
Los argentinos jamás se olvidarán de la Scaloneta. Puede ser que se cierre un ciclo, el mejor de la historia, con esta final en Nueva York/Nueva Jersey. Los 104 partidos de Lionel Scaloni como DT lo llevaron al partido 104 del Mundial 2026. Pero la marca es mucho más importante. Durante estos 50 días de camino, lo llamaron legado. Y los hinchas que tuvieron el privilegio de estar en las tribunas alentando contra España hablaron sobre esa enseñanza que les dejó este equipo que se construyó y se potenció con el correr del tiempo.
«Nos enseñó a creer», es la frase que como denominador común se escucha cuando los fanáticos responden a la pregunta de Clarín. Desde muchas horas antes, por recomendación de la organización, la marea albiceleste se acercó al estadio ubicado en East Rutherford. Otros, los «sin entrada» como se autodenominaron, se desperdigaron por el Central Park, donde se montó una pantalla gigante que agotó rápidamente los tickets, y el Times Square, donde 24 horas antes se había hecho una de las manifestaciones de argentinidad más grandes de esta Copa del Mundo.
El clima acompañó bastante la previa, no fue el calor sofocante que se había vivido en Kansas, Dallas o Miami, aunque es cierto que al ser un estadio abierto, el sol se hizo sentir pese al frente frío que durante el fin de semana ingresó en la ciudad después de la tormenta que complicó los planes de muchos de los hinchas a los que se le suspendieron los vuelos sin reprogramación. Fueron unos 500 los aviones afectados en los aeropuertos John F. Kennedy y La Guardia. Por eso muchos tuvieron que resolver: se alquilaron un auto y manejaron para estar tiempo en el encuentro decisivo.
Hasta Duki se animó a hablar de lo que aprendió de este exitoso ciclo de un equipo que unió a un país como hacía mucho tiempo no pasaba. «Me enseñó que nunca hay que rendirse en la vida, papá. ¡Vamos Argentina», le dijo Mauro Ezequiel Lombardo Quiroga, tal cual su nombre real antes de convertirse en el ícono de la música urbana de la Argentina.
Las tribunas, en su gama de colores, estuvieron más repartidas. No fue un celeste y blanco tan marcado como en los anteriores siete partidos de esta Copa del Mundo. Y eso que la reventa hasta último momento estuvo muy activa, con precios que en la web oficial bajaron hasta unos 6.500 dólares, pero en el cara a cara superaba los 12.000 para una categoría 4, la más barata en el anillo superior de los tres que componen la fisonomía del estadio con capacidad para 80,663, según la FIFA.
Por eso, más allá del resultado, la Scaloneta dejó un legado muy fuerte en todos. Llegó al corazón de los hinchas, atravesó generaciones y hasta ideologías. Para eso sirve ganar también. Será muy difícil desacostumbrarse a eso. No a ganar, sino a estar todos unidos detrás de un mismo objetivo.