeros partidos casi no le patearon al arco, luego llegaron los goles en contra. El fastidio. La sensación de que no había logrado ayudar, como deslizó después del 3-2 ante Egipto en Atlanta. “La prensa lo llevó un poco a un nivel más excesivo”atenuó aquellas palabras.
“ Soy un arquero y quiero atajar más de lo que me metenpero bueno…”, agregó Dibu. Un arquero que frente a Suiza demostró estar más cómodo, con mayor timing: aunque no llegó a desviar con su pierna izquierda el remate de Dan Ndoye, durante los 120 minutos más adición tuvo atajadas copyright Martínez. El remate a Xaka de media distancia (embolsó fácil, bien ubicado), un mano a mano en Emboloun cabezazo del #7 que luego se iría expulsado y otro posterior de Ndoye, difícil porque iba del pique al piso.
“Ayudo mucho, no solo en solo atajar: cuando se toca con los pies, cuando tocan las pelotas largas. Pero saqué un partido adelante muy buenome sentí muy cómodo y quiero mejorar para la semifinal”, se elevó la vara el #23, de nuevo lookeado de verdeel color que lo identifica casi perfectamente desde la final ante Francia en Lusail.
Dibu fue Dibude hecho. No sólo en la previa, cuando saludó a los cuatro puntos cardinales del Arrowhead: también en el durante. Cuando entendió que era necesario levantar al público argentino para arrinconar a Suiza, que amagaba con avanzar: luego de una de sus tapadas, alzó las manos pidiendo que la temperatura subieraque los decibeles volvieran a perforar el techo de los 100 dB como durante la entrada en calor.
Martínez es una figura de culto: es, después de Messi, el único que tiene su cantito propio de parte de la gente. El “Dibu, Dibu” que baja, que le llega a un arquero que a los 33 años está próximo a enfrentarse a Inglaterra. Selección que representa a un país con el que Emiliano tiene una conexión especial.
Porque el marplatense se mudó a los 17 años a Londrescuando fue contratado por el Arsenal como una promesa para el arco en 2009. Oxford United, Sheffield Wednesday, Wolverhampton y Reading antes de recalar en el Aston Villa, donde es un símbolo adorado. Eso sí: mientras en Birmingham temen empezar a extrañarlo, pues las tratativas con Juventus están en cursopor el momento el arquero no se desvía del foco antes del Argentina-Inglaterra.
Por lo pronto, Dibu recalcó que “el respeto va a estar: mis hijos nacieron ahí, hace 16 años que convivo ahí, así que solo queda disfrutar ese partido y tratar de ganarlo como todos”. Todo antes de irse con una estampita que le obsequió una periodista y perderse sonriente hacia el túnel. Preparado para seguir disfrutando.
KANSAS CITY (ENVIADO ESPECIAL).

