
Mientras digerimos la frustración del domingo, ayuda mucho ver lo que está pasando en nuestro mundo de la Bioeconomía. Zitarrosa invocaba: “como el témpano flotante, por debajo hay un gigante sumergido que estremece”.
Lo esencial es invisible a los ojos. Lo nuestro es ponerlo sobre el tapete. Anticiparnos. Ahora está transcurriendo la Rural de Palermo, con todo su glamour ganadero. Todos entusiasmados con la jura de las grandes razas bovinas, ahora que el futuro eterno del negocio de la carne vacuna se convirtió en un presente fulgurante.
Que es consecuencia de dos cosas: una expansión sorprendente del consumo mundial de proteínas de alta calidad, donde el eslabón más apreciado es el de la carne vacuna. Y el paradójico estancamiento o incluso achicamiento de los stocks bovinos a nivel global, con la única excepción de Brasil.
Frente a esto, todos hablan de mejorar los índices reproductivos y el peso de faena. Tareas imprescindibles. Pero hay otras igualmente promisorias. Por ejemplo, lo que en Estados Unidos llaman el “beef on dairy” (carne sobre tambo): aprovechar las vacas lecheras para producir también terneros de carne en gran escala. No es chiste. Aquí algunos están empezando.
Mindy Ward, editora de Missouri Ruralist y Wisconsin Agriculturist, acaba de escribir un artículo en el que señala que mientras el stock bovino estadounidense llegó al nivel más bajo en 60 años, el rodeo lechero es el más grande desde 1992. Ya tienen casi 10 millones de vacas en ordeñe. Y además estas vacas producen mucho más. Así que la producción se fue para arriba como vientecillo de buzo. (Milei es un grosero).
El mercado interno norteamericano digiere parte del crecimiento, expandiéndose a una tasa del 4% anual. Pero las exportaciones de productos lácteos se duplican, creando nuevos mercados.
Y no está creciendo porque los precios de la leche estén por las nubes. “El crecimiento del rodeo no se debe necesariamente a los ingresos por la venta de leche, sino a los crecientes márgenes de los terneros cruza de vacas lecheras (fundamentalmente Holstein, nuestro Holando) con razas de carne, e incluso de los terneros lecheros puros”, afirma Corey Geiger, economista jefe del sector lácteo en CoBank. “Dada la demanda de carne y el estancamiento del stock de ganado vacuno, este nuevo tamaño del rodeo lechero podría representar un cambio estructural, y no solo una anomalía”.
Eso plantea un desafío: todas esas vacas producen mucha leche. «La industria debe encontrar más destinos para esta creciente producción de leche», explicó Geiger.
¿Adónde irá? La respuesta es la exportación. Desde 2019, las ventas totales de productos lácteos han crecido un 6,3%. Sin embargo, las exportaciones aumentaron aún más, un 20,5%, mientras que las ventas nacionales solo crecieron un 3,9%. Esta diferencia explotó este año.
De enero a abril, las exportaciones aumentaron un 11,3%, casi seis veces más que el crecimiento interno del 1,9%, según datos del USDA y la Federación Nacional de Productores de Leche. Dos productos lideran los esfuerzos de exportación: el queso y la manteca.
Las exportaciones de queso de Estados Unidos alcanzaron un hito en mayo de 2025, cuando las ventas al exterior superaron las 50 mil toneladas por primera vez en la historia. Geiger afirmó que no se trató de un repunte puntual, sino que se convirtió en el nuevo nivel de referencia. En lo que va del año, las exportaciones de queso totalizaron 300.000 toneladas, un aumento del 23,7% en comparación con el mismo período del año anterior.
Y la manteca tuvo una performance aún superior. En lo que va del año, exportaron un 100% más que en el primer semestre del 2025, sumando 60.000 toneladas. Aumentaron un 102% el último año.
Pero el mercado interno sigue siendo el motor principal. También está creciendo, pero a un ritmo diferente, señaló Geiger. Es el destino del 90% de la leche producida.
Ese crecimiento se debe a las preferencias de los consumidores. Los estadounidenses están incorporando los lácteos a su dieta de formas novedosas, en busca de una fuente de proteínas de calidad.
El mercado interno proporciona estabilidad. Las exportaciones proporcionan crecimiento. Juntos, están creando oportunidades para los productores lecheros estadounidenses.
En la Argentina, la oportunidad es enorme. Atravesamos una profunda reconversión de los sistemas de producción de leche. El eje del cambio ha sido el aumento de la productividad individual. Quienes lideran el cambio, con buenos programas genómicos, están viendo la oportunidad del “beef on dairy”. No necesitan preñar todas las vacas con semen lechero para sostener o incrementar su rodeo. Usan semen sexado sobre el 30% de su rodeo, las vacas mejores (en general las vaquillonas) con lo que aceleran el ritmo de mejora. Y el resto se ínsemina con razas carniceras. Tamaño, calidad, velocidad de crecimiento y entregas parejas durante todo el año. Lo que la industria pide.