
“La gente que te muestra música nueva es importante”, reza uno de los memes más amorosos de la historia de internet. Es que mucho antes que las redes se llenen de críticos y especialistas en música reconvertidos a influencers había comunicadores que guiaban desde sus gustos y experiencias, cosa que no puede hacer ningún algoritmo. No es que todo tiempo pasado sea mejor, pero echarle un vistazo al currículum de Diego Mizrahi es revelador y probablemente difícil de batir por los “popes de Instagram”.
Y es que los números no mienten: Diego Mizrahi grabó más de 1.400 programas de televisión (Jam Session, primero en cable, luego en YouTube) y llegó a interpretar más de 4.200 canciones distintas con la guitarra como fiel amiga. También lleva alrededor de 200 obras editadas.
Pero la cosa comienza mucho antes, en el entorno de una familia en la que la música era algo que más que un mero entretenimiento.
“Vengo de una familia de clase media, todos criados en Barracas, donde a la mañana íbamos a la escuela pública y a la tarde a un lugar a cursar Inglés o a fútbol, pero también nos mandaron a una escuela de arte llamada Labardén en el barrio de Constitución. Allí con mis hermanas aprendimos varias disciplinas del arte, ya que el Labardén contemplaba todas las ramas artísticas. A mí la que más me pegó fue la música en general y luego la guitarra en particular. A partir de ese momento tuve un idilio con la guitarra que aún conservo intacto».
Y continúa: «Sólo tuve un impasse que se me dio entre los diez y los trece años debido a que la guitarra captaba tanto mi atención que me empezó a ir mal en la escuela, motivo por el cual mis padres me sacaron del Labardén y me archivaron la guitarra ¡Pero cuando retome a la viola nunca más nos separamos!”, cuenta Mizrahi con el entusiasmo de aquel chico al que la guitarra le tiraba más que las matemáticas.
Desde la pandemia Mizrahi se volcó de lleno a presentar sus shows tributo a Eric Clapton y Carlos Santana. El guitarrista y cantante explica los motivos:
“Con la salida de la pandemia, la gente necesitaba un respiro después de tanto confinamiento y los conciertos tributo resultaron ser un bálsamo instantáneo. Hubo necesidad de inmediatez, de diversión tanto de parte del público como arriba del escenario. Durante estos años post pandemia congelé casi 30 años de trayectoria artística con muchos álbumes de música original editados y fue recién en este 2026 que tuve la necesidad de cerrar ese ciclo “tributero” que tantas satisfacciones me dio para volver a concentrarme nuevamente en mi música y hacerlo de forma definitiva”.
Eso nos lleva directamente a hablar de algo que capta toda su energía hoy en día: su próximo show ya con sus propia canciones, en Bebop.
“El 28 de julio voy a presentar tremenda banda nueva (con Sergio Mayorano en bajo, Gustavo Glusman en batería, Hernán Litvak en teclado y coros, y Theo Morresi en guitarras y coros) con canciones que me acompañaron en los últimos casi 30 años más un par de estrenos. El show va a tener todos los condimentos musicales: blues, jazz, rock fusión instrumental, canciones, muchos arreglos vocales -algo prácticamente novedoso para mí-, muchos invitados sorpresa y una gran cuota de humor que hace que el show sea súper dinámico. Esto es algo que aprendí viendo a los grandes entretenedores yanquis, quee manejan a la perfección el concepto de espectáculo. Esta influencia se la debo a la TV”.
Cualquiera que haga un random en su discografía en cualquier plataforma de streaming musical podrá notar lo ecléctico del catálogo de Diego: desde colaboraciones con autoridades del metal como Claudio O’Connor o Adrián Barilari a otras con personajes como Adrián Otero, Willy Crook, Javier Calamaro o hasta César “Banana” Pueyrredón. Es evidente que encuentra una de sus mejores versiones en el acto de colaborar con otros artistas.
“Todo es genial cuando interactuás con otros músicos. Porque la música es interacción en estado salvaje, es sinergia, es empatía. Me siento un privilegiado por haber podido grabar hasta aquí más de 1400 capítulos de Jam Session, compartido más de 1400 colaboraciones en vivo, tocado más de 4200 canciones por única vez. No sé cuántos músicos han tenido esa suerte, yo la tuve y me siento muy agradecido a la vida por haber logrado todo eso. Cuando miro hacia atrás, cosa que casi nunca hago, veo un campo todo cosechado lleno de experiencias maravillosas que guardaré en mis recuerdos para siempre”, asegura.
-¿Qué tan difícil te es tener un pie en el escenario y uno en la comunicación? ¿Cómo influye tu visión como músico en tu perfil como conductor televisivo?
-Difícil no es, más bien todo lo contrario. A mí, la TV me dio la espontaneidad de poder improvisar arriba del escenario y la música me dio la libertad para poder volar frente a una cámara. Ambas actividades se complementan como el ying y el yang, no son excluyentes. Yo pienso como músico para cualquier tarea que hago en mi vida cotidiana y me da muy buenos resultados, ya está en mi ADN. El músico es un ser libre y muy especial con una gran sensibilidad, no estoy diciendo que aplique en todos los casos, a mi me pasa eso tanto como músico como en la conducción.
Hay algo que si noté es que a medida que me fui soltando frente a una cámara lo pude trasladar al escenario y eso me sumó mucho como comunicador. El público percibe que hay un plus más allá de la guitarra o la música y lo agradece.
-Y entonces, ¿cómo te definís? ¿músico o comunicador?
–Un músico es un comunicador más allá del instrumento que emplee. Yo siempre sentí que había algo en mí que me hacía diferente del resto de mis amigos, eso es algo que lo sufrí bastante hasta que llegó un momento donde me amigué con el “diferente”. El sólo hecho de hacer música a mis trece o catorce años en esa época, ya te convertía en un rarito. Cuento esto porque también forjó mi necesidad de expresarme y desahogarme a través de la música. La comunicación en los medios apareció mucho más tarde en mi vida y casi de casualidad.
Hoy me comunico en un escenario, en la TV, en las redes sociales, en la calle, etc. Así que me siento un músico comunicador que utiliza la herramienta que en ese momento tenga a mano. Estar en un escenario con un micrófono puede llegar a ser un arma letal si se lo utiliza mal. Yo siempre que tengo un micrófono en el ámbito que sea trato de expresar tranquilidad y felicidad.