
No es el momento o no son las palabras que describirán, evaluarán, criticarán o elogiarán a Lionel Scaloni como entrenador. Si espera eso, le ahorro tiempo y pase a otro texto, otra columna, otro reel, otra story. Acá se trata de abrirse a la construcción de algo mucho más profundo y difícil de conseguir: la identidad entre la elite profesional del fútbol de un país, una camiseta y su gente.
El llanto de Scaloni tras la derrota no es más ni menos que el resultado del compromiso que ha mostrado desde que asumió la Selección. Porque no sólo dirige, decide, acierta, pifia, grita, calla y da indicaciones… Lo vive con una pasión que a la larga evidencia que su estilo de conducción no admite estereotipos de ningún tipo. En todo caso, será el propio.
Rodrigo De Paul fue quizá el que mejor describió y encontró las palabras justas para que se entienda porque es un líder tan respetado. “El método Scaloni es convertir a los jugadores en mejor persona para ser mejor jugadores. No ve jugadores de fútbol, ve personas que juegan al fútbol”.
Por supuesto, que no sólo es una cuestión de valores, los triunfos son base firme para construir lo que en este caso se llama la Scaloneta. PAG ero hay miles de casos en los que con victorias, no se ha logrado que una Selección sintonizara la misma frecuencia, fuera tan transversal a tantas generaciones, atravesara cualquier estrato social, sellara cualquier grieta maldita.
Lionel Scaloni se refirió al Mundial de Messi.
Abrazó a cada uno de sus jugadores, a cada uno de sus compañeros de cuerpo técnico, fue a saludar a los campeones, aceptó la derrota, dolido, pero la aceptó como quién cree realmente lo que dice, que si se pierde mañana será otro día más allá del dolor.
¿Vieron algún entrenador en este Mundial que siendo tuviera en la piel la sensibilidad que mostró el argentino? ¿Se dieron cuenta que fue lo mismo que le pasó a millones de argentinos? A nadie se le ocurre pensar que son posturas impostadas. A sentirse orgullosos porque las verdades al final, las regala el corazón.