
Era inevitable que la energía del Mundial afectase la agenda política. En este round benefició a la oposición y golpeó al gobierno, que debió retirar el jueves, con el rabo entre las piernas, el debate sobre la ley de Inviolabilidad de la Propiedad.
Este diario había adelantado que la sesión estaba floja de quorum y, más aún, de votos para aprobar el capítulo del proyecto que desregula las inhibiciones para la propiedad de tierras por parte de extranjeros – individuos, empresas o estados (“Avant Premiere” del 12 de julio).
El oficialismo insistió sin medir la dimensión del regalo que le hacían a su contradictora principal en el Congreso, la vicepresidente Victoria Villarruel.
Cuando llegó la hora de tratar el tema, en la sesión de ese día, Patricia Bullrich, jefa de bloque y comisaria política de «Los 44» que reúne a La Libertad Avanza y la oposición amigable, pidió que se pase a un cuarto intermedio hasta el 6 de agosto.
Fue el final de una discusión en la que se enredó el oficialismo con integrantes de su bancada sobre la conveniencia de tratar justo ese día, 24 horas después de la victoria del equipo ante Inglaterra, una norma que abre la posibilidad de que extranjeros compren tierras en el país.
Olfato de aficionados
El proyecto tocaba dos temas que Villarruel había instalado en la opinión pública.
1) Malvinas, que reivindicó con insultos a Inglaterra que molestaron a la corona, que se quejó a través del embajador local;
2) El territorio: había avisado que repudiaba el proyecto de enajenación de tierras. Amenazó que, si le tocaba desempatar en caso de paridad de votos, votaría en contra.
El empecinamiento del gobierno por sesionar terminó dejándolo del lado de los ingleses. Era difícil eludir esta encerrona para un gobierno de escasa experiencia política.
Si hay una destreza que se aprende con el ejercicio de este oficio es la de percibir, con un golpe de vista, cómo afectan los movimientos populares –como lo fue el festejo malvinero del martes– a la gestión. Es el mismo olfato que le faltó para enfrentar el caso Adorni, una metida de pata que se resolvía sacándola pronto –diría Felipe González-.
El momento Mundial hizo que un decena de senadores retirase el apoyo por inoportuno. Una reacción saludable; recordaron que representan el voto antes que al dedo que los puso en la lista.
Cuando comenzó la sesión con el número justo de 37 bancas, ya se había caído la posibilidad de tener los números. En un debate previo, los disidentes del oficialismo – propios y aliados – presionaron: si bajan el capítulo III de Tierras (Modificaciones a la Ley sobre el Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales N° 26.737 y sus modificatorias) nosotros se la votamos.
La revolución pendiente
Bullrich prefirió que el proyecto se cayera por la insistencia de Villarruel en sostener consignas de defensa territorial, y no por su limitada capacidad de persuasión ante los senadores, una prueba de la fragilidad de los liderazgos en La Libertad Avanza.
La sesión se había convocado hace más de una semana para votar el borrador número 12 del proyecto. Lo habían deshuesado y descafeinado los aliados hasta dejarlo en un texto al gusto de todos. Ese proceso no se detuvo.
A la hora de comenzar la sesión ya se había llegado al borrador N° 15 del proyecto. Le habían sacado todo lo que irritaba a los senadores, en particular la cláusula que consagraba el régimen de silencio positivo administrativo.
Si nadie rechazaba una venta de tierras a extranjeros, tenían una sanción ficta por silencio del Estado. El proyecto que prometía una revolución terminó siendo una reforma (un ideólogo diría que hay revolución cuando cambia la propiedad).
Quedó limitada a un reglamento que iban a administrar, además, las provincias. Para eso no vinimos a hacer la revolución, habrán pensado los ayatolas de Olivos.
Que se doble, pero que no se quiebre
Los que rechazaban la sesión, entre ellos Villarruel, según lo probó un cruce de mensajes con Bullrich que se publicó en el diario La Nación, argumentaron que era inoportuno tratar un tema así cuando el día anterior se habían movilizado miles de ciudadanos en todo el país exaltando la victoria sobre los ingleses y la reivindicación de la soberanía en Malvinas.
También pudo agraviar a los senadores remisos la negociación de un dictamen que ya había sido aprobado. Esa negociación viola los siete días que prevé el reglamento para que los legisladores analicen los dictámenes aprobados y se formen criterios sobre su conducta en el recinto.
Si un proyecto se cambia antes de comenzar la sesión, se anula esa posibilidad. Esta costumbre, habitual en esta y anteriores legislaturas, llegó a un extremo en que se volvió en contra del gobierno.
Nadie puede asegurar que antes del 6 de agosto, nueva fecha para tratar el asunto no haya nuevas modificaciones para asegurar que la docena de votos que faltaron el jueves no se repitan o aun aumenten.
Bullrich arrinconada por los propios
En el contexto de las fricciones entre las tribus del gobierno, es claro que nadie le ahorró a Bullrich penurias en esta historia. La tensión que tiene con la mesa política del gobierno la arrastró a este forcejeo con Villarruel, que apareció como beneficiaria.
Ganó la parada al suspender la sesión, algo que le había pedido a Bullrich en un odioso whatsapp privado que reveló el diario La Nación. De paso, la vicepresidenta alega que no fue ella quien difundió ese diálogo privado.
La jefa del bloque hace gestos de candidata sin serlo. Eso irrita al gobierno que la ha reducido a un estado de virtual servidumbre política. Patricia ha pasado de ser ministra de Seguridad – es decir administradora de las relaciones entre pistoleros buenos y pistoleros malos – y dar órdenes, a ser en el Congreso quien recibe órdenes que debe cumplir.
«Comete siempre nuevos errores»
Una popular inversora de los EE. UU. Esther Dyson ha popularizado en sus comunicaciones un lema con el que cierra los mails con consejos de inversión. Repite la frase «Always make new mistakes» – «Comete siempre nuevos errores». Es un memento mori para quienes toman decisiones: siempre van a cometer errores.
En política el error es la sal de la tierra, el engranaje que hace avanzar la historia, más que la dialéctica de las ideas o de la materia. Un gobierno que hace gestión de burbuja es aún más vulnerable al error. Cree que al insistir en consignas ideológicas va a llegar a los mercados y a quienes opinan en alturas a las que no llega quien no está en la burbuja.
Quienes están afuera de la burbuja respiran otro aire y pueden reaccionar con rapidez ante la realpolitik que le gana siempre a la politrik (política tramposa). El manual de la burbuja parece indicarle al gobierno que, si todos reclaman dinero para la universidad o para la discapacidad, hay que decirles que no.
Ni aun cuando incumplan la ley. Bastaría con que observasen a las multitudes en las pantallas, que admiran no solo las habilidades de sus héroes sino también expresan la emoción con la que el público celebra los triunfos y se duele de las derrotas. Eso debería ser suficiente para despertar el olfato adormecido y comprender a los miles que desearían que el Mundial nunca terminara.
Ese público quiere vivir en el espíritu que inflama a los héroes en la cancha. Hay quienes opinan que el pueblo debería aprender de los jugadores. Seguramente esos jugadores son, por el contrario, héroes porque expresan a su público mejor que sus dirigentes.
Prefieren la esperanza y la fraternidad en lugar del fatalismo derrotista que cree que el país ha vivido equivocado y hay que cambiarlo. Los equivocados son los dirigentes. Por eso les va como les va.
La ONU adelanta voto de nuevo secretario
En el mismo capítulo de disputar coronas y dignidades hay otros campeonatos. El presidente del Consejo de Seguridad de la ONU avisó que durante este mes de julio el organismo iniciará una fase de votación informal del proceso de selección del Secretario General.
Estas votaciones confidenciales e indicativas, afirmó el congolés Zenon Ngay Mukongo, ayudan a los miembros del Consejo a evaluar el apoyo a los candidatos antes de presentar una recomendación formal a la Asamblea General. El mandato del próximo Secretario General comenzará el 1° de enero de 2027.
El próximo fin de semana se realizará además un «Town Hall» (cabildo o debate abierto) organizado por la alemana Annalena Baerbock, presidenta de la Asamblea General, para ir calentando el ambiente. Esta elección tiene anotados a dos candidatos argentinos – Rafael Grossi y Virginia Gamba -.
Hay 5 países que tienen poder de veto en el Consejo de Seguridad, integrado por 12 miembros: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Antes de diciembre deben tener acordado un nombre para proponer a la Asamblea. El debate es de un hermetismo mayor al que suele tener un cónclave para elegir Papa.
Malcorra, la voz de las mujeres
Susana Malcorra, ex canciller de Mauricio Macri, se postuló para ese cargo en 2016. Después de la elección que ganó el portugués António Guterres, creó una ONG dedicada a la construcción de un sistema igualitario internacional en materia de género.
Desde el sello GWL Voices (Global Women Leaders) Malcorra y otras 80 mujeres de todo el mundo respaldan la sugerencia del Consejo de Seguridad de que el nuevo secretario sea una mujer y de alguna región hasta ahora postergada, como América Latina.
Malcorra afirma que la naturaleza de los problemas que enfrenta hoy el mundo los abordaría con más eficiencia una mujer. Agrega que la ONU hoy está en una crisis como institución, y que debe crear alguna expectativa de cambio. Nada mejor que una mujer para alimentar esa expectativa.
De los países con poder de veto ya China ha mocionado que va a apoyar que la nueva secretaria sea mujer y de América Latina. Ese país tiene una agenda para el continente que es resistida por otros pares con veto, pero con ese solo pronunciamiento se diferencia de los demás.
Xi Jinping tiene previsto visitar Estados Unidos en la última semana de septiembre, momento de decisión para cubrir el cargo en la ONU y seguramente habrá algún diálogo sobre el nombre que elegirán, o al menos vetarán.
Compiten personas, no países
En realidad, la Argentina no compite como país por la Secretaría General. Quienes compiten son personas nominadas por cualquier país; Rafael Grossi ha sido nominado por el actual gobierno. Hasta hoy hay siete candidatos inscriptos, pero la nómina puede aumentar antes de la elección de fines de año.
Entre los anotados hay de seis nacionalidades, pero solo tres fueron nominados por su propio país (Grossi de Argentina, Rebeca Grynspan de Costa Rica y Carolyn Rodrigues de Guyana).
Otros cuatro han sido nominados por otros países (Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Macky Sall y Virginia Gamba). Hay dos argentinos, una de Costa Rica, una de Ecuador, una de Chile, una de Guyana y uno de Senegal.
Hay dos hombres y cinco mujeres. Hay seis latinoamericanos. La candidata argentina Gamba nominada por Maldivas sigue en carrera porque no se retiró, pero Maldivas retiró la nominación sin justificación, y es esperable que algún otro país la vuelva a nominar.
No existen tiempos para nominar ni para que el Consejo de Seguridad vote, porque el cargo recién se asume en el 2027. Son muy pocos candidatos, por lo que es más que probable que se presenten más en los próximos meses.
Un candidato gana si el Consejo de Seguridad le da nueve votos favorables y ningún miembro permanente (USA, Francia, Rusia, Gran Bretaña y China) lo veta. Algunos miembros permanentes se han explayado formalmente en que solo aceptarán mujeres latinoamericanas y no hombres.
Los candidatos con más dificultades son los que tienen cargos políticos con conexión a la ONU, los que poseen doble nacionalidad, los varones y los que no son latinoamericanos. La cancha sigue abierta.