
En la costa norte de Perú, donde se encuentra Chan Chan, la ciudad de barro más grande del mundo, un adobero resultó ser fundamental para preservar uno de los patrimonios arqueológicos más importantes de América.
Lo que comenzó como un aprendizaje durante su infancia en una ladrillera artesanal terminó convirtiéndose en un trabajo clave para conservar un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Desde hace 15 años, Arturo Rafael Gerónimo Valiente trabaja como adobero en el complejo, elaborando a mano las piezas que permiten restaurar y proteger las antiguas estructuras del reino Chimú.
Desde chico trabajó en una ladrillera artesanal, donde aprendió a reconocer los distintos tipos de tierra, preparar la mezcla adecuada y fabricar adobes de manera tradicional.
«Desde niño trabajé haciendo ladrillos, ladrillo artesanal en una ladrillera. Ahí aprendí a conocer la tierra, a hacer el barro y todo este oficio», recordó el artesano al contarle al Ministerio de Cultura de Perú cómo comenzó su vínculo con este trabajo.
Durante años perfeccionó esas técnicas sin imaginar que algún día serían esenciales para conservar uno de los sitios arqueológicos más importantes del continente.
Hace aproximadamente 15 años, un amigo le comentó que buscaban trabajadores con experiencia en la elaboración de adobe para participar en tareas de conservación dentro del complejo arqueológico.
Arturo se presentó a la convocatoria y fue seleccionado para integrar un proyecto de restauración conocido como Laberinto.
Sin embargo, ingresar a Chan Chan implicó un nuevo desafío: adaptar los conocimientos adquiridos en la construcción tradicional a los estrictos criterios exigidos para la conservación del patrimonio histórico.
La tarea de Arturo no consiste simplemente en fabricar ladrillos.
Cada adobe debe tener características muy similares a las utilizadas por los antiguos constructores chimúes hace siglos.
Para lograrlo, es necesario seleccionar cuidadosamente la tierra, preparar la mezcla exacta de barro y agua y respetar los tiempos naturales de secado, de modo que las nuevas piezas protejan las estructuras originales sin modificar su composición.
Estos adobes sirven para reforzar muros afectados por la humedad, el viento, las lluvias y el desgaste provocado por el paso del tiempo.
Ubicada en la región peruana de La Libertad, Chan Chan fue la capital del reino Chimú, una de las civilizaciones más importantes de la costa del Pacífico antes de la llegada de los españoles.
El complejo arqueológico abarca cerca de 20 kilómetros cuadrados, de los cuales unos seis corresponden al sector monumental, la zona central donde se concentran sus principales palacios y templos.
En su interior se conservan:
Con todas estas estructuras propias del lugar, la organización demuestra el alto grado de planificación alcanzado por la cultura chimú.