
Europa vivió a finales de junio algunos de los días más mortíferos de lo que va del siglo. La ola de calor que se sufrió en buena parte del occidente europeo entre el 22 y el 28 de junio había provocado, dijeron poco después las autoridades, unos 3.000 muertos. Aquellos datos eran preliminares. Ahora han vuelto a actualizarse (y todavía no son definitivos, porque los sistemas de vigilancia epidemiológica revisan sus estimaciones a medida que incorporan certificados de defunción retrasados) y multiplican prácticamente por seis aquella cifra.
EuroMOMO, la red que centraliza los datos de las autoridades sanitarias nacionales, estima que en realidad pudieron ser casi 20.000 los fallecidos por la ola de calor de aquellos días. Eso convertiría aquella semana en la más mortífera en Europa desde la histórica ola de calor de 2003, por encima de cualquier semana de la pandemia del covid-19. Los datos se extraen de calcular el exceso de muertes con respecto a períodos iguales de años anteriores sin olas de calor.
El Instituto Robert Koch alemán revisó esta semana al alza su primera estimación y ahora calcula que la ola de calor se llevó a 5.120 personas. La mayoría, 4.270 víctimas mortales, tenía más de 75 años. En Alemania la ola de calor provocó un duro debate político. Los ecologistas criticaron con dureza al primer ministro Friedrich Merz, que desde que llegó al poder ha reducido la financiación destinada a políticas de protección frente al cambio climático justo cuando esos episodios extremos aumentan de intensidad y de frecuencia.
Alemania, desde la llegada de Merz, es uno de los países que más presiona en Bruselas para diluir los compromisos europeos de lucha contra la crisis climática y permitir que las empresas puedan seguir contaminando durante más tiempo y pagando menos por ello. Los eurodiputados del partido de Merz también están entre los que más critican todo el Pacto Verde Europeo porque consideran que daña la competitividad de la industria europea.
Francia fue el país en el que la revisión de datos ha sido más espectacular. Durante el primer balance, publicado poco después de la ola de calor, las autoridades sanitarias francesas estimaron en unos 2.000 el exceso de fallecidos achacables al intenso calor. Pero esta semana aumentaron aquella primera estimación hasta 5.764 fallecidos contando desde el 17 hasta el 2 de julio. Es un 36,2% de muertes más de lo esperado en esas fechas. Un tercio del exceso de muertes se produce en la región de París, que no concentra ni el 20% de la población francesa.
Bélgica, con una población de 11,6 millones de habitantes (17% de la población francesa o 14% de la alemana) sufrió entre el 18 y el 29 de junio un exceso de mortalidad de casi 2.000 decesos.
Las autoridades sanitarias aseguran que el país sufrió en esos días la mayor mortalidad diaria de su historia reciente. El 27 de junio murieron al menos 640 belgas debido a la ola de calor, un dato al que no se llegó ni en lo peor de la pandemia de covid. Para los belgas fue la peor ola de calor de su historia en términos de víctimas mortales.
España, que multiplica casi por cinco la población belga, sufrió relativamente menos víctimas. En parte porque la Península Ibérica está acostumbrada a olas de calor y por lo tanto mejor preparada. Más allá del uso masivo de climatización para refrescar viviendas, lugares de trabajo, escuelas, transportes públicos y hospitales, en buena parte del país las viviendas se construyen para que se calienten lo menos posible. En el norte de Europa es al revés, se construyen para que se calienten todo lo posible con el sol.
El dato español roza los 1.000 muertos debidos a la ola de calor, a falta de una estimación definitiva en las próximas semanas. Los españoles vivieron el segundo mes de junio más caluroso de su historia con una temperatura media 3,2 grados superior a la media de ese mes.
Las autoridades británicas no quieren todavía cerrar cifras, pero hablan de varios miles de muertes adicionales, sobre todo en el sur de Inglaterra y Gales. Lo que sí se sabe ya es que el Servicio de Ambulancias de Londres registró durante la última semana de junio el mayor número de llamadas por emergencias potencialmente mortales de toda su historia y que los hospitales de la capital tuvieron que activar planes extraordinarios para atender una avalancha de pacientes muy superior lo normal.
Italia es el único país de Europa occidental que todavía no publicó cifras, pero las autoridades regionales sí dijeron ya que habían tenido aumentos de hospitalizaciones y de fallecimientos.
La Organización Mundial de la Salud y la Comisión Europea llevan años avisando de que estas olas de calor en Europa serán cada vez más frecuentes, más intensas y durarán más tiempo. El viejo continente es la región del mundo que más rápidamente se caliente, el doble que la media mundial. A partir del lunes empieza la siguiente ola de calor, con temperaturas rozando de nuevo los 40 grados en todo el sur del continente y hasta la mitad de Francia o Alemania. Bruselas espera 34 grados el próximo jueves.