Hay caminos hacia la maternidad y la paternidad que no siguen una línea recta. A veces, están marcados por la paciencia, la incertidumbre y por cambios de rumbo inesperados.
Noelia Moreno (48 años) y Jesús Medina (58 años) lo saben bien. Se conocieron en su pueblo, construyeron allí su proyecto de vida y, como tantas otras parejas, soñaron con formar una familia. Pero, después de varios años intentándolo sin conseguirlo, tuvieron que replantearse sus planes y decidieron intentar ser padres mediante la adopción.
No fue un proceso fácil. Desde La Rioja, la pareja tuvo que pasar cursos de formación, evaluaciones y largos períodos de espera. Aun así, todo valió la pena. Seis años después de inscribirse, y tras varias tentativas que no llegaron a buen puerto, recibieron la llamada definitiva: dos hermanos procedentes de otra comunidad autónoma iban a convertirse en sus hijos.
En esta entrevista con el diario español La Vanguardia, Noelia y Jesús revelan lo que implica una adopción, desde el recorrido administrativo hasta cómo se construye una familia más allá de las expectativas iniciales. Muy sinceros y cercanos, cuentan qué sintieron al convertirse en padres, el período de adaptación que vivieron y qué desafíos han enfrentado.
El proceso de adopción, en primera persona
Noelia: En el pueblo. Nos casamos en 2002, llevábamos cinco años de novios. Al principio, dijimos que íbamos a esperar un poco para formar una familia.
Jesús: Yo estaba opositando para funcionario de la administración pública y ella trabajaba en una agencia de viajes.
Jesús Medina y Noelia Moreno se casaron en 2002. Foto: Cedida/La Vanguardia-¿En qué momento decidieron que iban a ser padres mediante la adopción?
N: Cuando cumplí 29 años, decidimos dar el paso, pero, tras dos años sin conseguirlo, decidimos ir al médico. Me hicieron todas las pruebas y, en principio, solo había unos pequeños quistes.
J: Acababan de poner la unidad de reproducción asistida en Logroño y decidimos probarla.
N: Antes de hacerlo, me operaron para quitarme esos quistes y descubrieron que tenía endometriosis. Entonces, decidieron que probáramos la inseminación y, al ver que no funcionaba, me pasaron a la fecundación in vitro. En el primer intento consiguieron fecundar un óvulo, pero dijimos que, tanto si funcionaba como si no, íbamos a empezar los trámites de adopción.
-¿Cómo fue todo el recorrido?
N: Desde que tú tomas la decisión hasta que empiezan los trámites, transcurren seis meses. Pasado ese tiempo, te llaman y te dicen que tienes que hacer un curso para ser papás. Está muy bien porque ahí se va mucha gente que no está segura y no sabe lo que implica la adopción.
J: Dura casi uno o dos años. Te ves con la psicóloga y con la asistenta social. Les tienes que enseñar el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), los antecedentes, si tienes vivienda o no, si estás hipotecado… También vienen a casa y la revisan entera. Les muestras toda tu existencia.
N: Después de todo eso, nos dieron la idoneidad por dos años. Pasaron esos años y nadie llamó. Cuando nos dieron la segunda idoneidad, nos subieron la edad de adopción hasta los 6 años y, además, nosotros optamos porque podían ser hermanos, tanto mellizos o gemelos como de diferentes edades.
J: Cuando llevábamos seis años y se nos iba a caducar de nuevo la idoneidad, nos llamaron para una familia de dos hermanos de otra comunidad autónoma, pero no fuimos seleccionados. A los dos meses, nos volvieron a llamar para lo mismo, pero tampoco nos seleccionaron. Y ya la tercera vez llegaron nuestros hijos.
N: Tuvimos que ir a la comunidad de origen a hacer otra entrevista y otro cribado (pruebas médicas). Fue bastante rápido. La entrevista fue un miércoles y el viernes nos confirmaron que habíamos sido seleccionados. Cuando me llamaron, estaba desayunando con una amiga. Lloré de la emoción, ahí delante de todos. Es que había sido un embarazo de seis años.
-¿Y luego qué tuvieron que hacer?
N: Nos avisaron con poco tiempo de que teníamos que estar en la comunidad de origen en una fecha concreta. Tuvimos que montar la habitación como pudimos. Suerte que encontramos una empresa cercana que fue superamable y nos ayudó a montarla.
J: Hicimos fotos de todo el piso porque les teníamos que enseñar a los pequeños dónde iban a vivir, para que se fueran acostumbrando. Después, tuvimos que ir otra vez a la comunidad para seguir pasando pruebas, porque es una carrera de fondo con obstáculos.
La pareja adoptó dos hermanos. Foto ilustrativa: ShutterstockN: Fue entonces cuando empezó la convivencia con ellos. Estuvimos una semana completa allí. El primer día, creo, fue una hora. El segundo día estuvimos hasta la hora de comer. El tercero, hasta después de comer. El cuarto, hasta la tarde, y ya el quinto durmieron con nosotros en el apartamento que habíamos alquilado.
J: Nuestros hijos estuvieron en una familia de acogida durante nueve meses. Estuvieron muy bien con ellos y siempre les doy las gracias. Son unas figuras muy importantes porque es mejor estar en una familia que en un centro. Después fuimos a servicios sociales, que ya nos dieron todos los papeles. En ese momento ya eran nuestros hijos, pero de forma provisional. Era una guarda con fines de adopción porque hay un pleito judicial para quitarle la patria potestad a sus padres y otorgárnosla a nosotros. Ahí sentimos que se olvidaron de nosotros porque tuvimos que llamar para saber cómo iba el pleito y descubrir que se había fallado a nuestro favor.
N: Luego, la tramitación administrativa para inscribirlos como hijos fue otra carrera de fondo, porque tuvimos que ir al registro civil de la comunidad autónoma de origen. De hecho, desde el punto de vista sanitario, mis hijos no tuvieron asistencia médica, solo en urgencias y pediatría. No tenían derecho a pruebas porque eran desplazados.
J: Cuando ya se reconoció oficialmente que eran nuestros hijos y que teníamos la patria potestad, pudimos encauzar toda su situación. Eso sí, por ejemplo, en el colegio tenían prohibido salir en fotografías o videos porque estaban protegidos.
-¿Cómo fue el proceso de adaptación?
N: Cuando los adoptamos, mi hijo tenía 7 años y mi hija 3. Él estaba muy afectado. La pequeña no entendía bien la situación.
J: Los dos lo habían pasado muy mal, mi hijo más que mi hija. Ella era más pequeña y tenía menos recuerdos, pero él sí. Nadie nos informó ni asesoró para que pudiéramos tratarlos según sus necesidades. A veces nos hemos planteado si hemos estado a la altura de nuestros hijos.
N: Lo único que nos contaron eran las circunstancias de sus padres y que estaban maltratados psicológica y psíquicamente. Pero claro, no entendíamos hasta dónde podían llegar las consecuencias de esos tratos. Al año de tenerlos aquí, nuestro hijo se negaba a acatar normas y todas sus conductas eran disruptivas. No quería estudiar, ni hacer nada. La cosa empeoró tras la pandemia, cuando estaba en sexto de primaria. Dejó de estudiar, no hacía nada y empezó a comportarse peor. Estuvimos muy pendientes y decidimos acudir a una psicóloga. Cuando tenía 14 años, ella detectó que necesitaba otra ayuda.
J: Gracias a eso, encontramos a nuestro médico de atención primaria, que nos derivó a psiquiatría, donde le diagnosticaron trastorno del vínculo. Básicamente, significa que él no ha creado ningún vínculo desde pequeño porque, normalmente, se produce entre los 0 y los 6 años. Al ser adoptado con 7, no había podido generar ese vínculo con sus padres biológicos.
N: La psiquiatra nos ha guiado mucho. Cada mes nos ve a los tres. Nos ayuda dándonos pautas o señalando dónde nos equivocamos. Fue ella quien nos dijo que existían unas aulas terapéuticas en Calahorra, que tienen un psicólogo, un profesor y una auxiliar todo el día.
-¿Ha sido esto lo más desafiante de toda la adopción?
J: Sí. Es que no hemos tenido información. Ahora empezamos a entender muchas situaciones de nuestro hijo. Si yo hubiera sabido todo lo que sé ahora, quizás lo hubiera enfocado de otra manera.
N: De hecho, ahora estamos tratando con otro psicólogo especializado en acogimientos y adopciones con traumas de los orígenes de nuestro hijo. Solicitamos el expediente de adopción y nos está ayudando a comprenderlo. Pero todas estas vías han venido de fuera, no de la propia administración. Creemos que la comunidad de origen podría habernos dado más información porque, al parecer, lo sabían todo.
-¿Su hija también pasó por algo similar?
J: La pequeña, que ahora es adolescente, no ha notado absolutamente nada. Su comportamiento era más «normal», en el sentido de que se preguntaba quiénes éramos nosotros o decía que tenía tres madres: la mala, la de acogida y mamá.
N: La hemos llevado a la psicóloga por si le hiciera falta, por si tenía algo oculto, porque cuando era pequeña y veía a su hermano enfadado, se bloqueaba y lloraba mucho. Pero no detectaron nada.
Somos felices y merece la pena el esfuerzo y el sacrificio
-¿Cómo ven el sistema de adopción en España?
J: El año pasado me llamaron para participar en uno de los cursos que se hacen a los padres adoptivos antes de darles la idoneidad, como testimonio. Lo vimos como igual al que habíamos hecho hace años. Esto muchas veces no depende de la estructura, sino de las personas que forman parte de ella.
N: Hay personas que siempre han estado ahí y nos han apoyado cuando lo hemos necesitado, como Sara, la psicóloga de adopciones de la comunidad de La Rioja. Ella siempre nos ha escuchado y nos ha ayudado dentro de lo posible, pero, claro, tampoco tiene una varita mágica.
La pareja asegura que «adoptar merece la pena». Foto: Cedida/La Vanguardia-¿Qué mensaje les gustaría dar sobre la adopción desde vuestra experiencia?
J: Adoptar merece la pena, no solo por nosotros, sino por ellos. Es darles una segunda oportunidad, es darles otro sentido a la vida. Cuando mi hijo me mira y me sonríe, pienso: «Algo estaré haciendo bien». ¿Es un riesgo? Desde luego. ¿Pone a prueba a la pareja? Sí, si no tienes las ideas muy claras y no coordinas las acciones de ambos.
N: Somos felices y merece la pena el esfuerzo y el sacrificio. Claro que hablamos de los problemas que uno se encuentra, pero el tener un hijo adoptado no implica necesariamente que va a tener conductas más complicadas. Vas a tener desafíos por tener un hijo, sea adoptado o biológico. Además, yo creo que todo se puede reconducir y, si hay piedras en el camino, hay que buscar ayuda.
-¿Y qué consejo le darían a una pareja que está pensando en adoptar?
N: Es algo muy personal y meditado. Simplemente, tienes que tener ganas de ser padre y ser muy altruista. Debes entender que esos niños van a ser tus hijos, lleven o no tu sangre, y tienes que tratarlos como tales.
Jara Bravo, La Vanguardia.